Vicenzo
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El espiritu misionero vicenciano - ayer y hoy

Robert P. Maloney, C.M. Berceau de San Vicente de Paul

Os pido en esta ocasión, mis queridos hermanos y hermanas, que dediquéis unos momentos para reflexionar juntamente conmigo en el nombre que llevamos. San Vicente nos recuerda que desde nuestros primeros orígenes la gente espontáneamente nos llamaba "los misioneros"[fo1]. El Señor nos envía. Nuestra vocación no es permanecer fijos en un ùnico lugar para echar raices con una presencia permanente. Jesús nos habla como habló a sus discípulos al final del Evangelio de San Marcos: "¡Id ¡. Id a todo el mundo y predicad el evangelio a todas las criaturas"[fo2].

La misión no es meramente una actividad de la Iglesia; es su misma razón de ser. En el curso de la historia de la Iglesia, la misión ha ido tomando formas diferentes: predicación, enseñanza, testimonio, cruzada, diálogo, asesoramiento, acompañamiento, liberación e inculturación.

¿Qué significado tiene, por consiguiente, el ser un misionero vicentino?. Esta es una pregunta crucial para todos nosotros, porque toca nuestra propia identidad. No hay duda de que hemos sido llamados. La mayor parte de los aquí presentes somos miembros de la Congregación de la Misión. Todos somos misioneros.

Algunas caracteristicas del misionero vicenciano

Permitidme presentaros en forma esquemática algunas características del misionero vicentino. Sin duda hay otras muchas. Os animo a que vosotros completéis la lista con vuestras propias reflexiones.

Pocas cosas están tan claras en el Nuevo Testamento. Jesús procede del Padre y va al Padre, [fo3]fuente de toda misión. Su trabajo es un ministerio itinerante. Da a sus seguidores un mandato: "Id al mundo entero y predicad el evangelio a todas las criaturas"[fo4].

San Vicente es sumamente explícito cuando habla de la necesidad de moverse: "Salid, misioneros, salid. Pero...¿todavía estais aquí?. ¡Mirad a las pobres almas que os están esperando, cuya salvación depende, quizás, de vuestra predicación y catequesis![fo5]". San Vicente presenta ante los ojos de la Compañía la figura de los grandes misioneros de otras comunidades que han ido a las Indias, al Japón, al Canadá para completar el trabajo que Jesucristo empezó en este mundo y que nunca abandonó desde la hora en que fue llamado por su Padre.![fo6]

La Iglesia existe para evangelizar, para proclamar que Jesús es el Señor. Esto es lo que también hacemos nosotros. Esto significa que nosotros hemos de movernos con agilidad y con rapidez cuando surjan nuevas necesidades. Nuestro amor ha de ser expansivo como el fuego. Hemos de sentirnos ansiosos de comunicar a otros la buena noticia de que Jesús está vivo y presente.

Uno de los signos principales de que estamos llenos de un espíritu misionero móvil es la buena disposición de abandonar aquellos lugares en los que la Iglesia se halla firmemente establecida, donde otros están ejerciendo ya los ministerios apostólicos, con el fin de liberarnos para cubrir necesidades más urgentes que otros no pueden satisfacer, o para llegar a otros grupos que en la actualidad están totalmente olvidados.

El núcleo de nuestra misión es la evangelización, término que, en la tradición católica, se ha tomado siempre en un concepto amplio e inclusivo[fo7]. Pablo VI lo expresó de la manera siguiente: "Evangelización es un proceso complejo compuesto de varios elementos: la renovación de la humanidad, el testimonio, la proclamación explícita......"[fo8]

San Vicente nos dice que la evangelización implica "palabra y trabajo". Primero debemos hacer y después enseñar. Para Vicente de Paúl evangelización implica no solo la predicación sino también la acción. Exhorta a los Padres y a las Hijas de la Caridad a servir a los pobres "espiritual y corporalmente."

A la luz de la enseñanza de Vicente de Paúl, nuestra evangelización estará totalmente viva cuando proclamamos la Buena Noticia:

a. a través del lenguaje de obras[fo9]: realizando obras de justicia y de misericordia, las cuales son signos de que el Reino de Dios se encuentra vivo entre nosotros.

b. a través del lenguaje de palabras: anunciando con convicción profunda la presencia del Señor, su amor, su oferta de perdón universal.

c. a través del lenguaje de relaciones: estando con los pobres, trabajando con ellos, formando una comunidad que manifiesta el amor universal de Dios.

