domingo, noviembre 30

EL ADVIENTO; CATEQUESIS DE JUAN PABLO II


En espera del Señor

1. Si bien el tiempo litúrgico de Adviento no comienza hasta el domingo próximo, deseo empezar a hablaros hoy de este ciclo.

Estamos ya habituados al término «adviento»; sabemos qué significa; pero precisamente por el hecho de estar tan familiarizados con él, quizá no llegamos a captar toda la riqueza que encierra dicho concepto.

Adviento quiere decir «venida».

Por lo tanto, debemos preguntarnos: ¿Quién es el que viene?, y ¿para quién viene?

En seguida encontramos la respuesta a esta pregunta. Hasta los niños saben que es Jesús quien viene para ellos y para todos los hombres. Viene una noche en Belén, nace en una gruta que se utilizaba como establo para el ganado.

Esto lo saben los niños, lo saben también los adultos que participan de la alegría de los niños y parece que se hacen niños ellos también la noche de Navidad. Sin embargo, muchos son los interrogantes que se plantean. E1 hombre tiene el derecho, e incluso el deber, de preguntar para saber. Hay asimismo quienes dudan y parecen ajenos a la verdad que encierra la Navidad, aunque participen de su alegría.

Precisamente para esto disponemos del tiempo de Adviento, para que podamos penetrar en esta verdad esencial del cristianismo cada año de nuevo.

Dios y Hombre

2. La verdad del cristianismo corresponde a dos realidades fundamentales que no podemos perder nunca de vista. Las dos están estrechamente relacionadas entre sí. Y justamente este vínculo íntimo, hasta el punto de que una realidad parece explicar la otra, es la nota característica del cristianismo. La primera realidad se llama «Dios», y la segunda, «el hombre». El cristianismo brota de una relación particular recíproca entre Dios y el hombre. En los últimos tiempos —en especial durante el concilio Vaticano II— se discutía mucho sobre si dicha relación es teocéntrica o antropocéntrica. Si seguimos considerando por separado los dos términos de la cuestión, jamás se obtendrá una respuesta satisfactoria a esta pregunta. En efecto, el cristianismo es antropocéntrico precisamente porque es plenamente teocéntrico; y al mismo tiempo es teocéntrico gracias a su antropocentrismo singular.

Pero es cabalmente el misterio de la Encarnación el que explica por sí mismo esta relación.

Y justamente por esto el cristianismo no es sólo una «religión de adviento», sino el Adviento mismo. El cristianismo vive el misterio de la venida real de Dios hacia el hombre, y de esta realidad palpita y late constantemente. Esta es sencillamente la vida misma del cristianismo. Se trata de una realidad profunda y sencilla a un tiempo, que resulta cercana a la comprensión y a la sensibilidad de todos los hombres y sobre todo de quien sabe hacerse niño con ocasión de la noche de Navidad. No en vano dijo Jesús una vez: «Si no os volviereis y os hiciereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos» (Mt 18, 3).

El ateísmo

3. Para comprender hasta el fondo esta doble realidad de la que cada día late y palpita el cristianismo, hay que remontarse hasta los comienzos mismos de la Revelación o, mejor, hasta los comienzos casi del pensamiento humano.

En los comienzos del pensar humano pueden darse concepciones diferentes; el pensar de cada individuo tiene la propia historia en su vida, ya desde la infancia. Sin embargo, hablando del «comienzo» no nos proponemos tratar propiamente de la historia del pensamiento. En cambio, queremos dejar constancia de que en las bases mismas del pensar, es decir, en sus fuentes, se encuentran el concepto de «Dios» y el concepto de «hombre». A veces están recubiertos por un estrato de otros muchos conceptos distintos (sobre todo en la actual civilización, de «cosificación materialista» e incluso «tecnocrática»); pero ello no significa que aquellos conceptos no existan o no estén en la base de nuestro pensar. Incluso el sistema ateo más elaborado sólo tiene un sentido en el caso de que se presuponga que conoce el significado de la idea de «Theos», es decir, Dios. A este propósito, la constitución pastoral del Vaticano II nos enseña justamente que muchas formas de ateísmo se derivan de que falta una relación adecuada con este concepto de Dios. Por ello, dichas formas son, o al menos pueden serlo, negaciones de algo o, más bien, de Algún otro que no corresponde al Dios verdadero.

En los comienzos de la Revelación

4. El Adviento —en cuanto tiempo litúrgico del año eclesial— nos remonta a los comienzos de la Revelación. Y precisamente en los comienzos nos encontramos en seguida con la vinculación fundamental de estas dos realidades: Dios y el hombre.

Tomando el primer libro de la Sagrada Escritura, esto es el Génesis, se comienza leyendo estas palabras: Beresit bara: «Al principio creó... » . Sigue luego el nombre de Dios, que en este texto bíblico suena «Elohim». A1 principio creó, y el que creó es Dios. Estas tres palabras constituyen como el umbral de la Revelación. A1 principio del libro del Génesis se define a Dios no sólo con el nombre de «Elohim»; otros pasajes de este libro utilizan también el nombre de «Yavé». Habla de Él aún más claramente el verbo «creó». En efecto, este verbo revela a Dios, quién es Dios. Expresa su sustancia, no tanto en sí misma cuanto en relación con el mundo, o sea con el conjunto de las criaturas sujetas a las leyes del tiempo y del espacio. El complemento circunstancial «al principio» señala a Dios como Aquel que es antes de este principio, Aquel que no está limitado ni por el tiempo ni por el espacio, y que «crea», es decir, que «da comienzo» a todo lo que no es.

Dios, lo que constituye el mundo visible e invisible (según el Génesis: el cielo y la tierra). En este contexto, el verbo «creó» dice acerca de Dios, en primer lugar, que Él mismo existe, que es, que É1 es la plenitud del ser, que tal plenitud se manifiesta como Omnipotencia, y que esta Omnipotencia es a un tiempo Sabiduría y Amor. Esto es lo que nos dice de Dios la primera frase de la Sagrada Escritura. De este modo se forma en nuestro entendimiento el concepto de «Dios», si nos queremos referir a los comienzos de la Revelación.

Sería significativo examinar la relación en que está el concepto de «Dios», tal como lo encontramos en los comienzos de la Revelación, con el que encontramos en la base del pensar humano (incluso en el caso de la negación de Dios, es decir, del ateísmo). Pero hoy no nos proponemos desarrollar este tema.

Las bases del cristianismo

5. En cambio, sí queremos hacer constar que en los comienzos de la Revelación —en el mismo libro del Génesis—, y ya en el primer capítulo, encontramos la verdad fundamental acerca del hombre, que Dios (Elohim) crea a su «imagen y semejanza». Leemos en él: «Díjose entonces Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza» (Gén 1, 26), y a continuación: «Creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, y los creó macho y hembra» (Gén 1, 27).

Sobre el problema del hombre volveremos el miércoles próximo. Pero hoy debemos señalar esta relación particular entre Dios y su imagen, es decir, el hombre.

Esta relación nos ilumina las bases mismas del cristianismo.

Nos permite además dar una respuesta fundamental a dos preguntas: primera, ¿qué significa «el Adviento»?; y segunda, ¿por qué precisamente «el Adviento» forma parte de la sustancia misma del cristianismo?

Estas preguntas las dejo a vuestra reflexión. Volveremos sobre ellas en nuestras meditaciones futuras y más de una vez. La realidad del Adviento está llena de la más profunda verdad sobre Dios y sobre el hombre.

sábado, noviembre 29

VOLUNTARIADO JUVENIL VICENTINO.

El carisma vicentino es vivido también por los jóvenes, en el VOLUNTARIADO JUVENIL VICENTINO (VOLJUVI) que es la “organización de jóvenes que buscan la realización cristiana, mediante su trabajo por la promoción integral de los más necesitados, según la doctrina y ejemplos de San Vicente de Paúl”. El Voljuvi es una evolución de las Luisas de Marillac. “La base fundamental de Voljuvi será Jesucristo y el Evangelio, viviendo concretamente según la espiritualidad vicentina, que se sintetiza en el amor a Dios probado en el servicio al prójimo, mas que una doctrina un carisma nuevo, es un estilo de vida, y tiene como punto dereferncia, el texto del Evangelio de San Lucas (10,25-37), el buen samaritano.

Nuestro carisma es la opción por los pobres, según la práctica de San Vicente.
Es un carisma esencial en la Iglesia, que es la Iglesia de los pobres.
Este carisma se ha vivido de diferentes modos y con distinta intensidad, de acuerdo a la eclesiología que históricamente ha predominado.
En la eclesiología de hoy, este carisma incluye una clara opción por la justicia, por la dignidad
del pobre, por la defensa de los derechos humanos, por la participación, la autopromoción, la
liberación.
Requiere también una clara conciencia de la dimensión política de la fe, una búsqueda del
bien común, y una presencia activa de los seguidores de Jesucristo en la construcción de una sociedad más igualitaria, justa y libre.
El carisma vicentino se vive en la lucha diaria contra la injusticia y la opresión. Estando al lado de los pobres, haciendo nuestra su causa, que es la de su dignificación y realización integral.

El carisma vicentino, exige una preferencia por los métodos que usó Jesús y que fueron
también los que empleó Vicente. Como dice hermosamente el Documento de base de las
Voluntarias, el amor vicentino es “un amor sencillo, un amor humilde, un amor cordial, un
amor creativo, un amor que se arriesga” . No es el poder, el dinero, el prestigio, la arrogancia, lo que hace eficiente el carisma vicentino, sino le actitud de servicio, la amistad que acoge, la sinceridad en “darse”, que resulta del “vaciarse de sí mismo y dejarse llenar de Dios”, como decía Vicente, seguramente comunicando lo que para él era “su experiencia y su fe”.
El carisma vicentino me pone bajo el juicio de los pobres, según la enseñanza de Jesús en el conocido pasaje del juicio final (Mt 25, 31ss). Por eso Vicente repetía que los pobres son nuestros jueces, que ellos nos juzgarán. Vicente supo unir misión y caridad, que en términos de hoy quiere decir que es necesario unir
evangelización y diaconía. Que todo anuncio de la Buena Nueva, conlleve el compromiso liberador con el hermano. El carisma vicentino, en su Fundador, unió el amor afectivo con el amor efectivo. La justicia y la misericordia, diríamos quizás nosotros hoy. Siguiendo el ejemplo del Buen Samaritano, es bueno sentir compasión por el pobre, por el hermano marginado, pero hay que enjugarse las
lágrimas y pasar a la acción en favor del hermano que nos necesita. El carisma vicentino hoy, debe enriquecerse y actualizarse con le doctrina del Vaticano II, de Medellín y Puebla, y con las grandes líneas de la Enseñanza social de la Iglesia.

