miércoles, agosto 24

TELEVISIÓN: ARMA DEL DIABLO

Extractos del P. Ramón Sarmiento en su librito “La Televisión ¿educa, entretiene?...

En una carta aparecida en “Europe Magazine” (número 895) se decía textualmente: “Tenemos que corromper la masa de los pueblos embruteciéndolos y degradándolos con la televisión”…Este portentoso invento que debiera usarse para difundir la cultura y la educación de los hombres, ha caído en manos del diablo: manipuladores sin conciencia lo utilizan con fines rastreros como instrumento de corrupción e inmoralidad. En la pantalla de la televisión todo se refleja, todo se evoca, todo se figura y representa, todo, menos una sola cosa: Dios. Es Él el único ausente, nunca aparece en el receptor televisivo. 

Esta puede ser útil a la sociedad, pero actualmente es negativa al apartar de ella todo sentido cristiano de la vida: lo podemos ver en las películas: es muy raro que aparezca una imagen religiosa, y si aparece, es para ridiculizarla o difamarla… los efectos de la televisión, mal usada, lo podemos ver en los niños y jóvenes, principales afectados, aunque no los únicos, pues la mayoría de los adultos ya actúan también como ven y oyen en televisión. Muchos padres echan la culpa del atraso de sus niños a diferentes causas, pero la causa del mal es otra: la televisión, el exceso de horas que los niños pasan ante el televisor, ahora también en videojuegos, Internet, etc. Todo esto es un obstáculo directo, frontal y permanente que atenta contra la razón humana, la inteligencia, la primera potencia del hombre.


La televisión por los medios que le son propios introduce al hombre en un mundo irreal y ficticio, totalmente aislado, sin conexión con el mundo real. Como la televisión no ayuda a pensar, fomenta la holgazanería, hunde al espectador en un fangal o charco de mediocridad, de fatuidad. En resumen, la televisión amputa la razón, debilita o enferma la voluntad, desmedra o empobrece la memoria, enerva las tres potencias del alma. Los estragos de la televisión son indescriptibles, corroe la voluntad. 


¿Será erróneo o inconsistente afirmar que la televisión actúa como narcótico maléfico insensiblemente sobre sus víctimas?... Hay paridad entre un drogadicto y el ahíto de imágenes obsesivas. El primero abusa de la droga para aplacar acaso una afección que considera insoportable, el segundo para saturar las apetencias de la voluntad.


Los niños y los jóvenes son las víctimas principales de la televisión. Hallándose vaciada su mente, incapaces de pensar o discurrir con sosiego, así desconcertados, se han despojado de uno de los sentidos en una actitud que asombra y espanta. Evitemos el engaño de imaginar que los adultos se hallan inmunizados contra el contagio y el influjo destructor de la televisión por más formados y curtidos que los supongamos. Es grave la responsabilidad contraída en orden a vigilar sobre el abuso y uso del pernicioso instrumento para toda la familia.


Volviendo al tema de la televisión, el ritmo rapidísimo y el movimiento acelerado en extremo, dejan pasar inadvertidas muchas imágenes al ojo humano, ya que éste no las capta, éstas más bien son las que atrapan la mirada o la absorben. La televisión al hallar desocupado el ojo lo colma con imágenes fugacísimas. 


El ojo, está dicho y es cosa muy sabida, es la ventana del alma; las películas, la actualidad filmada, la información audiovisual son como postigos delante de dicha ventana. Dicho de otro modo, la televisión es la máquina perfecta que facilita la fabricación de imágenes que la masa ignorándolo acumula y almacena. La televisión actual tiende a lanzar imágenes e ideas que satisfagan la concupiscencia, el egoísmo, el hambre de riquezas, así la televisión disuelve el lazo familiar y también social.


La televisión proporciona a los enemigos del género humano ventajas inapreciables. Les facilita el entrometerse a sus anchas en el foro de la intimidad hogareña y explotar lo mejor del tiempo con innumerables distracciones inútiles. La televisión roba horas muy preciosas, las del final de la jornada en que se reúnen todos los miembros de la familia: los padres que vuelven del trabajo, los hijos que regresan de la escuela. 


El momento en que todos reunidos deben aprovechar para rezar el Rosario, para cambiar impresiones y comentar los sucesos de la jornada y disfrutar de unas horas de intimidad y convivir luego del ajetreo diario y de un día de forzada separación o agitación ¿Es justo despreciar estos instantes de mutua y agradable convivencia, y oración familiar para derrocharlos en la voracidad de la televisión? Si tan deplorables daños produce la televisión en el ámbito del hogar, ¿qué decir en el cuerpo social? Si se malea al primero, se corromperá el segundo.


Indudablemente la televisión podría ser un arma muy útil para educar, para catequizar, para sembrar óptimos ideales, ideales cristianos, católicos. Pero actualmente, la televisión está en un noventa por ciento en manos del diablo, y sus agentes, que son los que corrompen las familias, la juventud, la niñez… con sus ideas ateas, paganas, anticristianas. De ahí se deducen las siguientes consecuencias prácticas:


1.- Los padres deben controlar muy particularmente los programas que sus hijos ven en televisión, programas, películas, vídeos, videojuegos, Internet, etc. de manera que eliminen los que sean negativos y anticristianos.


2.- El tiempo que se permanezca ante el televisor, aunque sean buenos programas, no deben ser excesivo para evitar males físicos, así como el embotamiento del cerebro.


3.- A nivel de familia, de parroquia, de diócesis, de Iglesia Católica en general, deben fomentarse las televisiones cristianas, las filmotecas cristianas (con películas cristianas, formativas, ejemplares, de distracción sana), para ello los cristianos, los católicos, deben colaborar con generosidad en este aspecto: una buena televisión, una buena filmoteca es también propagar el Evangelio, misión fundamental de todo el pueblo cristiano, desde el Papa hasta el último monaguillo. Asimismo las empresas católicas, cristianas, más que buscar beneficios económicos, deben buscar el apostolado: es triste que una película pornográfica cueste menos que una película de Jesús, de Santos, o formativas.

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