martes, mayo 26

RUEDA DE PRENSA CON SAN PABLO APOSTOL

A continuación relataremos el contenido de una entrevista que nos concedió el Apóstol San Pablo con motivo de la culminación del año que ha sido dedicado en su honor.


Esta entrevista sigue fielmente la exposición que del Apóstol hace Carlos Mesters e un encuentro imaginario después de la primera misión de Pablo en Roma, poco antes de su muerte, cuando tenía más o menos 63 años de edad.


Vjv: ¿Cuál es tu nombre?
Pablo: Mi primer nombre es Shaúl o Saulo que significa “implorado”, “deseado”. En aquel tiempo era costumbre poner un segundo nombre además del judío, un nombre latinizado o helenizado; mi segundo nombre fue Pablo y es el que prefiero y el que además uso en todas mis cartas. (cfr. Hch 7, 58; 13, 9; 1, 23; 13, 1; 9, 36)


Vjv: ¿Dónde naciste?


Pablo: Nací en Tarso, en Cicilia, Asia menor (Cfr. Hch 9, 11; 21, 39; 22, 3; 9, 30; 11, 25)
Vjv: ¿qué estudios hiciste y con quién?
Pablo: Recibí primero la formación de mis padres, después en la sinagoga local de Tarso y en la escuela ligada a la sinagoga. Mi formación básica como judío consistió en aprender a leer y escribir; el estudio de la Ley y de la historia del pueblo; la trasmisión de la sabiduría de la vida y de las tradiciones religiosas; aprendizaje de oraciones. El método era el de preguntas y respuestas; repetir y memorizar; insistir en la disciplina y la convivencia. Además en Tarso aprendí la cultura griega. Aparte de esa formación básica recibí una formación superior en Jerusalén. Desde mi juventud estudié a los pies de Gamaliel, nieto y discípulo del célebre doctor Hillel. Yo fui un alumno aplicado y esforzado (Cfr. Hch 17, 28; 22, 3; Flp. 3, 6)
Vjv: ¿Cuáles son tus lecturas preferidas?
Pablo: Sin duda mi lectura preferida es la sagrada escritura, la aprendí desde que era pequeño. De Ella aprendí que la sabiduría conduce a la salvación por la fe en Jesucristo; de ahí también saqué “enseñanza” “perseverancia y consolación”, “esperanza”. Considero que todos somos destinatarios de los escritos antiguos, porque fueron escritos para nuestra instrucción. Además, estoy convencido de que el Espíritu de Dios actúa sobre el pueblo por medio de la Sagrada Escritura porque, toda escritura inspirada por Dios es útil para instruir, para refutar, para corregir, para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, cualificado para toda buena obra.
Vjv: ¿qué tareas y funciones has ejercido durante tu vida?
Pablo: Siendo un hombre de participación activa recibí y ejercí muchas tareas y funciones. Reconozco que Dios me ha dado el don del liderazgo y por eso he estado involucrado en tareas como:
1. Testigo auxiliar del apedreamiento de Esteban (Hch 7, 58; 8, 1)
2. Estuve muy cerca del Sanedrín, es decir, del Supremo Tribunal de Jerusalén.
3. Emisario del Sanedrín para Damasco, para perseguir a los cristianos (Hch 9, 2; 22, 5; 26, 12)
4. Delegado de la comunidad de Antioquía para Jerusalén. (Hch 11, 30)
5. Delegado de la misma comunidad de Antioquía para la misión en Chipre y en Asia Menor (Hch 13, 2 – 3)
6. Delegado de los cristianos convertidos del paganismo para el Concilio Ecuménico de Jerusalén.
7. Delegado oficial del Concilio para las comunidades del mundo pagano (Hch 15, 22. 25)
8. Responsable oficial para la evangelización de los paganos (Gál 2, 7 – 9)
9. organizador y portador de la gran colecta hecha en las comunidades cristianas del mundo pagano a beneficio de los pobres de Jerusalén. (Gál 2, 10; Rom 15, 25 – 28; 2Co 8 -9)
10 La tarea más importante: “ay de mí si no anuncio el Evangelio” (1Cor 9, 16)
Vjv: ¿cómo te distraes y te diviertes? ¿Tienes algún pasatiempo? ¿Eres aficionado a algún deporte?
Pablo: no tengo mucho tiempo libre ni ocasión para divertirme. En las horas libres y en las horas de trabajo en mi taller o en le mercado sólo discuto con la gente sobre la Buena Nueva de Jesús (Hch 17, 11. 17). Cuando era pequeño me gustó mucho asistir a las carreras en el estadio de la ciudad, por eso me gusta comparar con ellas el mensaje del evangelio y sus exigencias para la vida (Gál 2,2; 5, 7; 1Cor 9, 24 – 26; Flp. 2, 16; 3, 12 – 14; 2Tim 4, 7; Heb 12, 1) La ciudad donde yo nací y me crié es grande, tenía más o menos 300.000 habitantes, tenía un estadio deportivo y organizaba juegos de atletismo cada cuatro años; yo no sé mucho de siembra y de plantas pero me agradan los juegos urbanos, por eso me gustan las comparaciones como ganar la corona (1Cor 9, 25); correr hacia la meta y ganar el premio (Flp. 3, 14); luchar sin dar golpes en el vacío (1Cor 9, 26); correr sabiendo a dónde se va (1Cor 9, 26). Pienso en la disciplina y el esfuerzo de los atletas (1cor 9, 25)