El carisma vicentino, exige testimonio de vida, coherencia continua. Y esto es una llamada para los que no somos tan jóvenes, de manera que los jóvenes vean en nosotros, hermanos mayores, que con su ejemplo van mostrando el camino a los hermanos menores. El carisma vicentino, que es carisma de Iglesia, ha entusiasmado a muchos jóvenes, desde San Vicente hasta nuestros días, y ese carisma lleva en sí, el germen de la omnipotencia de Jesucristo, pero es necesario saberlo presenta a los jóvenes de hoy, de manera que los entusiasme y les dé a ellos verdaderamente “ razones para vivir y razones para esperar”. Jesús con su ejemplo y con su palabra nos dice que la vida se gana, cuando se gasta desinteresadamente en favor de los otros. Por eso el bello aforismo de que “El que no vive para servir, no sirve para vivir”. La vivencia del Evangelio, al modo de Vicente de Paúl, hoy en América Latina, pide y engendra un nuevo tipo de espiritualidad. Es la espiritualidad liberadora, la de ser contemplativos en la
acción, o mejor en la liberación. La santidad de “Vicente de los Pobres”, fue la santidad del amor que se transforma en servicio concreto al hermano que tiene necesidades. Vicente fue un contemplativo en la acción, él se ganó el cielo con el esfuerzo de sus brazos y con el sudor de su frente, pues él no se contentó con amar de palabra sino con obras y de verdad. Y como fuente y origen de toda esa enorme actividad estaba su entrega a Jesucristo, evangelizador de los pobres.
Hay que difundir el carisma de San Vicente, pues hoy, más que nunca, tiene gran actualidad, no sólo por la situación social que vivimos, sino por la renovación de la fe y de la Iglesia, que desencadenó el Concilio Vaticano II. Los momentos coyunturales que se avecinan: la celebración del IV Centenario del nacimiento de Santa Luisa; los 500 años de la evangelización de América, y la proximidad del tercer milenio, deben ser para la Familia Vicentina, un tiempo de gracia, un “kairos”, en el que renovados en el seguimiento de Jesucristo, tras las huellas de Vicente de Paúl, compartamos nuestra experiencia de fe con los laicos, especialmente con los jóvenes.

Urge incrementar el trabajo vicentino con los jóvenes, tanto en los grupos juveniles, como en la formación escolarizada. Sobra decir que comunicar el carisma vicentino y difundirlo, no es compartir solamente ideas y pensamientos sobre Vicente y su obra, sino comunicar una experiencia personal, de una fe que se vive en el amor y servicio a los más pobres. Es presentar una forma de realización personal viviendo el amor efectivo y contribuyendo así a le construcción de un mundo, donde haya una presencia más evangélica del amor y la justicia que Jesucristo nos trajo.

La formación de los laicos, es una de las urgencias pastorales que nos plantea la nueva evangelización (85). Los que hablamos ya, de que “la juventud está en el corazón”, debemos imponernos la tarea de renovar nuestro carisma vicentino, de comunicarlo a los verdaderamente jóvenes, desde “nuestra fe y nuestra experiencia”, y de dedicar un tiempo prioritario a la formación de estos jóvenes, para que ellos sean a su vez, los evangelizadores de sus compañeros. La llama que prendió Vicente, debe pasar de mano en mano para iluminar y calentar al mundo con la caridad de Jesucristo. La historia de amor, de servicio, de entrega por los más pobres, que empezó en Chatillon, tiene que seguir adelante. Los seguidores de Vicente de Paúl, hoy en América Latina, tenemos el gran reto, de presentar a los jóvenes el carisma de Vicente de una manera actualizada de manera que realmente los entusiasme y les pueda dar verdaderamente “razones par vivir y razones para esperar.” Es necesario ser creativos y probar en nuestra pastoral con los jóvenes que realmente,

“EL AMOR ES INVENTIVO HASTA EL INFINITO”.



viernes, noviembre 28

RESEÑA HISTÓRICA DE SAN VICENTE DE PAÚL

Nace el 2 de abril de 1581, en Ranquines, cerca de Dax, en el S.O. de Francia. Tercer hijo del campesino Juan de Paúl. Los hijos de los campesinos del siglo XVI apenas tenían tiempo para divertirse; ya desde muy jóvenes se veían obligados a trabajar. Vicente, llevaba a pastar el ganado: las ovejas, las vacas, los cerdos. Vicente salía todos los días, descalzo y con humildes provisiones
Vicente es un chiquillo despierto, y su padre tiene para él unos planes ambiciosos. Fue enviado a los 14 años al colegio de los franciscanos de Dax que esta a 5 kilómetros de Pouy. Dax es una ciudad próspera, de amplias calles y bellas mansiones. Vicente toma gusto a sus estudios, desea abandonar la vida rural; se siente con vergüenza de sus orígenes y de su mismo padre. "Siendo un muchacho, cuando mi padre me llevaba a la ciudad, me daba vergüenza ir con él y reconocerle como padre, porque iba mal trajeado y era un poco cojo". "Recuerdo que en una ocasión, en le colegio donde estudiaba me avisaron que había venido a verme mi padre, que era un pobre campesino. Yo me negué a salir a verle".
Después de cuatro años de estudios en Dax, marcha a la gran ciudad de Toulose. Su padre acaba de morir en 1598, mientras Vicente tenía 17 años, ha recibido ya la tonsura y las órdenes menores. Su padre le deja parte de la herencia para pagar sus estudios, pero él rechaza esta ayuda; prefiere valérselas por si mismo.
Para subsistir, enseña humanidades en el colegio de Buzet y sigue a la vez con sus estudios de Teología. En 1598 recibe el subdiaconado y el diaconado, y el 23 de Septiembre de 1600, en Chateau-l'Eveque, es ordenado sacerdote por el anciano obispo de Périgueux. "Si yo hubiera sabido, como lo he sabido después, lo que era el sacerdocio cuando cometí la temeridad de aceptarlo, habría preferido dedicarme a trabajar la tierra antes de ingresar en un estado tan temible," escribirá mas tarde.
El obispo de Dax le ofrece una parroquia, pero hay otro candidato. Vicente renuncia, prefiere proseguir con sus estudios y apuntar mas alto: aspira a ser obispo.
En 1604 obtiene el doctorado en Teología. Se dirige a Burdeos. Acude a Marsella a un viaje bastante interesado. Una anciana dama de Toulose le ha dejado una herencia de 400 escudos, pero la anciana tiene a un deudor, a quien Vicente persigue hasta Marsella, donde consigue recuperar 300 escudos, para regresar a continuación a Toulose por Narbona.
En Marsella Vicente embarca para Narbona. Se va en barco, el cual es atacado por los turcos y Vicente cae prisionero. Los años 1605-1607 son en realidad muy misteriosos. Se cuenta que vendido como esclavo en Túnez, estuvo sucesivamente al servicio de cuatro distintos señores: un pescador, un médico, el sobrino de éste y, por último, un cristiano renegado. Por fin, convirtió a su amo, se escapó llegando a Avignon y desde allí a Roma. Luego fue a París hacia el 1608.
En 1609, poco después de su llegada a París, Vicente encontró a Pierre de Bérulle, sin duda en el hospital de la Caridad, adonde ambos iban a visitar enfermos. Bérulle tenía una doble vocación: la cura de las almas y la fundación de un grupo de sacerdotes espirituales. El clero salía en un estado lamentable de las guerras de religión; los decretos del Concilio de Trento referentes a la formación de los sacerdotes no se cumplen (de lo contrario, Vicente no habría sido ordenado a los 19 años, ya que el Concilio exigía 25 años de edad mínima para la ordenación sacerdotal) Eran muchos los obispos que vivían como grandes señores, alejados de sus diócesis.
Se esta abriendo paso un nuevo movimiento. En Italia, Felipe Neri ha fundado la congregación sacerdotal del Oratorio, que al igual que los oblatos fundados en Milán por Carlos Borromeo, desea vivir un sacerdocio fervoroso. Bérulle trata de convencer a Francisco de Sales para que funde el Oratorio en Francia, el cual rechaza la oferta. Entonces éste, a instancias del Arzobispo de París, Henri de Gondi, fundará en 1611 el Oratorio de París, "una congregación de eclesiásticos en la que se practicara la pobreza, en contra del lujo; se hiciera el voto de no pretender beneficio o dignidad alguna, en contra de la ambición, y se viviera igualmente el voto de dedicarse a las funciones eclesiásticas, en contra de la inútil inactividad.
Párroco de Clichy
Bérulle deseaba que Vicente ingresara en el Oratorio, pero Vicente por diferentes razones no acepta, en cambio acepta la proposición de reemplazar en su puesto a un sacerdote que desea ingresar en el Oratorio; y de ese modo, en mayo de 1612, Vicente toma posesión de la parroquia de "Clichy la Garenne", a una legua de París. Se trata de una parroquia de 600 habitantes, de carácter semi-rural (habitada sobre todo por hortelanos donde Vicente se encuentra a gusto Allí enseña el catecismo, repara el mobiliario de la Iglesia. Hace doce años que es sacerdote y es la primera vez que ejerce un ministerio sacerdotal.
Preceptor de la familia Gondi
Bérulle que sigue soñando con grandes cosas para Vicente, hace que lo nombren preceptor de la ilustre familia de Gondi, Phillipe de Gondi, sobrino del Arzobispo de París. Vicente llega allí en Septiembre de 1613: "Me aleje con pena de mi pequeña iglesia de Clichy", escribe a un amigo.
Ya tenemos a Vicente provisto de un excelente "reducto". Da algunos cursos y lecciones a los niños y lleva una vida palaciega en Montmirail, en Joigny, en París, en Folleville... Ya podía darse por contento. Sin embargo no era feliz. Durante los numerosos viajes de Gondi, vuelve a entrar en contacto con los campesinos y con las pobres gentes que viven en los dominios de la noble familia. Y se da cuenta de que el Evangelio exige la caridad radical.
Acontecimientos providenciales cambiaron su vida:
A comienzos de 1617, visita Vicente a un moribundo en Gannes, en el distrito del Oise, cerca del palacio de los Gondi; aquel hombre, que tenía fama de ser un hombre de bien, reveló a Vicente unos pecados que jamás se había atrevido a confesar a su párroco, tanto por vergüenza como por amor propio. El moribundo que experimentaba una extrema soledad moral, que padecía la noche, el frío y la imposibilidad de hablar con Dios; era un hombre cerca de la muerte sin haber encontrado una mirada sacerdotal lo bastante dulce y lo bastante humana para poder salirse de sí mismo y atreverse a creer en la ternura de Dios. He ahí la vocación de Vicente: la ternura. Su corazón ha sido tocado. Quería ir a los campos mas remotos a expresar a todos los que se sienten perdidos que existe un Dios de ternura que no les ha olvidado. Quiere ser testimonio de ese amor divino. Estar presente con la ternura de Dios.
Vicente queda impresionado y el 25 de enero predicó en Folleville, cerca de Amiens, proponiendo a todos los fieles de Folleville la idea de que vayan allá algunos sacerdotes ante quienes puedan hacer una confesión general de toda su vida. Este sermón que fue el origen de la "Congregación de la Misión", instituida para dar misiones populares y trabajar en la formación del clero de Francia y en otros países. A los sacerdotes y hermanos de la Congregación de la Misión se les conoce en Francia como "Lazaristas" por su casa madre, San Lázaro.
En agosto de ese mismo año 1617, en Chatillón-les-Domes, San Vicente se encuentra con la miseria material de los campesinos. San Vicente relata los hechos: "Mientras me revestía para celebrar la santa Misa, vinieron a decirme... que en una casa apartada de todas las demás, como a un cuarto de legua, estaban todos enfermos, hasta el punto de que no había una sola persona que pudiera atender a las demás, las cuales se hallaban en un estado de necesidad indescriptible. Esto me ocasionó una tremenda impresión." A la llamada de Vicente acuden todos los feligreses en ayuda de esa familia. Pero, para Vicente, este movimiento espontáneo no es bastante, porque corre el peligro de no tener continuidad: "Una enorme caridad, sí; pero mal organizada".
Fundación de las Hijas de la Caridad
Vicente pone manos a la obra y muy pronto, el 23 de agosto, lee ante unas cuantas mujeres cuyo corazón se ha visto afectado igual que el suyo por aquella miseria, un texto que constituye todo un programa de ayuda a los enfermos. Dicho texto servirá de modelo, en adelante, a todos los posteriores textos fundacionales de las "Confréries de Charité" (Hermandades de Caridad). Las Cofradías se multiplicaron ; hoy en algunos países se les llama "equipos de San Vicente". La Fundación de la Compañía de las Hijas de la Caridad siguió unos años mas tarde (1633). La Fundadora fue Santa Luisa de Marillac.
Vicente no quiere permanecer por más tiempo con los Gondi y así se lo hace saber a Bérulle en mayo de 1617. Se traslada el 1 de agosto de aquel mismo año a una pequeña parroquia entre Lyon y Ginebra, en al región de Bresse: Chatillon-des-Dombes, donde ejerce como párroco.
La vocación de la ternura.