Esta es la forma precisa cómo Vicente de Paúl imaginó su misión. En una época cuando el viajar era algo difícil y cuando la mayor parte de la gente moría a pocos kilómetros del lugar de su nacimiento, el envió misioneros a Polonia, Italia, Algeria, Madagascar, Irlanda, Escocia, Las Islas Hébridas, y las Islas Orcadas. El mismo en su vejez quiso ponerse en camino para las Indias.[fo10]

En especial, dos signos deberían testimoniar por parte nuestra esta atención global.

- Un primer signo concreto de esta atención es la habilidad de responder a las necesidades urgentes a través de todo el mundo. Nunca debemos permitir que las barreras provinciales nos detengan. Cuando las necesidades de la Iglesia sean más urgentes en otras partes, deberíamos irnos allí con toda libertad.

- Un segundo signo de una perspectiva internacional es la solidaridad entre nuestras Provincias. Os insto a que cooperéis unos con otros. Esto está ya teniendo lugar a través de reuniones a nivel nacional y regional, pero quiero animaros especialmente a que cooperéis unos con otros en las misiones populares, en la formación de misioneros, y en la ayuda a las provncias más necesitadas. Hay un sin fin de cosas que podemos realizar más eficazmente en conjunto que por separado.

Como Karl Rahner ha mencionado repetidas veces, es únicamente en el siglo veinte cuando el Catolicismo ha llegado a ser con toda realidad una "Iglesia Universal"[fo11]. En mi estancia en Roma, estoy experimentando esto con cierto dramatismo. Nuestra Propia Congregación está ahora siendo más internacional especialmente con la apertura de nuevas misiones en lugares tan remotos como Tanzania, Las Islas Solomon, Albania, El Altoplano de Bolivia, Mozambique, China, Kharkiv en la Ucrania, y Siberia.

Mientras que en el periodo inmediatamente después del Vaticano II se dio un gran énfasis a la identidad, gobierno y normas provinciales, ahora sin embargo se está revitalizando una atención a nuestro ser misionero de naturaleza global y universal.

San Vicente sintió fuertemente la necesidad de aprender otras lenguas. Nos lo dijo de la manera siguiente[fo12]:

En la actualidad, la diversidad de idiomas es muy grande, no sólamente en Europa, Africa y Asia, sino también en Canadá. Por los informes que recibimos de los Padres Jesuitas vemos que hay tantos lenguajes como tribus. Los Hurones no hablan como los Iroquois, ni estos últimos como sus vecinos. Y una persona que entiende la lengua de un grupo de Indios no entiende la de otros grupos.

Teniendo presentes estas diferencias de idiomas, ¿cómo puedránn ir los misioneros por todo el mundo anunciando el evangelio si conocen únicamente su propia lengua?

La Asamblea General de la Congregación de la Misión del año 1992, en su tercer compromiso, habla de diálogo con la sociedad contemporánea. He hecho llamamiento repetidas veces a todos los candidatos para la Congregación y al mayor número posible de miembros a que lleguen a ser bilingues. El diálogo y la mobilidad en esta sociedad contemporánea lo exige. En los Estados Unidos, por ejemplo, casi el cincuenta por ciento de los católicos tienen una lengua distinta del inglés como su lengua nativa. La lengua hispana ha llegado a ser allí una herramienta totalmente necesaria para el misionero. Encontramos una situación semejante en otros muchos paises.

Se ha descrito a San Vicente como el líder religioso más equilibrado de su tiempo. Combinaba la teoría y la práctica con suma destreza. Si bien tenía muy claros los principios, los aplicaba con flexibidad. Su vida y sus ministerios son una clara evidencia de su habilidad para ejecutarlo. Así, por ejemplo, la virtud de la sencillez era su virtud preferida, pero sin embargo el sabía muy bien cómo guardar silencio cuando la prudencia se lo pedía. Creía firmemente en la importancia de la fidelidad a la propia vocación y en ocasiones luchó fuertemente para evitar que algunos miembros abandonasen sus ministerios.

Pero también se daba cuenta de que algunos miembros tenían una influencia maligna y daba gracias a Dios cuando se marchaban, acelerándoles en muchos casos su salida.[fo13]

Hoy día el misionero ha de tener una mentalidad flexible en lo tocante a la evangelización. En una época de cambios rápidos, la rigidez es un enemigo y la flexibilidad es un aliado. Por ejemplo, uno de los cambios más significativos que ha tenido lugar en la Iglesia desde el Vaticano II es el rol del laicado.

