Nuestro origen misionero surgió gracias a las misiones, en las misiones populares, pues allí, en medio de los pobres, el Señor fue iluminando el camino a Vicente de Paúl y a Luisa de Marillac, para que dieran su vida en favor de los pobres, "nuestros amos y señores", para que formaran y prepararan a todos aquellos que Él mismo iba agregando para su servicio.
La pastoral juvenil de las Hijas de la Caridad de la Provincia de Bogotá, se propone animar e impulsar la formación misionera de todos sus movimientos juveniles; quiere hacer también actividades misioneras, sobre todo en el campo de la formación y animación de comunidades misioneras, para poder tener numerosos, cualificados y santos misioneros (as), reconociendo el valioso tesoro que hay en el laicado; pues el rol del laico es importante y necesario, sin su presencia la misión queda reducida y, podríamos decir que débil, porque en este siglo XXI, han ido disminuyendo los ministros y los candidatos a la vida consagrada como también a la vida religiosa. Hay un atarea grande en la familia Vicentina pero nos faltan personas, y muchos no se acercan porque no quieren ser ni Sacerdotes ni Hermanas, pero si quieren ser misioneros; a estos los exhortamos y las abrimos las puertas, para colaborar en la viña del Señor.
Seguramente de esta actividad misionera saldrán algunos que quieran dedicar su vida a la misión, o, al menos, algún tiempo, otras personas serán futuras vocaciones tanto para la Congregación de la Misión como para las HIjas de la Caridad. Todos los bautizados somos misioneros en medio de la Iglesia que nos acoge, nos prepara y nos envía como portadores de la Buena Noticia, es decir, estamos llamados a continuar la Misión que Jesús encomendó a la Iglesia: "Vayan por todo el mundo y proclamen el Evangelio a toda la humanidad" (Mc 16,15). Aquí se hace necesario comprender que sin la formación, no tendremos verdaderos misioneros; hay que formar a los discípulos para que ellos también, desde allí, se conviertan en misioneros, desde el lugar y profesión donde se encuentren. "El discípulo es misionero y el misionero tiene que ser discípulo de Cristo"2. San Vicente de Paúl dejó a los Misioneros las cinco virtudes, que bien podríamos decir que son el alma y el centro del misionero Vicentino: "Humildad, Sencillez, Mansedumbre, Mortificación, y Celo por la salvación de las almas".
Siguiendo los pasos de San Vicente que "reunió a los primeros misioneros para evangelizar juntos a los pobres"3, nos sentimos llamados desde nuestra pobreza y limitacion para llavar a cabo esta bella y nobre obra. Hacer lo que hizo el Hijo de Dios, ir de pueblo en pueblo anunciando la buena noticia y la llegada del reino de Dios; con la esperanza de alcanzar una Colombia en paz, justa, solidaria, donde todos podamos vivir como hermanos que se quieren bien.
Genry Cristóbal Yasnó, CM.
_________________________________________________________________
2Ibid p 32.
3Instrucción sobre los votos de la congregación de la Misión, p 37.