Capellán de las Galeras
En 1619, Vicente es nombrado capellán general de las Galeras, de las que es responsable el señor de Gondi. Los galeotes son entonces los más pobres de entre los pobres. Vicente les visita primero en las mazmorras de La Conciergerie (antigua prisión de París), encuentra allí a hombres dominados por el odio y la desesperación; y pide y obtiene de M. de Gondi que se les conceda un trato más humano. El capellán general de las Galeras baja después a Marsella, donde los galeotes son más numerosos, y se presenta "de incógnito" en el lugar en que están encerrados; aquello le impresiona terriblemente: es "el espectáculo más triste que se puede imaginar", "una verdadera imagen del infierno". "Herido, pues, por un sentimiento de compasión hacia aquellos miserables forzados, me impuse a mí mismo la obligación de consolarles y asistirles lo mejor que pudiera". Pero Vicente no se limita sólo a buenas palabras, sino que pasa a la acción y se ocupa de mejorar en lo que puede las estructuras, como de costumbre. En el viaje que en 1623 realiza a Burdeos, donde se halla una flotilla de galeras se da a conocer como sacerdote a los galeotes; les dice, "os encontráis en la más absoluta indigencia; os creéis abandonados y rechazados por todos. Pero vuestro Padre de los Cielos os ama y os bendice".
Desde Burdeos, Vicente se dirige a su aldea natal, en las Landas. Los suyos habrían deseado obtener algún provecho de Vicente. Este les dice que no esperen nada de él: "porque aun cuando poseyera cofres llenos de oro y plata, no les daría nada, porque todo cuanto posee un eclesiástico se lo debe a Dios y a los pobres".
Vicente experimenta su profunda conversión en el momento en que se inicia en Europa una larga serie de conflictos. La guerra de los Treinta Años, que comienza en 1618, es la conclusión lógica de una enorme crisis acaecida en Europa, había tenido origen en la oposición entre católicos y protestantes dentro del imperio germánico. La crisis ideológica del cristianismo que había dado lugar a dos reformas antagónicas (la de Lutero y Calvino por un lado, y la del Concilio de Trento por otro) hay que verla dentro del contexto general de la crisis del siglo XVI.
La doctrina elaborada en el Concilio de Trento, en contraste a la tesis protestante, rehabilitaba la naturaleza humana y llevaba, de un modo lógico, a insistir en los sacramentos. Por otra parte el Concilio pedía a los sacerdotes que predicasen el Evangelio. La aplicación de los decretos del Concilio requería tiempo, y puede observarse cómo Vicente se referirá constantemente a ellos y se esforzará para que sean puestos en practica.
Misioneros para la misión ante la devastación de la guerra
Se suceden guerras, se triplican los impuestos y los pobres siempre son los perdedores. La miseria es espantosa. Un sacerdote de la Misión que acaba de llegar a Champagne escribe a Vicente: "No hay lengua que pueda decir, ni pluma capaz de expresar, ni oído que se atreva a escuchar lo que hemos contemplado desde los primeros días de nuestra estancia en estas tierras... Todas las iglesias y los más santos misterios han sido profanados; los ornamentos saqueados; las pilas bautismales destrozadas; los sacerdotes asesinados, torturados u obligados a huir; las viviendas demolidas; las cosechas robadas; las tierras están sin labrar ni sembrar; el hambre y la mortandad son casi absolutas; los cadáveres se hallan sin sepultar y, en su mayor parte, sirven de pasto a los lobos. Los pobres que sobreviven a esta ruina se ven obligados a recoger por los campos los granos de trigo o de avena semipodridos. El pan que consiguen fabricar es como barro y la vida que llevan es tan insana que más parece una muerte viviente. Casi todos están enfermos, ocultos en miserables chozas o en cuevas a las que uno no sabe cómo llegar, la mayor parte tumbados en el suelo desnudos o sobre paja podrida, sin más ropa que unos miserables harapos. Sus rostros ennegrecidos y desfigurados, más parecen rostros de fantasmas que de hombres".
Vicente envía allá doce de sus sacerdotes para organizar la ayuda. No había más que un modo de poner fin a la miseria de las poblaciones: la paz. Y Vicente no lo duda un momento: se atreve a enfrentarse a Richelieu y pedirle enérgicamente que ponga término a tan enormes conflictos.
El camino de Vicente son los pobres, tanto espiritual como materialmente. "La Iglesia de Cristo no puede abandonar a los pobres. Ahora bien, hay diez mil sacerdotes en París, mientras que en el campo los pobres se pierden en medio de una espantosa ignorancia". Vicente quiere sacerdotes para la "misión", para ser enviados a las zonas rurales.
La congregación puede fundarse el 17 de abril de 1625. La Congregación es reconocida un año más tarde por el Arzobispo de París; los primeros misioneros firman su acta de asociación el 4 de septiembre de 1626. Pero es entonces cuando comienzan las dificultades. El señor Gondi , influenciado por Bérulle, pretende retirar el dinero que ha entregado para la fundación. Saint-Cyran consigue disuadirle. A pesar de todo, Roma, igualmente a instancias de Bérulle, se niega dos veces a dar su aprobación a la Congregación de la Misión. Habrá que esperar ocho largos años -hasta 1633- para conseguir dicha aprobación.
En julio de 1628 el obispo de Beauvais pide a Vicente que acuda allí en septiembre a dar un retiro a los futuros sacerdotes. Es precisamente en esta tarea de formación de futuros sacerdotes en lo que piensa el Arzobispo de París cuando, en 1631, ofrece a Vicente un conjunto de edificios mucho más importantes que el "College des Bons-Enfants": la antigua leprosería de Saint-Lazare (que dará a los sacerdotes de la Misión el nombre de Lazaristas). Lo que desea el arzobispo es que Vicente contribuya a la reforma del sacerdocio y sirva a la formación de los futuros sacerdotes. En el siglo XVII hay dos tipos de reformadores del clero, Vicente prefiere ante todo la formación por la practica, sobre el terreno, según el método más experimental. Lo que a él le preocupa es la situación concreta de los sacerdotes.
Saint-Lazare viene a ser, más concretamente, un centro de encuentros. cada martes se reúnen allí los sacerdotes, que se dedican a orar, a reflexionar y a escuchar a Vicente en sus famosas "conferencias de los martes"; entre el auditorio se hallan veintidós futuros obispos, que de este modo reciben su formación de los evangélicos labios de Vicente de Paúl.
De 1630 a 1650 Francia atraviesa una época de guerras desastrosas para el pueblo sencillo. Vicente mira de frente las desgracias de su época, se niega a cerrar los ojos y lucha contra la miseria a brazo partido. Esta miseria impide a los hombres vivir como seres humanos. Si tomamos las cosas más elementales de la existencia, el nacimiento, por ejemplo, vemos que cada una de siete mujeres moría después del parto. Las que no se morían pasaban por el momento más grave, el período post-parto: las fiebres y los problemas de infección. Por otra parte un hecho que se repite constantemente: "Una gran cantidad de huérfanos que tiene que ser dejados a cargo de los que sobreviven, y que son adoptados durante un tiempo por la comunidad de la aldea o barrio, hasta que el padre contrae nuevo matrimonio.
Fundación de las Hijas de la Caridad
En 1617 comenzó Vicente a fundar sus "charites". Unas se encargan de atender a los mendigos, otras se ocupan de las epidemias, otras lucharan contra el contagio de la peste, otras se dedicaran a otras calamidades.
Las "charites" se multiplican; había que velar por ellas y coordinarlas dentro de un mismo espíritu. Así pues, Vicente pide a una joven viuda de 38 años, Luisa de Marillac, a la que conoce desde hace cuatro años, que vaya a visitar, en 1629, un determinado número de "charites". Una vez llegada al lugar donde se halla establecida una "charite", reúne a las mujeres, examina con ellas los problemas que se plantean, enseña a curar a los enfermos y a llevar una buena administración; con autorización del párroco, reúne a las jóvenes de la parroquia y les da catequesis. Y todo esto con unas condiciones físicas muy deficientes, pues era una mujer sumamente frágil y psicológicamente delicada, y con unos medios económicos aún mas escasos. Antes de enviarla, Vicente la había formado por cuatro años, instruyéndola en la alegría y en el suave dominio de sí misma, así como en la aceptación de las contrariedades y el abandono en manos de la providencia de Dios: "Síguele -le decía-. no trates de anticiparte a "Él".
El resultado de la actividad de Luisa es que, tanto ella como Vicente, constatan que todo marcha perfectamente. En el siglo XVII se habían producido una verdadera conmoción religiosa. Muy particular las mujeres se sentían atraídas por la vida conventual, y surgían numerosas fundaciones. ¿A que se debía esto? Muchas son fundadas por jóvenes o viudas de la nobleza, las cuales tenían suficiente dinero para comprar el convento e instalarse.
Vicente desea que sus "Hijas de la Caridad" estén en el mundo. Pero no es cosa fácil lograrlo. Las "Hijas de la Caridad" serán religiosas sin hábito, sin velo, sin votos solemnes; de ellas solía decir con su habitual encanto: "Tendrán por monasterio las casas de los enfermos y la residencia de la superiora; por celda, una habitación alquilada; por capilla, la iglesia parroquial; por claustro. las calles de la ciudad; por clausura, la obediencia continua en la Providencia y la ofrenda de todo cuanto son". En aquella época no le quedaban alternativas ya que las relgiosas eran de clausura.
Para llevar a cabo su programa, Vicente se apoya decididamente no ya en las damas de familias capaces de aportar grandes dotes, sino en las sencillas aldeanas. Los comienzos son muy modestos: se trata de cuatro jóvenes confiadas por Vicente, el 29 de noviembre de 1633 a Marguerite Nasseau, la cual recibe en su casa y las pone a trabajar en el pequeño hospital que ella misma había fundado. Se encarga a Luisa de Marillac que las enseñe a ser enfermeras y las instruya en la vida espiritual.
Luisa y Vicente las preparan para poder atender a todo tipo de personas necesitadas: niños y ancianos, locos y presidiarios, y a toda clase de pobres.
Espiritualidad
La espiritualidad de Vicente posee la solidez del corazón que la vive sin reservas. Podemos ver la expresión de esta espiritualidad en una conferencia que da el 19 de septiembre de 1649 a las Hijas de la Caridad, donde concreta y analiza "los dos amores": el amor afectivo y el amor eficaz. El primero es "la ternura hacia las cosas que se ama", "la ternura del amor". Este amor, dirá más tarde, hace que uno se vuelva hacia Cristo "tierna y afectuosamente, como un niño que no puede separarse de su madre y grita "¡mamá!", cuando la ve alejarse" (notemos que Vicente habla aquí de Cristo como una madre).
Pero este amor efectivo es para él el mas pequeño de los dos, es el amor de los comienzos; y compara los dos amores con dos hijos de un mismo padre; pero resulta que el amor efectivo "es el hijo pequeño al que el padre acaricia, con quien se entretiene jugando y cuyos balbuceos le encanta oír"; pero el amor eficaz, es mucho mayor; es un hombre de veinticinco o treinta años, dueño de su voluntad, que va adonde le place y regresa cuando quiere, pero que a pesar de ello, se ocupa de los asuntos familiares".
Vicente insiste mucho en este segundo amor y en el "quehacer" que conlleva: "Si hay alguna dificultad, es el hijo quien la soporta; si el padre es labrador, el hijo cuidará de que estén en orden las tierras y arrimará el hombro". En este segundo amor apenas se siente que se es amado y se ama: "Parece como si el padre no sintiera por el hijo ninguna ternura y no le amará". Sin embargo -afirma Vicente-. a este hijo mayor el padre "le ama mas que al pequeño". Y añade Vicente: "Hay entre vosotras algunas que no sienten a Dios en absoluto, que jamás le han sentido, que no saben lo que es sentir gusto en la oración, que no tienen la menor devoción, o al menos así lo creen... Hacen lo que hacen las demás, y lo hacen con un mayor que es tanto más fuerte cuanto menos lo sienten. Este es el amor eficaz que no deja de actuar, aun cuando no se deje ver".
Vicente quiere que se pase al amor eficaz, porque teme la nostalgia propia de las resoluciones demasiado generales y de las efusiones afectivas; a propósito de las resoluciones, puestas incluso por escrito por una determinada dama, escribe a Luisa de Marillac que tales resoluciones le parecen "buenas", pero que le "parecerían aún mejores si (la tal dama) descendiera un poco más a lo concreto", porque lo importante para él son los actos, mientras que "lo demás no es sino producto del espíritu, que habiendo hallado cierta facilidad y hasta cierta dulzura en la consideración de una virtud, se deleita con el pensamiento de ser virtuosos"; es preciso, pues, llegar a los "actos" porque, de lo contrario, se queda uno en la "imaginación".
Para Vicente, la oración es lo primero; era muy prácitico pero esa práctica se fundamentaba en una profunda intimidad con Jesucristo, o sea, en la vida interior de oración.
Vicente encuentra en su camino a los jansenistas. Jansenio había comenzado a escribir su Augustinus en 1628; Roma lo condena en 1641; pero Vicente, antes incluso de esta condena, ya había tomado postura contra el jansenismo.
En lugar de ponerse en tensión y tratar de que Dios se adapte a unos determinados moldes para el alma, Vicente, en oposición a los jansenistas, no dejará de proponer abandonarse tranquilamente a Dios. La gracia tiene sus momentos. Abandonémonos a la Providencia de Dios y guardémonos muy mucho de anticiparnos a ella.
Vicente era enemigo de la actividad compulsiva. Si dió mucho fruto es porque utilizaba muy bien el tiempo guiado y movidas sus velas por la fuerza del Espíritu Santo. A partir de 1645 dicta o redacta personalmente unas diez cartas por día -tiene dos secretarios-, sigue de cerca la actividad de todas las casas de caridad y de todos los sacerdotes de la Misión; afluyen las vocaciones y se abren nuevas casas en Génova, Turín y Roma. En 1646 se funda una casa en Argel (donde estallará la peste en 1647) y se pide a la congregación que acuda a Marruecos; aquel mismo año se envían sacerdotes a Irlanda y Escocia. En 1648 va un grupo de misioneros a Madagascar. En 1651 parte un grupo para Polonia. En 1660, justamente antes de su muerte, Vicente concibe un proyecto de misiones en América y en China.