Hoy nos damos cuenta más que nunca de que el laicado tiene una función esencial en anunciar la Buena Noticia[fo14]. Por eso las Constituciones de la Congregación de la Misión[fo15] dan una llamada a los sacerdotes y hermanos de la Congregación a que no sólamente evangelicen al pobre como misioneros, sino que formen a otros - sacerdotes, hermanos, hermanas, señoras y señores laicos - para que participen de lleno en la evangelización del pobre. ¿Somos flexibles en aceptar las funciones tan impontantes que los laicos tienen en la evangelización?. ¿Tenemos la flexibidad requerida para cooperar armoniosamente con ellos?

San Vicente era inflexible en este particular. Pocos santos son tan precisos como Vicente de Paúl. Se dió cuenta de que la evangelización integral requería organización para poder servir eficazmente al pobre. Para conseguir este fin, Vicente fundó dos comunidades y formó abundantes grupos de laicos. Los Misioneros y las Hijas de la Caridad habrían de establecer las Cofradías de la Caridad en todos los lugares a donde fuesen.[fo16]

San Vicente llevó las mismas estrategias organizativas a la formación del clero, que él describía en alguna ocasión como "casi igual"[fo17] y en otras ocasiones como "igual"[fo18] a las de la misión. Organizó retiros para ordenandos y sacerdotes, así como las Conferencias de los Martes, además de fundar veinte seminarios.

Pero él no paró ahí. Puso en orden de marcha todos los recursos posibles al servicio del pobre: clero y laicado, jóvenes y ancianos, hombres y mujeres, ricos y los mismos pobres. Las semillas de sus dones organizativos siguieron para propagar sus frutos aún después de su muerte.

Un estudio reciente[fo19] indica que más de 268 grupos participan del carisma vicentino. Actualmente hay unos 260.000 miembros de AIC (Damas de la Caridad), 900.000 socios de las Conferencias de San Vicente de Paúl, 200.000 miembros de varios grupos de Juventudes Marianas Vicencianas, sólamente en España hay 46,000 y 7.000 en México.

7. El Misionero está Inculturado

Siempre hay peligro de que las ideas, las costumbres, y aun el estilo de los edificios de un mundo sean transportados a otro. Nuestros grandes misioneros, como Justino de Jacobis y Juan Gabriel Perboyre, se dieron cuenta desde el principio de que esto no es suficiente. El evengelio debe echar raices y florecer dentro de los valores más profundos de cada cultura.

Al mismo tiempo debe transformar aquello que no es de Dios dentro de una cultura y lo que perjudica a la persona humana.

Karl Rahner hace notar que la "globalización" de la teología es una de las mayores necesidades de la Iglesia en el futuro. Indica que hasta el presente ha habido una tendencia desafortunada a "canonizar" lo que en realidad era únicamente una manifestación de teorías de la cultura occidental[fo20]. En la actualidad, muchas provincias jóvenes en pleno desarrollo, y particularmente aquellas personas que trabajan en la formación dentro de esas provincias, están afrontando el desafío difícil de enseñar filosofía y teología (tan frecuentemente formulada en un contexto europeo), mientras buscan nuevas categorías en un marco Africano o Asiático o Iberoamericano. Igualmente están en busca de formas apropiadas para expresar la pobreza, castidad, obediencia, y el compromiso de- por- vida al servicio del pobre dentro de culturas muy diferentes, no solo de la de San Vicente sino también de la cultura de la mayor parte de los autores de los libros de filosofía, teología y lectura espiritual escritos hasta el presente. En la predicación de las misiones populares, ¿ tenemos conocimiento de la cultura actual de los jóvenes?.¿Podemos expresar el evengelio en términos que satisfagan sus ansiedades más profundas?.

En este mismo orden de cosas, el lugar de la mujer en la sociedad y las tradiciones sociales en su relación con ellas varían enormemente de Norte a Sur, y en ambos hemisferios, de continente a continente. El hablar con una mujer en la calle puede ser tan "natural" en Los Angeles como es "escandaloso" en la República Islámica de Mauritania. El misionero debe conocer la diferencia.

8. El Misionero trabaja en su formación permamente y creativamente remodela su predicación.

San Vicente nos dice: "El amor es inventivo hasta el infinito"[fo21]. Quiero animar a todos los misioneros a que sean inventivos. Pongamos estas preguntas a nivel personal y de comunidad: ¿Cual es la necesidad más acuciante de la persona que está oyendo mis homilias?. ¿Qué es lo que me pide en concreto este pobre hombre?. ¿Qué es lo que me pide el refugiado en un campamento de Africa?. ¿Qué pide el enfermo con su gemido en su casa?. ¿Cual es el dolor más agudo del enfermo del SIDA?. Entonces, sé creativo en la predicación de la palabra de Dios a los que sufren estas necesidades.

