miércoles, noviembre 26

TEOLOGÍA DE LA MEDALLA MILAGROSA




1. El mensaje bíblico
2. Camino hacia Cristo
3. La Inmaculada Concepción
4 . Mediación Universal
5. Corredentora
6. Madre Espiritual
7. Renovación de la
Teología Mariana

EL MENSAJE BÍBLICO

El anverso de la Medalla sintetiza la gran promesa de Dios en la primera página de la Biblia, la del Redentor y de la Mujer que le será asociada y que aplastará la cabeza de la serpiente infernal. Porque el mismo decreto divino que requería al Redentor, quería también la asociación de María a su obra redentora.

Por el contrario el reverso de la Medalla nos muestra la última revelación mariana de la Escritura, la de esa mujer que San Juan nos presenta en el Apocalipsis "revestida de sol, la luna bajo los pies y coronada de doce estrellas". Y entre ambas está la página central de la Revelación y de la actitud del amor de Dios a favor de la Humanidad, el misterio de la Encarnación y el de la Cruz en que el Redentor y su Madre están unidos en la obra común de nuestra salvación, así como lo sugieren el simbolismo de la M coronada por la Cruz y el de los dos Corazones doloridos. María estaba de pie junto a la Cruz y su corazón traspasado por una espada sufría al mismo tiempo que el de su Hijo, Rey de los Judíos, crucificado y coronado de espinas.

Por el hecho de mostrar la Medalla a la Virgen asociada a su Hijo, subraya otro aspecto de la verdad teológica mariana; la de ser Cristocéntrica, es decir que María existe totalmente en función de Cristo y la devoción mariana no tiene otra razón de ser sino la de llevarnos a Cristo.

CAMINO HACIA CRISTO

La Misión de María era darnos a Cristo. Ella es Madre de Cristo
para darlo al mundo. Esto crea entre Ella y El un lazo tan
profundo y tan único, que en adelante estará ligada
inseparablemente a El para toda la obra de salvación
tanto en su fase terrenal como en su fase celestial.
Sin Cristo, María jamás habría existido con sus privilegios
incomparables.

Todo en Ella está en función de Cristo: dar a luz a Cristo,
ayudar a Cristo en su misión, conducirnos a Cristo.
Lo mismo debe decirse de nuestra piedad mariana.
No amamos a María principalmente por Ella ni por
nosotros, sino porque es Madre de Cristo, y porque
esta prerrogativa única de la Madre de Dios le ha
valido todos los demás privilegios que admiramos
en Ella, que menciona la Medalla y que someramente
vamos a recordar.

LA INMACULADA CONCEPCIÓN

Es el primer privilegio después de la Maternidad Divina, y exigido además por esta última.

La Medalla lo contiene clarísimamente. Ante todo en la breve invocación que en ella está grabada: "Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos". Después en la imagen bíblica de la mujer que aplasta la cabeza de la serpiente. María ha vencido totalmente el pecado. Jamás pudo el demonio perjudicarla en lo más mínimo. Aún en el primer instante de su concepción, Ella estuvo exenta del pecado original y de sus consecuencias.

Ella es la Inmaculada, la Purísima, la Santísima, poseyendo desde el primer instante de su existencia una santidad en ese momento mayor que la del santo más grande al final de su vida y aún según muchos teólogos, que la de todos los santos juntos.

MEDIADORA UNIVERSAL

Después de la Inmaculada Concepción, otra prerrogativa de la SS. Virgen, bien puesta en evidencia por la Medalla, es su MEDIACION UNIVERSAL, bajo su doble forma:

Intercesión de María

Distribución de las gracias

MARÍA CORREDENTORA

El anverso de la Medalla muestra a María como dispensadora de todas las gracias; el reverso enseña otra verdad. Presenta a María unida a Jesús en la adquisición de la gracia. Porque la Virgen no es solo distribuidora de todas las gracias. Con Cristo en el Calvario es también la CORREDENTORA, adquiriendo con su Hijo las gracias que podrá distribuir.La letra M lleva encima la Cruz. Esta se apoya sobre María, está como plantada en Ella, por así decirlo. Puede que haya en esto una alusión a la Maternidad divina de la Virgen. Pero en este simbolismo queda ciertamente afirmado que Jesús y María no constituyen más que UNO en la obra de la Redención.
Los dos Corazones doloridos de Jesús y María yuxtapuestos tienen el mismo significado. No solamente un mismo amor, sino también una misma sangre han hecho latir estos dos corazones. La sangre que el Hijo ofrece sobre la Cruz, es la sangre que recibió de su Madre y cuando la lanza del soldado traspase el Corazón de Jesús, es sangre de María la que correrá.
MADRE ESPIRITUAL
Esta Maternidad Espiritual de María, si no está afirmada explícitamente en la Medalla Milagrosa, está sin embargo implícitamente contenida en ella. Por el hecho de que la Virgen ayudó al Redentor en nuestro rescate, es nuestra Madre espiritual, la que nos dio la vida sobrenatural junto con su Hijo. En efecto es allí, bajo la Cruz, donde se ubica el acto principal de esta maternidad, donde María llega a ser de hecho nuestra Madre, la que lo era ya de derecho por la Encarnación, porque llegando a ser la Madre de la Cabeza del Cuerpo Místico, llegaba a ser también la Madre de los miembros. Pero, además Jesús quiso proclamar la Maternidad espiritual de su Madre en relación con los hombres en el momento en que moría en el Calvario, entregando a Juan en manos de María, porque es en ese momento precisamente en que María sufriendo con Jesús nos daba con El la vida sobrenatural.
RENOVACIÓN DE LA TEOLOGÍA MARIANA

También aquí la Medalla Milagrosa y las manifestaciones de María en la calle du Bac, anunciaban un nuevo desarrollo de la teología mariana.
El primero de noviembre de 1954, Pío XII proclamaba a María Reina del Mundo y coronaba la imagen romana de la Virgen, llamada "Salud del Pueblo" al mismo tiempo que instituía la fiesta de María Reina, fijada en adelante el 22 de agosto.
La idea de la Realeza de María, ciertamente no era nueva en 1830. Se remonta a los primeros siglos de la Iglesia. Ya en las catacumbas, la Virgen, porque era Madre de Dios, está representada sentada en un trono, como una emperatriz o reina, presentando al Niño-rey a la adoración de los magos. Y a lo largo de veinte siglos de historia cristiana, María ha sido llamada continuamente Reina. Testigo de esto son las hermosas antífonas marianas: "Dios te salve, Reina y Madre" y otras varias.

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