En julio de 1660 se ve obligado a guardar cama. Toda su vida había sido una persona fuerte y robusta; el típico campesino de pequeña estatura -media 1 metro y 62 centímetros-, poseía una enorme resistencia, como si estuviera hecho de cal y canto. Entre julio y septiembre de 1644 se teme por su vida, pero sale bien, aunque se le prohibe montar a caballo; tenía las piernas inflamadas y tenía que caminar con un bastón. En el invierno de 1658 y 1660 el frío vuelve a abrir las llagas de sus piernas y poco a poco, se ve forzado a permanecer inmóvil. Se queda en Saint-Lazare, en medio de los pobres.

San Vicente fue consejero de gobernantes y verdadero amigo de los pobres. "Monsieur Vincent", como se le llamaba, estimulaba y guiaba la actividad de Francia en favor de todas las pobrezas: envió misioneros a Italia, Irlanda, Escocia, Túnez, Argel, Madagascar, así como a Polonia donde luego fueron las Hijas de la Caridad. Se rodeó de numerosos colaboradores, sacerdotes y seglares y, en nombre de Jesucristo, los puso al servicio de los que sufren.
Fue proclamado santo por el Papa Clemente XII, el 16 de junio de 1737. Su fiesta se celebra el 27 de septiembre.
En 1712, 52 años más tarde su cuerpo fue exhumado por el Arzobispo de París, dos obispos, dos promotores de la fe, un doctor, un cirujano y un numero de sacerdotes de su orden, incluyendo al Superior General, Fr. Bonnet.
"Cuando abrieron la tumba todo estaba igual que cuando se depositó. Solamente en los ojos y nariz se veía algo de deterioro. Se le contaban 18 dientes. Su cuerpo no había sido movido, se veía que estaba entero y que la sotana no estaba nada dañada. No se sentía ningún olor y los doctores testificaron que el cuerpo no había podido ser preservado por tanto tiempo por medios naturales.

La Congregación de Hijas de la Caridad se extendió por todo el mundo hasta el punto que en 1965 contaba con 46,000 hermanas. A lo largo de los siglos han prestado ayuda a millones de personas desgraciadas: niños abandonados, huérfanos, enfermos, heridos, refugiados, presidiarios, etc.
El servicio sencillo y discreto al prójimo constituye el principal fundamento de todas estas asociaciones vicentinas.

Hoy en día son muchas las personas y los grupos apostólicos que estan al servicio de los pobres bajo el carisma de San Vicente.

miércoles, noviembre 26

TEOLOGÍA DE LA MEDALLA MILAGROSA




1. El mensaje bíblico
2. Camino hacia Cristo
3. La Inmaculada Concepción
4 . Mediación Universal
5. Corredentora
6. Madre Espiritual
7. Renovación de la
Teología Mariana

EL MENSAJE BÍBLICO

El anverso de la Medalla sintetiza la gran promesa de Dios en la primera página de la Biblia, la del Redentor y de la Mujer que le será asociada y que aplastará la cabeza de la serpiente infernal. Porque el mismo decreto divino que requería al Redentor, quería también la asociación de María a su obra redentora.