Para conseguir este cometido, os exhorto a que busquéis medios creativos para la formación integral, tanto la inicial como la permanente. Esta formación integral ha de tener varios aspectos: humano, espiritual, apostólico, vicentino, bíblico, teológico, y profesional. Vosotros mismos sois primariamente los responsables de vuestra propia formación en todos los niveles.

9. El Misionero conoce bien la Doctrina Social de la Iglesia.

El Papa Juan Pablo II escribe enérgicamente en "Centesimus Annus"[fo22]: "La Nueva Evangelización, que el mundo moderno necesita con urgencia y que yo he hecho resaltar en muchas ocasiones, debe incluir entre sus elementos esenciales "una proclamación de la doctrina social de la Iglesia". La Iglesia ha venido proclamando esta doctrina en una forma muy clara desde hace más de cien años. ¿Se evangeliza a los católicos adecuadamente en este particular?. ¿Forma esta doctrina social parte de su consciencia explícita?. Pido a todos los vicentinos que lleguen a ser expertos en la enseñanza de esta doctrina social. Como seguidores de Cristo, el Évangelizador de los Pobres, nosotros debemos proclamar este aspecto del reino de Dios por medio de nuestras palabras y de nuestras obras. Debemos defender ante otros la enseñanza abundante de la Iglesia, su visión de un reino de justicia, su denuncia de las estructuras sociales injustas, su proclamación de que el pobre debe ocupar, en todas las épocas,un puesto central en la equidad de los cristianos. En nuestra labor de formación tanto con el clero como con el laicado, hemos de presentar esta doctrina social con claridad y con necesidad de urgencia.

Nuestra misión será hoy profética si predicamos y enseñamos la doctrina social de la Iglesia con claridad. Y como en el caso de muchos profetas, también nosotros quizás tengamos que sufrir como en realidad nos está sucediendo.

10. El Misionero es un Hombre de Dios.

Testimonios hablan más elocuentemente que palabras. Nuestro testimonio de vida dice mucho más que nuestros propios sermones.

Para San Vicente de Paúl hay únicamemnte una fuerza motriz: la persona de Jesucristo. "Jesucristo es la regla de la Misión"[fo23], nos dice, "es el centro de su vida y de su actividad". "Recuerde, Padre", escribe al P. Portail, uno de los primeros miembros de la Congregación, "que nosotros vivimos en Jesucristo por la muerte de Jesucristo y que nosotros deberíamos morir en Jesucristo por la vida de Jesucristo y que nuestra vida debería estar escondida en Jesucristo y llena de Jesucristo y que para morir como Jesucristo es necesario vivir como Jesucristo".[fo24]

Cumplimos nuestra misión únicamente si seguimos a Cristo como Evangelizador del Pobre, y nos vestimos de su espíritu[fo25] sólamente si somos santos.

Actualmente, como en cualquier otra época, la Iglesia necesita santos. Necesita misioneros que sean sencillos, humildes, tiernos, sacrificados, y llenos de amor efectivo. Necesita predicadores que irradien la presencia de Dios. El gran misionero no es tanto aquel que dice palabras magnilocuentes sino aquel cuya vida es sorprendente.

Permitidme afirmarlo con toda claridad: el misionero hoy debe ser santo. Si no somos hombres y mujeres de Dios, nunca llegaremos a ser genuínamente efectivos, ni tampoco, con toda probabilidad, llegaremos a perseverar.

No debemos temer tanto el que disminuya el número en la Iglesia. Ni la pérdida de instituciones. Lo que en realidad debemos temer es la pérdida del fuego en nuestros corazones. Lo que arde en el corazón del verdadero misionero es un anhelo profundo y un deseo de seguir a Cristo como Evangelizador del Pobre. El misionero de santidad genuina actualiza el amor de Cristo. Otros lo perciben en él. No puede ocultarlo aunque lo intente.

Ser misioneros, esa es nuestra vocación. Respirad profundamente, hermanos y hermanas, el espíritu misionero que San Vicente inspiró en sus seguidores. Que llene vuestras mentes y vuestros corazones. Después, Id. "Id a todo el mundo predicando el evangelio a todas las criaturas"