martes, octubre 11

Naturaleza y misión de los ángeles

Los ángeles son seres incorpóreos y puramente espirituales, espíritus puros, sin cuerpo. Son espíritus puros dotados de una inteligencia mucho más elevada que la nuestra y de una fuerza sobrehumana extraordinaria. 

Han sido creados libres y responsables, en estado de gracia, con el destino de poder gozar de Dios por la visión beatífica, que establece para siempre el ser una felicidad divina definitiva, sin temor a perderla.

Como los ángeles no son infinitos, no pueden estar en todas partes, como Dios. Se hallan, pues, en un lugar determinado, limitado. 

Sin embargo, pueden moverse, comunicarse entre sí y obrar a distancia, porque son mucho más fuertes y poderosos que nosotros. Dios hizo a todos los ángeles buenos. Y amaba a cada uno infinitamente, igual que a los hombres. 

Todos estaban destinados, después de una prueba, a gozar de la felicidad infinita que es Dios. Una tercera parte de ellos se hicieron ellos mismos diablos, por orgullo, rebelándose contra Dios.

Los ángeles tienen especial cuidado de los que temen a Dios: «El ángel del Señor acampa alrededor de los que le temen y los defiende» (Salmo 34:7) Así, un hombre como Daniel recibió mucha ayuda angélica en el sentido de enseñanza y liberación. Es significativo que la Biblia lo describa como un hombre temeroso de Dios y con un corazón contrito. 

Así, no es casual que el ángel Gabriel, acercándosele «en un rápido vuelo» le dijera: «Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para revelártela, porque tú eres muy amado» (Daniel 9:23). ¿Qué clase de oración era ésta? Leemos que Daniel buscó al Señor en oración y ruego, con ayunos, cilicio y ceniza. Se humilló, confesando sus pecados y los pecados de su pueblo.

Los ángeles son seres santos, y su ayuda no viene de modo automático. Tal como podemos perdemos la ayuda de Dios a causa de la desobediencia, el orgullo y otros pecados forzando a Dios a que se ponga contra nosotros, también podemos perdemos la ayuda de nuestro ángel de la guarda.

Los ángeles son espíritus puros, creados por Dios, para gozar de Él en el cielo y ser sus ministros para con los hombres.

Dios creó a los ángeles en estado sobrenatural de gracia, con inteligencia vivísima y voluntad perfecta, y los destinó a gozar eternamente de la Gloria.

Pero, antes de hacer eterno este estado, los sometió a una prueba para merecer la felicidad eterna como premio de ella.

Una parte de ellos, a cuyo frente estaba Miguel, resultó fiel a Dios y fue confirmada en gracia; pero otra, capitaneada por Lucifer, se rebeló contra Dios y fue castigada con la expulsión del cielo y arrojada eternamente al Infierno, creado en aquel momento para ellos
Los demonios son los ángeles rebeldes o malos, eternamente condenados al Infierno.
Estos demonios, por odio a Dios y envidia a los hombres, nos tientan para que pequemos y nos condenemos con ellos.

El cristiano debe aborrecer al demonio. Con la señal de la Cruz se le puede vencer indefectiblemente.

Los ángeles no forman una raza, ya que no surgen por reproducción como nosotros, sino una compañía, en la que cada individuo fue creado personalmente, por lo que tanto los que permanecieron fieles, como los que cayeron, lo hicieron por decisión propia, no por herencia ni contagio de raza.

Ángeles son aquellos espíritus bienaventurados que envía el Señor a la tierra como legados de su Majestad para intimar a los hombres en el beneplácito de su querer. Cada uno de nosotros lleva el ángel de la guarda, que es nuestro mayor y perpetuo compañero.

Los Arcángeles pertenecen a la misma jerarquía que los ángeles, pero forman superior grado y Coro distinto y a ellos confía Dios las misiones extraordinarias, como lo hizo el arcángel San Gabriel.

Las Virtudes presiden, por mandato de Dios, todo el Universo. Mantienen las leyes que rigen la creación y tienen en su poder calmar la furia de los mares y la fuerza de los vientos, de suspender el curso de los astros y la luz de las estrellas.

El primer Coro de la segunda jerarquía lo forman las Potestades. Estos celestiales espíritus están destinados a coartar el poder de los diablos para con los hombres. El demonio no tiene otro afán sino que el hombre ofenda a Dios y que se haga participante de su desdicha. Contra estos poderes infernales luchan las potestades angélicas.

Los Principados tienen por oficio particular el gobierno de los pueblos y de los reinos. Aún cada provincia y cada iglesia tienen un vigilante guardián que le sirve de protección, de amparo y de defensa. El poder de los Principados desbarata las tramas que las sociedades del mal fraguan contra la Iglesia de Cristo.

Las Dominaciones presiden todos los Coros de las dos inferiores jerarquías y entran con Dios en el gobierno del mundo, teniendo un poderío más amplio que los Principados. Sus atribuciones son más extensas, como así conviene a su carácter de Dominaciones.

Los Tronos contemplan a Dios en su purísimo Ser, gozando así de su visión toda la eternidad. Ellos sirven a Dios como de escabel de sus pies en donde descansa la Majestad infinita. 

Beben a torrentes la luz de aquella fuente inagotable de resplandores y reciben de Dios inmediatamente las órdenes para comunicarlas a las Dominaciones.

Los Querubines reciben directamente los rayos de la Divina Sabiduría y están llenos de la ciencia del Señor. Su entendimiento es un tesoro de luz y de verdad.

Los Serafines son lo seres más inmediatos a Dios, de Quien participan más que los otros en el amor. Su voluntad es un fuego que no vive sino de amor divino y amando a Dios, se encienden más y más ese fuego celestial.

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