Por el contrario el reverso de la Medalla nos muestra la última revelación mariana de la Escritura, la de esa mujer que San Juan nos presenta en el Apocalipsis "revestida de sol, la luna bajo los pies y coronada de doce estrellas". Y entre ambas está la página central de la Revelación y de la actitud del amor de Dios a favor de la Humanidad, el misterio de la Encarnación y el de la Cruz en que el Redentor y su Madre están unidos en la obra común de nuestra salvación, así como lo sugieren el simbolismo de la M coronada por la Cruz y el de los dos Corazones doloridos. María estaba de pie junto a la Cruz y su corazón traspasado por una espada sufría al mismo tiempo que el de su Hijo, Rey de los Judíos, crucificado y coronado de espinas.

Por el hecho de mostrar la Medalla a la Virgen asociada a su Hijo, subraya otro aspecto de la verdad teológica mariana; la de ser Cristocéntrica, es decir que María existe totalmente en función de Cristo y la devoción mariana no tiene otra razón de ser sino la de llevarnos a Cristo.

CAMINO HACIA CRISTO

La Misión de María era darnos a Cristo. Ella es Madre de Cristo
para darlo al mundo. Esto crea entre Ella y El un lazo tan
profundo y tan único, que en adelante estará ligada
inseparablemente a El para toda la obra de salvación
tanto en su fase terrenal como en su fase celestial.
Sin Cristo, María jamás habría existido con sus privilegios
incomparables.

Todo en Ella está en función de Cristo: dar a luz a Cristo,
ayudar a Cristo en su misión, conducirnos a Cristo.
Lo mismo debe decirse de nuestra piedad mariana.
No amamos a María principalmente por Ella ni por
nosotros, sino porque es Madre de Cristo, y porque
esta prerrogativa única de la Madre de Dios le ha
valido todos los demás privilegios que admiramos
en Ella, que menciona la Medalla y que someramente
vamos a recordar.

LA INMACULADA CONCEPCIÓN

Es el primer privilegio después de la Maternidad Divina, y exigido además por esta última.

La Medalla lo contiene clarísimamente. Ante todo en la breve invocación que en ella está grabada: "Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos". Después en la imagen bíblica de la mujer que aplasta la cabeza de la serpiente. María ha vencido totalmente el pecado. Jamás pudo el demonio perjudicarla en lo más mínimo. Aún en el primer instante de su concepción, Ella estuvo exenta del pecado original y de sus consecuencias.

Ella es la Inmaculada, la Purísima, la Santísima, poseyendo desde el primer instante de su existencia una santidad en ese momento mayor que la del santo más grande al final de su vida y aún según muchos teólogos, que la de todos los santos juntos.

MEDIADORA UNIVERSAL

Después de la Inmaculada Concepción, otra prerrogativa de la SS. Virgen, bien puesta en evidencia por la Medalla, es su MEDIACION UNIVERSAL, bajo su doble forma:

Intercesión de María

Distribución de las gracias

MARÍA CORREDENTORA

El anverso de la Medalla muestra a María como dispensadora de todas las gracias; el reverso enseña otra verdad. Presenta a María unida a Jesús en la adquisición de la gracia. Porque la Virgen no es solo distribuidora de todas las gracias. Con Cristo en el Calvario es también la CORREDENTORA, adquiriendo con su Hijo las gracias que podrá distribuir.La letra M lleva encima la Cruz. Esta se apoya sobre María, está como plantada en Ella, por así decirlo. Puede que haya en esto una alusión a la Maternidad divina de la Virgen. Pero en este simbolismo queda ciertamente afirmado que Jesús y María no constituyen más que UNO en la obra de la Redención.
Los dos Corazones doloridos de Jesús y María yuxtapuestos tienen el mismo significado. No solamente un mismo amor, sino también una misma sangre han hecho latir estos dos corazones. La sangre que el Hijo ofrece sobre la Cruz, es la sangre que recibió de su Madre y cuando la lanza del soldado traspase el Corazón de Jesús, es sangre de María la que correrá.
MADRE ESPIRITUAL
Esta Maternidad Espiritual de María, si no está afirmada explícitamente en la Medalla Milagrosa, está sin embargo implícitamente contenida en ella. Por el hecho de que la Virgen ayudó al Redentor en nuestro rescate, es nuestra Madre espiritual, la que nos dio la vida sobrenatural junto con su Hijo. En efecto es allí, bajo la Cruz, donde se ubica el acto principal de esta maternidad, donde María llega a ser de hecho nuestra Madre, la que lo era ya de derecho por la Encarnación, porque llegando a ser la Madre de la Cabeza del Cuerpo Místico, llegaba a ser también la Madre de los miembros. Pero, además Jesús quiso proclamar la Maternidad espiritual de su Madre en relación con los hombres en el momento en que moría en el Calvario, entregando a Juan en manos de María, porque es en ese momento precisamente en que María sufriendo con Jesús nos daba con El la vida sobrenatural.
RENOVACIÓN DE LA TEOLOGÍA MARIANA

También aquí la Medalla Milagrosa y las manifestaciones de María en la calle du Bac, anunciaban un nuevo desarrollo de la teología mariana.
El primero de noviembre de 1954, Pío XII proclamaba a María Reina del Mundo y coronaba la imagen romana de la Virgen, llamada "Salud del Pueblo" al mismo tiempo que instituía la fiesta de María Reina, fijada en adelante el 22 de agosto.
La idea de la Realeza de María, ciertamente no era nueva en 1830. Se remonta a los primeros siglos de la Iglesia. Ya en las catacumbas, la Virgen, porque era Madre de Dios, está representada sentada en un trono, como una emperatriz o reina, presentando al Niño-rey a la adoración de los magos. Y a lo largo de veinte siglos de historia cristiana, María ha sido llamada continuamente Reina. Testigo de esto son las hermosas antífonas marianas: "Dios te salve, Reina y Madre" y otras varias.

lunes, noviembre 24

FUERTES LLUVIAS EN COLOMBIA


Las fuertes lluvias en Colombia, han dejado varias familias afectadas en diferentes lugares, estas imágenes, son de dos lugares donde hay presencia Vicentina. Les invitamos para que oremos por ellos, y por todas las personas que pasan necesidades en varios lugares del Paías. Los Lugares que aquí mostramos son: Tierradentro en el departamento del Cauca suroriente del país; tambien el bajo Cauca zona ubicada entre los departamentos de Sucre y Bolivar en la costa norte colombiana.

CARTA DE ADVIENTO


A todos los miembros de la Familia Vicenciana

Queridos Hermanos y Hermanas,

La gracia y la paz de Nuestro Señor Jesucristo llenen sus corazones ahora y siempre.

“Y no había lugar para ellos.”

Este título está tomado del evangelio de San Lucas, capítulo 2 versículo 7, tan familiar para todos nosotros. Se proclama en la misa de medianoche de Navidad. Este Adviento, queridos Hermanos y Hermanas, me gustaría reflexionar sobre este pensamiento de que no había lugar para ellos, lugar para los demás. No había lugar. Se deja fuera a aquellos de los que no se preocupa nadie: los rechazados. Jesús mismo nació en esta situación y la experimentó a lo largo de toda su vida, hasta el final, cuando murió rechazado, como un criminal, en una cruz.

Jesús, especialmente en el evangelio de Lucas, muestra su solidaridad con los rechazados y con los marginados. En su tiempo eso eran los leprosos: rechazados, maltratados, ridiculizados. El Adviento, hermanos y hermanas, nos da la oportunidad de reflexionar seriamente sobre qué somos nosotros como discípulos de Jesús. Él nos ha llamado a seguirle, pero no de lejos, a su sombra. Nos ha llamado a seguirle pegados a sus talones, es decir, tan cerca que experimentemos el espíritu que le movió a Él a hacer la voluntad del Padre.

Este Adviento quiero recalcar la voluntad de salir de nosotros mismos para acercarnos a los olvidados, a los rechazados, a aquellos a los que no se les deja lugar. Siendo formador en la misión de Panamá, como superior, solía dar a los cohermanos panameños la oportunidad de pasar unos días con su familia durante el tiempo de Navidad, aprovechando el hecho de que los estudiantes estaban también de vacaciones. Solía entonces participar en las responsabilidades pastorales: tres o cuatro misas cada día durante la semana de Navidad. Verdaderamente, sentía la ausencia de los seminaristas y de los Formadores. Sentía la soledad.

Durante unos cuantos años, en este tiempo, me juntaba con bastantes personas. Una de estas era un prisionero encarcelado por tráfico de drogas pero que tenía permiso para pasar los fines de semana con nosotros haciendo un servicio social como recompensa por su buena conducta en la cárcel. Había también un jinete profesional joven que se había visto obligado a abandonar su país y su familia implicado seriamente en operaciones ilegales. Había también una joven que vivía en el interior del país de Panamá, pero que, por su trabajo, no podía viajar para pasar estos días con su familia.

La víspera de Navidad, nos reuníamos con ellos y con algunos otros. Teníamos primero una Eucaristía y después volvíamos a casa para preparar la comida que compartíamos con la gente de la calle de nuestro barrio. Después solíamos cantar algunos villancicos. Ellos bailaban y se divertían para celebrar regocijados que Jesús había nacido en sus vidas.

Hermanos y Hermanas, al prepararnos para recibir más íntimamente a Cristo en estas fechas, me gustaría pedirles que consideren qué espacio van a ceder a los que no tienen lugar.

En mis últimas visitas a la Familia Vicenciana por el mundo, me he sentido sacudido, abrumado estaría mejor, por la situación de los marginados y de los rechazados. Mi primera experiencia fue en Madagascar. Hay una tribu que ha sido rechazada por la sociedad durante más de 500 años. Son los considerados por el resto de la sociedad como “perros” como me dijo uno de los misioneros. Uno de nuestros cohermanos franceses fue precisamente el que les mostró su solidaridad yéndose a vivir con ellos, compartiendo con la tribu su vida y su comida. Según me aseguran, él les dijo: “mirad, yo también soy un perro”. Hoy, la Familia Vicenciana y en particular otro cohermano de la misión de Madagascar, está trabajando con los hijos de los descastados para integrarlos poco a poco en la sociedad. No es una tarea fácil. Nadie quiere hablar de los excluidos. Nadie quiere admitir siquiera que existe ese problema.

En mi experiencia en el Congo, aprendí bastante sobre las tribus de descastados que viven allí, los pigmeos: viven solamente para servir a los demás. Ellos mismos se esclavizan. Piensan que ese es su destino. Viven en las afueras de las poblaciones; se mantienen a distancia del resto de la gente. Cuando uno se encuentra con ellos, bajan la cabeza.

Recientemente, leí el sumario de la Tesis de uno de nuestros cohermanos Nigerianos que trata de una tribu descastada, los Osu. La discriminación por parte de la gente de su propio país es increíble.

Me ha hecho pensar y reflexionar: no es justo que semejante discriminación ocurra en ciertos países. En todas nuestras sociedades hay descastados, que están marginados. Relacionarse con ellos se considera un tabú. Son aquellos para los que no hay lugar.

Las distintas formas de discriminación, el rechazo de unos contra otros es una forma de racismo. El racismo en sí mismo es una manifestación de miedo a lo desconocido, miedo a los que son distintos. Se manifiesta en prácticas intencionadas o en procesos espontáneos hacia otros grupos sociales como consecuencia de actitudes negativas.

Desde muy temprano, todos vamos formando prejuicios condicionados por nuestra cultura. Solamente podemos superarlos al aparecer nuestra conciencia. Necesitamos conocer a los demás dejando nuestros miedos a un lado. Con frecuencia se trata a la gente de una forma inhumana, cruel y degradante simplemente por ser diferente.

Estas son las mayores dificultades con las que se encuentran los inmigrantes por todo el mundo. Recientemente leí un informe relacionado con la discriminación de los inmigrantes en Libya y la de los filipinos en varios países. Esta clase de racismo o discriminación, con frecuencia se usa para legitimar distintas formas de esclavitud o explotación acompañada, a veces, incluso de violencia. Tenemos que reconocer que el racismo en sí mismo es más que un simple sentirse superior racialmente. Es una estructura de dominación social, política y económica. Como cristianos creemos en el amor universal de Dios. No podemos permitir o tolerar estas formas de exclusión o de discriminación.

Pido y espero que este Adviento pueda ayudarnos a profundizar nuestro compromiso de seguidores de Jesucristo evangelizador y servidor de los pobres, particularmente de los abandonados, los descastados y los marginados. Afortunadamente, de una forma u otra, podemos compartir su soledad, su exclusión y su humillación cuando son considerados menos que los demás. Y sintiendo nuestra solidaridad con ellos, podemos vivir juntos el significado de Navidad más unidos a Él que nació en un mundo en el que no le habían dejado lugar.

Hoy Cristo continúa naciendo en la misma situación y nos ha convocado a nosotros para seguir sus huellas de cerca haciéndonos uno con los olvidados, los abandonados, los aíslados, los descastados, los excluídos.

En mi última visita a un campo de refugiados de Tailandia, los jóvenes me dirigieron esta súplica que considero válida para todos nosotros: “Manténganos presentes en sus oraciones, Padre. No nos olvide o nos abandone como lo han hecho otros”.

El tema de aquellos para los que no hay lugar, hermanos y hermanas, es de mucha importancia, tanta que yo la voy a seguir meditando a lo largo de todo el año, particularmente en la conferencia de Cuaresma como preparación para la celebración de la resurrección de Jesucristo príncipe universal de la paz.

Que María, la madre de Dios y madre nuestra, nos guíe suavemente a conformar nuestras vidas con la de su Hijo.

“... y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo colocó en el pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada.” Lucas 2:7


Su hermano de San Vicente


G. Gregory Gay C.M.
Superior General

jueves, noviembre 20

Los Jóvenes somos el futuro de una Iglesia misionera

Teniendo como punto de referencia todo aquello que la Iglesia nos ofrece por medio de documentos, textos, y demás materiales de formación, hemos optado por implementar la formación misionera, de forma sencilla y clara, a nuestros jóvenes que pertenecen a nuestros movimientos juveniles vicentinos (Paules). "Aparecida tomó dos opciones fundamentales: la opción por la misión y la opción por la formación de los misioneros, de los discípulos de nuestro Señor Jesucristo"1. Se busca despertar una conciencia misionera, no sólo en la juventud Vicentina, sino también en todas aquellas personas que estén dispuestas a acoger el llamado del Señor, para trabajar en su miés como evangelizadores y anunciadores de su Palabra.

Nuestro origen misionero surgió gracias a las misiones, en las misiones populares, pues allí, en medio de los pobres, el Señor fue iluminando el camino a Vicente de Paúl y a Luisa de Marillac, para que dieran su vida en favor de los pobres, "nuestros amos y señores", para que formaran y prepararan a todos aquellos que Él mismo iba agregando para su servicio.


La pastoral juvenil de las Hijas de la Caridad de la Provincia de Bogotá, se propone animar e impulsar la formación misionera de todos sus movimientos juveniles; quiere hacer también actividades misioneras, sobre todo en el campo de la formación y animación de comunidades misioneras, para poder tener numerosos, cualificados y santos misioneros (as), reconociendo el valioso tesoro que hay en el laicado; pues el rol del laico es importante y necesario, sin su presencia la misión queda reducida y, podríamos decir que débil, porque en este siglo XXI, han ido disminuyendo los ministros y los candidatos a la vida consagrada como también a la vida religiosa. Hay un atarea grande en la familia Vicentina pero nos faltan personas, y muchos no se acercan porque no quieren ser ni Sacerdotes ni Hermanas, pero si quieren ser misioneros; a estos los exhortamos y las abrimos las puertas, para colaborar en la viña del Señor.

Seguramente de esta actividad misionera saldrán algunos que quieran dedicar su vida a la misión, o, al menos, algún tiempo, otras personas serán futuras vocaciones tanto para la Congregación de la Misión como para las HIjas de la Caridad. Todos los bautizados somos misioneros en medio de la Iglesia que nos acoge, nos prepara y nos envía como portadores de la Buena Noticia, es decir, estamos llamados a continuar la Misión que Jesús encomendó a la Iglesia: "Vayan por todo el mundo y proclamen el Evangelio a toda la humanidad" (Mc 16,15). Aquí se hace necesario comprender que sin la formación, no tendremos verdaderos misioneros; hay que formar a los discípulos para que ellos también, desde allí, se conviertan en misioneros, desde el lugar y profesión donde se encuentren. "El discípulo es misionero y el misionero tiene que ser discípulo de Cristo"2. San Vicente de Paúl dejó a los Misioneros las cinco virtudes, que bien podríamos decir que son el alma y el centro del misionero Vicentino: "Humildad, Sencillez, Mansedumbre, Mortificación, y Celo por la salvación de las almas".

Siguiendo los pasos de San Vicente que "reunió a los primeros misioneros para evangelizar juntos a los pobres"3, nos sentimos llamados desde nuestra pobreza y limitacion para llavar a cabo esta bella y nobre obra. Hacer lo que hizo el Hijo de Dios, ir de pueblo en pueblo anunciando la buena noticia y la llegada del reino de Dios; con la esperanza de alcanzar una Colombia en paz, justa, solidaria, donde todos podamos vivir como hermanos que se quieren bien.

Genry Cristóbal Yasnó, CM.

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1Sin fronteras, Revista Misionera católica, pg, 32. Octubre 2008

2Ibid p 32.

3Instrucción sobre los votos de la congregación de la Misión, p 37.

lunes, noviembre 17

YO AMO LOS DEFECTOS DE JESÚS... Y TÚ???

Primer defecto: Jesús no tiene buena memoria

En la cruz, durante su agonía, Jesús oyó la voz del ladrón a su derecha:
«Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino». Si hubiera sido yo, le habría contestado: «No te olvidaré, pero tus crímenes tienen que ser expiados, al menos, con 20 años de purgatorio». Sin embargo Jesús le responde: «Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso». Él olvida todos los pecados de
aquel hombre. La parábola del hijo pródigo nos cuenta que éste, de vuelta a la casa paterna, prepara en su corazón lo que dirá: «Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros». Pero cuando el padre lo ve llegar de lejos, ya lo ha olvidado todo; corre a su encuentro, lo abraza, no le deja tiempo para pronunciar su discurso, y dice a los siervos, que están desconcertados: «Traed el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en la mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío había muerto y ha vuelto a la vida; se había perdido y ha sido hallado». Jesús no tiene una memoria como la mía; no sólo perdona, y perdona a todos, sino que incluso olvida que ha perdonado.


Segundo defecto: Jesús no sabe matemáticas

Si Jesús hubiera hecho un examen de matemáticas, quizá lo hubieran suspendido. Lo demuestra la parábola de la oveja perdida. Un pastor tenía cien ovejas. Una de ellas se descarría, y él, inmediatamente, va a buscarla dejando las otras noventa y nueve en el redil. Cuando la encuentra, carga a la pobre criatura
sobre sus hombros. Para Jesús, uno equivale a noventa y nueve, ¡y quizá incluso más! ¿Quién aceptaría esto?. Cuando se trata de salvar una oveja descarriada, Jesús no se deja desanimar por ningún riesgo, por ningún esfuerzo.


Tercer defecto: Jesús no sabe de lógica

Una mujer que tiene diez dracmas pierde una. Entonces enciende la lámpara para buscarla. Cuando la encuentra, llama a sus vecinas y les dice: «Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido». ¡Es realmente ilógico molestar a sus amigas sólo por una dracma! ¡Y luego hacer una fiesta para celebrar el hallazgo! Y además, al invitar a sus amigas ¡gasta más de una dracma! Ni diez dracmas serían suficientes para cubrir los gastos...
Jesús, como conclusión de aquella parábola, desvela la extraña lógica de su corazón: «Os digo que, del mismo modo, hay alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta».


Cuarto defecto: Jesús es un aventurero

El responsable de publicidad de una compañía o el que se presenta como candidato a las elecciones prepara un programa detallado, con muchas promesas. Nada semejante en Jesús. Su propaganda, si se juzga con ojos humanos, está destinada al fracaso. Él promete a quien lo sigue procesos y persecuciones. A sus discípulos, que lo han dejado todo por él, no les asegura ni la comida ni el alojamiento, sino sólo compartir su mismo modo de vida. A un escriba deseoso de unirse a los suyos, le responde: «Las zorras tienen
guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza».

El pasaje evangélico de las bienaventuranzas, verdadero «autorretrato» de Jesús, aventurero del amor del Padre y de los hermanos, es de principio a fin una paradoja, aunque estemos acostumbrados a escucharlo:
«Bienaventurados los pobres de espíritu..., bienaventurados los que lloran..., bienaventurados los perseguidos por... la justicia..., bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será
grande en los cielos».

Pero los discípulos confiaban en aquel aventurero. Desde hace dos mil años y hasta el fin del mundo no se agota el grupo de los que han seguido a Jesús. Basta mirar a los santos de todos los tiempos. Muchos de ellos forman parte de aquella bendita asociación de aventureros. ¡Sin dirección, sin teléfono, sin fax...!


Quinto defecto: Jesús no entiende ni de finanzas ni de economía

Recordemos la parábola de los obreros de la viña: «El Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Salió luego hacia las nueve y hacia mediodía y hacia las tres y hacia las cinco.., y los envió a sus viña». Al atardecer, empezando por los últimos y acabando por los primeros, pagó un denario a cada uno.

Si Jesús fuera nombrado administrador de una comunidad o director de empresa, esas instituciones quebrarían e irían a la bancarrota: ¿cómo es posible pagar a quien empieza a trabajar a las cinco de la tarde un salario igual al de quien trabaja desde el alba? ¿Se trata de un despiste, o Jesús ha hecho mal las

cuentas? ¡No! Lo hace a propósito, porque -explica-: «¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero?, ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?».

Y nosotros hemos creído en el amor

Pero preguntémonos: ¿por qué Jesús tiene estos defectos?
- ¡ Porque es Amor ¡. El amor auténtico no razona, no mide, no levanta barreras, no calcula, no recuerda las ofensas y no pone condiciones.


Autor: Monseñor Francisco Xavier Nguyen Van Thuan. TOMADO DE: Webcatólicadejavier

domingo, noviembre 9

NUEVE CARTAS DE NAVIDAD PARA TI...

Estaba pensando que escribir para esta entrada y dando una vuelta por el contenido de la Revista Vincentiana encontré unas cartas de Adviento que son habituales año tras año enviadas esta vez por nuestro anterior Superior General el Padre Robert Maloney , CM.

Cada carta conlleva un compromiso personal de conversión y de entrega renovada al Señor y la construcción de Su Reino. Sugiero que las cartas además de la lectura y compromisos personales, también puedan ser trabajadas en grupo y como material para la misión de navidad que se aproxima son una excelemte fuente.

Jóvenes y no tan jóvenes que visitan este BLOG ánimo. Que esta navidad nos traiga una conversión más profunda y una alegría renovada.
Recomiendo leerlas despacio, meditadas, en oración y con papel y lápiz para escribir las resoluciones prácticas que de ellas salga... (inserto un pequeño texto de cada una para daros un abrebocas)

Primera Carta: Una Navidad con San José. (clic para descargar)
El Adviento está con nosotros. Imaginen lo que sintió José cuando se aproximaba el nacimiento de su misterioso hijo: perplejo, emocionado, atemorizado. Sin embargo en su perplejidad, este carpintero de medios modestos, tuvo enormes recursos. La palabra de Dios fue su fortaleza. La fe profunda fue su luz en la oscuridad. Le permitió ver la presencia de Dios incluso cuando el sufrimiento, la privación y la violencia parecían reinar.

Segunda Carta: Encarnación desde el cántico de Filipenses 3.
El Adviento es un tiempo de serena reflexión. Hermanos, les exhorto a hacer de él un momento para aceptar más plenamente la condición humana que compartimos con Jesús, con sus alegrías y penas, con sus momentos de aceptación y rechazo, salud y enfermedad, e incluso muerte. Espero también que este Adviento sea un tiempo en el que toda la Congregación pueda estar más plenamente identificada con los pobres en su falta de poder, como lo estuvo Jesús, la Palabra hecha carne. Entonces podremos ciertamente proclamarle más auténticamente como Señor, ya que —como nos dice Pablo— en su anonadamiento fue exaltado y en su muerte resucitado.

Tercera carta: Cristología de San Juan 1 y búsqueda de la sabiduría en navidad.
Les exhorto este Adviento a pedir que la sabiduría de Dios pueda nacer de nuevo en su corazón. La Sabiduría es crucial en la vida, especialmente en nuestras vidas de anunciadores de la buena noticia. ¿Se han dado Vds. cuenta alguna vez cómo presenta el Libro de los Proverbios la sabiduría del misionero? Ella es un predicador que clama por las calles un mensaje de reproche y de promesa en la plaza del mercado y a las puertas de la ciudad (1, 20-33). Los primeros lectores del himno de Juan ciertamente eran muy conscientes de las apasionantes palabras de los Proverbios". El principio de la sabiduría es: adquiere la sabiduría....Aférrate a la instrucción, no la sueltes, guárdala, que es tu vida" (4, 7-13).

cuarta carta: Búsqueda del Señor con los Reyes Magos.
"Un gran teólogo moderno, reflexionando sobre los Magos, escribió una vez: A(Vayamos también avanzando en el aventurado viaje del corazón hacia Dios! (Corramos! Olvidemos lo que queda atrás. Todo un futuro se presenta abierto ante nosotros. Todas las posibilidades de la vida están todavía abiertas, porque aún podemos encontrar a Dios, encontrar todavía más. El vacío humano es superado por aquellos que corren al encuentro de Dios, del Dios cuya realidad más pequeña es mucho más grande que nuestra mayor ilusión, el Dios que es eterna juventud..." Karl Rahner.

quinta carta: Navidad Gozo de Ängeles y de humildes pastores de ovejas.

El ángel deja muy claro que la noticia que él proclama es gozosa. Para subrayar este punto, Lucas trae a escena todo un coro angélico que glorifica a Dios. Como evangelizadores, ¿somos nosotros portadores de alegría? ¿Nuestra presencia en medio de los pobres es "buena noticia"? ¿Sabemos cómo celebrar al Señor que se acerca? ¿Es evidente que, como los pastores, estamos contentos de dar a conocer el mensaje que se nos "ha anunciado de este niño"? (2,17). El Adviento y la Navidad son momentos de profunda alegría. ¿Sabemos compartir en estos días la alegría de los pobres y añadir la nuestra a la suya?...

Tengo la experiencia personal - el Adviento siempre me lo recuerda - de que llevamos nuestra fe y nuestra esperanza “en vasijas de barro” (2 Cor 4, 7). Cantamos nuestros cánticos de liberación, a veces, con confianza; pero, frecuentemente, entre dudas y temores. San Agustín, en una estupenda lectura que la Iglesia ha colocado en la Liturgia de las Horas, nos alienta: Cantemos aquí, en la tierra, el Aleluya, aún en medio de nuestras dificultades, para que podamos luego cantarlo allá, estando ya seguros... Las maravillas de Dios se cantan allá y aquí. Aquí, las cantamos en medio de la ansiedad; allá, en seguridad; aquí, las cantan los que han de morir; allá, los que han de vivir para siempre; aquí, se cantan en esperanza; allá, en el cumplimiento de la esperanza; aquí, las cantan los que están todavía en camino; allá, los que ya viven en su patria. Por tanto... cantemos ahora... cantemos tal como suelen cantar los caminantes: canta, pero camina... Canta y camina a la vez.

septima carta: Adviento un llamado de PAZ personal, relacional y social.
"!les pido que se unan a mí en un himno entusiasta del siglo XVIII que, en una interpretación musical del segundo capítulo de Lucas, proclama el mensaje de los ángeles y nuestra fe:
¡Gloria al Rey recién nacido;
paz en la tierra y dulce gracia,
Dios y los pecadores reconciliados!”
Canten de alegría todas las naciones,
únanse al triunfo de los cielos;
proclamen con el ejército de los ángeles:
¡Cristo ha nacido en Belén!”
¡Escucha! Los ángeles mensajeros cantan:
¡Gloria al Rey recién nacido!”.

octava carta: Cuatro mujeres mencionadas en la genelaogía de Mateo, cómo nos pueden ayudar a vivir el misterio del Adviento.
La genealogía aparentemente aburrida de Mateo hoy nos plantea un reto muy apropiado: ¿permanecemos aislados, como Mateo temía que fuese el caso de muchos de sus lectores? ¿Estamos tan embebidos en nuestro propio trabajo y en nuestra provincia que rara vez alzamos la mirada hacia el ancho mundo de los pobres de otros continentes y hacia nuestros hermanos y hermanas que allí les sirven? ¿Nos sentimos miembros de una Familia universal y vivimos en solidaridad activa con quienes son aún más pobres que nosotros, compartiendo con ellos nuestro amor afectivo y efectivo, parte de nuestros bienes materiales y nuestra oración?

novena carta: Navidad compartida con la María histórica.
Dietrich Bonhoeffer, un teólogo mártir, ejecutado por los nazis, escribió esto: “La canción de María es el más antiguo himno de Adviento. Es a la vez el himno más apasionado, desenfrenado e, incluso se podría decir, el más revolucionario himno de Adviento jamás cantado. Ésta no es la María dulce, tierna y de ensueño que a veces vemos en los cuadros; quien aquí habla es la María apasionada, entregada, vehemente y entusiasta. Esta canción no tiene nada del tono dulce, nostálgico o hasta juguetón de algunos de nuestros villancicos de Navidad. Al contrario, es un canto duro, fuerte e inexorable sobre los tronos que se desploman y señores de este mundo que son humillados, sobre el poder de Dios y la debilidad de la humanidad”.
Este Adviento me uno a María y a ustedes cantando su resonante canto. Que sea una alabanza del poder de Dios y una profecía del mundo que vendrá.


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sábado, noviembre 8

IGLESIA EVANGELIZADORA SEGÚN EVANGELI NUNTIANDI

Quien lee en el Nuevo Testamento los orígenes de la Iglesia y sigue paso a paso su historia, quien la ve vivir y actuar, se da cuenta de que ella está vinculada a la evangelización de la manera más íntima:

-—La Iglesia nace de la acción evangelizadora de Jesús y de los Doce. Es un fruto normal, deseado, el más inmediato y el más visible "Id pues, enseñad a todas las gentes" (37). "Ellos recibieron la gracia y se bautizaron, siendo incorporadas (a la Iglesia) aquel día unas tres mil personas... Cada día el Señor iba incorporando a los que habían de ser salvos" (38).

—Nacida, por consiguiente, de la misión de Jesucristo, la Iglesia es a su vez enviada por El. La Iglesia permanece en el mundo hasta que el Señor de la gloria vuelva al Padre. Permanece como un signo, opaco y luminoso al mismo tiempo, de una nueva presencia de Jesucristo, de su partida y de su permanencia. Ella lo prolonga y lo continúa. Ahora bien, es ante todo su misión y su condición de evangelizador lo que ella está llamada a continuar (39). Porque la comunidad de los cristianos no está nunca cerrada en sí misma.

En ella, la vida íntima —la vida de oración, la escucha de la Palabra y de las enseñanzas de los Apóstoles, la caridad fraterna vivida, el pan compartido (40)— no tiene pleno sentido más que cuando se convierte en testimonio, provoca la admiración y la conversión, se hace predicación y anuncio de la Buena Nueva. Es así como la Iglesia recibe la misión de evangelizar y como la actividad de cada miembro constituye algo importante para el conjunto.

—Evangelizadora, la Iglesia comienza por evangelizarse a sí misma. Comunidad de creyentes, comunidad de esperanza vivida y comunicada, comunidad de amor fraterno, tiene necesidad de escuchar sin cesar lo que debe creer, las razones para esperar, el mandamiento nuevo del amor. Pueblo de Dios inmenso en el mundo y, con frecuencia, tentado por los ídolos, necesita saber proclamar "las grandezas de Dios" (41), que la han convertido al Señor, y ser nuevamente convocada y reunida por El. En una palabra, esto quiere decir que la Iglesia siempre tiene necesidad de ser evangelizada, si quiere conservar su frescor, su impulso y su fuerza para anunciar el Evangelio. El Concilio Vaticano II ha recordado (42), y el Sínodo de 1974 ha vuelto a tocar insistentemente este tema de la Iglesia que se evangeliza a través de una conversión y una renovación constante, para evangelizar al mundo de manera creíble.

—La Iglesia es depositaria de la Buena Nueva que debe ser anunciada. Las promesas de la Nueva Alianza en Cristo, las enseñanzas del Señor y de los Apóstoles, la Palabra de vida, las fuentes de la gracia y de la benignidad divina, el camino de salvación, todo esto le ha sido confiado. Es ni más ni menos que el contenido del Evangelio y, por consiguiente, de la evangelización que ella conserva como un depósito viviente y precioso, no para tenerlo escondido, sino para comunicarlo.

—Enviada y evangelizada, la Iglesia misma envía a los evangelizadores. Ella pone en su boca la Palabra que salva, les explica el mensaje del que ella misma es depositaria, les da el mandato que ella misma ha recibido y les envía a predicar. A predicar no a sí mismos o sus ideas personales (43), sino un Evangelio del que ni ellos ni ella son dueños y propietarios absolutos para disponer de él a su gusto, sino ministros para transmitirlo con suma fidelidad.

Imagen: Iglesia de Gigante (Huila Colombia -click sobre la foto) Tomado de: www.vatican.va

miércoles, noviembre 5

MATERIAL PARA VOCACIÓN MISIONERA

OBJETIVO

Asumir en la vida personal la belleza del seguimiento. Que el joven redescubra la presencia de ese Hombre original, libre, autentico, transparente y de gran corazón y se decida a seguirlo.

CANTO

ORACIÓN DE SAN FRANCISCO

Hazme un instrumento de tu paz
Donde haya odio lleve yo tu amor
Donde haya injuria, tu perdón, Señor
Donde haya duda, fe en Ti.

Maestro ayúdame a nunca buscar,
querer ser consolado, como consolar,
ser comprendido, como comprender,
ser amado, como yo amar.

Hazme un instrumento de tu paz,
Que lleve tu esperanza por doquier,
Donde haya oscuridad lleve tu luz,
Donde haya pena, tu gozo, Señor.

Hazme un instrumento de tu paz,
Es perdonando que nos das perdón,
Es dando a todos que Tu te nos das,
Muriendo es que volvemos a nacer.

ILUMINACIÓN

Y les dijo: vayan por todo el mundo y proclamen la buena noticia en toda criatura (Mc 16,15).

Motivación "El alfarero"

Entregar a cada uno de los participantes un poco de barro (o arcilla, o masa, o plastilina: cualquier material que se pueda moldear) y pedirles que cada uno haga una figura que simbolice su propia vida, para después compartirlo con los demás.


Luego de que todos han compartido sus figuras, leer la cita de Jer 18,1-6:

Palabra que llegó a Jeremías de parte del Señor, en estos términos: "Baja ahora al taller del alfarero, y allí te haré oír mis palabras". Yo bajé al taller del alfarero, mientras él trabajaba en el torno. Y cuando la vasija estaba le salía mal, como suele pasar con la arcilla en manos del alfarero, él volvía a hacer otra, según le parecía mejor. Entonces la palabra del Señor me llegó en estos términos: "¿No puedo yo tratarlos a ustedes, casa de Israel, como ese alfarero? -oráculo del Señor-. Sí, como la arcilla en la mano del alfarero, así estan ustedes en mi mano, casa de Israel.


Discípulos de Jesús

Dios nos invita a dejarnos moldear por sus manos, como el arcilla se deja dar forma por el alfarero. El discípulo es aquel que se entrega a las manos de su Maestro y se deja modelar dócilmente.


Entonces, ¿en qué consiste ser discípulo de Jesús? Veamos cómo se comportaron los primeros discípulos de Jesús. Para ello, entregar a los participantes la siguiente consigna:


Cada una de las citas enumeradas más abajo, muestra una o más características que debe tener el que quiera ser discípulo de Jesús. Determina cuál es esa característica y qué significa para el cristiano de hoy.

1.- Lc 5,11

2.- Mt 10,38-42

3.- Jn 2,11

4.- Lc 14,26

5.- Lc 14,33

6.- Lc 14,27

7.- Jn 15,14

8.- Lc 19,37

9.- Jn 13,35

10.- Jn 15,8



De las citas, podemos determinar que el discípulo:

  • Deja todo y sigue a Jesús (Lc 5,11)
  • Se sienta a los pies de Jesús y escucha su Palabra (Mt 10,38-42)
  • Cree en Jesús(Jn 2,11)
  • Ama profundamente a Jesús más que a nada en el mundo (Lc 14,26)
  • Renuncia a todo lo que posee (Lc 14,33)
  • Carga con su cruz (Lc 14,27)
  • Hace la voluntad de Jesús (Jn 15,14)
  • Alaba a Dios (Lc 19,37)
  • Ama a sus hermanos (Jn 13,35)
  • Da frutos (Jn 15,8)

Donde

  • Dejarlo todo y seguir a Jesús significa abandonar todo aquello que sé que me aparta de Dios, para seguir el camino que Jesús me indica, y seguir su ejemplo de vida.
  • Sentarse a los pies de Jesús significa darme un tiempo suficiente, con calma, con atención, con el corazón dispuesto para escuchar la Palabra de Jesús, para escuchar sus enseñanzas. Significa dedicar un tiempo suficiente a aprender más acerca de lo que Jesús enseñó y dijo.
  • Creer en Jesús significa entender que todo lo que hizo y dijo Jesús no son simplemente acontecimientos históricos y palabras bonitas, sino enseñanzas para mi vida, para que yo ponga en práctica.
  • Amar a Jesús más que a nada en el mundo significa que Jesús tiene que ser para mí una persona viva, a quien amo, no un "personaje de historia" a quien simplemente admiro. Y tengo que amarlo más que a todas las otras cosas y personas de mi vida, es decir, que El tiene que ser el centro de mi vida.
  • Renunciar a todo lo que se posee significa, no dejar todas las cosas que uno tiene en la vida (casa, familia, trabajo), sino darles la importancia que les corresponde, y no vivir aferrado a ellas.
  • Carga con la cruz significa aceptar las propias limitaciones, los defectos, y todas aquellas cosas que me cuestan en la vida o que podrían hacerme volver atrás y, a pesar de todo ello, seguir adelante junto a Jesús.
  • Hacer la voluntad de Jesús significa no quedarse solamente con las palabras de Jesús como enseñanzas bonitas, sino ir transformando mi vida aplicando en ella todo lo que voy aprendiendo y conociendo acerca de Jesús y su Mensaje.
  • Alabar a Dios significa que el discípulo debe ser un hombre de oración, que siempre encuentra un momento para comunicarse con Dios y para alabarlo.
  • Amar a los hermanos significa que el discípulo no puede vivir su relación con Dios dejando de lado a los demás. El discípulo se compromete con sus hermanos, con sus alegrías y sufrimientos y comparte con ellos lo que vive junto a Jesús.
  • Dar frutos significa que un discípulo no puede limitarse a aprender a conocer y amar a Jesús. Es preciso que los demás se den cuenta que él conoce y ama a Jesucristo. Para ello, debe dar frutos, es decir, volcar en obras lo que está aprendiendo junto a Jesús.

CONCLUSIÓN

Para el Cristiano, aceptar el evangelio y, por consiguiente, conformarse siempre más con la voluntad de Dios, son procesos que no terminan. La conversión, pues, aunque se puede dar una fecha a su principio, se desarrolla permanentemente en el individuo y esta proyectada hacia el futuro. "amar al Señor con todo el corazón... y al prójimo como así mismo", no es algo que se realice de un día para otro. Es conversión la fe que espera todo de la comunión con Dios, pone sus esperanzas en ella y se entrega al prójimo, aunque este no tenga ningún derecho y merezca este don de si.

En la practica de la vida Cristiana, la conversión es siempre un proceso de evolución progresivamente y esta basado en el descubrimiento de la misericordia de Dios.

Joven de amor, la invitación a la misión es la constante confianza que Dios deposita en sus hijos para asumir tan singular tarea de vida, "atrévete a ser diferente" no permitas que la opinión vaga de los que te rodean, te alejen de un compromiso sin precedentes, para que escribas decididamente tu historia y nuestra historia de comunidad y pueblo en la vida del hombre, los obstáculos serán demasiados, pero recuerda "yo estaré con ustedes hasta el fin de los tiempos".


Ser misionero es ir a donde seas necesario pero no requerido y permanecer ahí hasta que seas querido pero no necesario.

CANTO

ALMA MISIONERA
Señor, toma mi vida nueva
antes de que la espera,
desgaste años en mí;
estoy dispuesto a lo que quieras
no importa lo que sea, tu llámame a servir.

Llévame donde los hombres
Necesiten tu palabra,
necesiten mis ganas de vivir,
donde falte la esperanza
donde todo sea triste,
simplemente por no saber de Ti.

Te doy mi corazón sincero,
para gritar sin miedo:
¡Lo hermoso que es tu amor!
Señor, tengo alma misionera,
condúceme a la tierra que tenga sed de ti.

Y así en marcha iré cantando,
por pueblos predicando tu grandeza Señor;
tendré mis brazos sin cansancio,
tu historia entre mis labios,
mi fuerza en la oración.

Material tomado de la Página de las Obras Misionales de Venezuela. OMP.

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