Vjv: ¿Cuál es el papel que la religión ocupa en tu vida?
Pablo: he sido siempre profundamente religioso, tanto antes como después de mi conversión a Cristo. Antes de la conversión vivía conforme a la ley y a la esperanza de mi pueblo (Hch 24, 14 – 15; 22, 3; 26, 6 – 7), identificado con el ideal de la religión de mis padres. En la práctica de la religión he sido seguidor del grupo más observante, el grupo de los fariseos (Hch 26,5). He sido un hombre con gran celo por las tradiciones paternas (Gál 1, 14), tanto fue mi enraizamiento a esas tradiciones que llegué a perseguir a los cristianos.
En la vivencia de la religión de mis padres era donde yo buscaba mi seguridad ante Dios. El testimonio de Esteban me tocó profundamente, fue entonces cuando empezó mi cambio en cuanto a mi vida pero no en cuanto a Dios. Por el contrario yo he continuado siendo fiel al mismo Dios de mis padres, pues en Jesús encontré y reconocí al mismo Dios de siempre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob. La diferencia entre el antes y el después es que ahora yo no pongo mi seguridad en la observancia de la ley, sino en el amor gratuito de Dios por mí, manifestado y experimentado en Jesús (Gál 2, 20 – 21) En la certeza absoluta de este amor es donde está el fundamento último de la nueva seguridad que encontré junto a Dios (Rom 8, 31 – 39)
Vjv: Explícanos mejor por qué estuviste de acuerdo con la muerte de Esteban y por qué perseguiste a los cristianos.
Pablo: En la práctica experimentaba dolorosamente que a pesar de todo mi esfuerzo no era capaz de cumplir todo lo que la ley mandaba. Mi esfuerzo no era suficiente para alcanzar la justicia. Quería hacer el bien y no lo conseguía (Rom 7, 14 – 24). El testimonio de Esteban atacó de raíz mi mundo y cuestionó radicalmente la exactitud del camino que yo seguía para alcanzar la justicia y la paz con Dios. A la hora de morir apedreado Esteban dijo: “Veo los cielos abiertos y al Hijo del Hombre de pie a la derecha de Dios” (Hch 7, 56) Con este testimonio Esteban daba la prueba de estar en la presencia de Dios y ser acogido por él, tranquilo, en paz con su propia conciencia y, por lo tanto, poseyendo ya la justicia que yo buscaba y no alcanzaba. Más aún Esteban poseía la justicia no como resultado de la observancia de la ley, sino como un don gratuito de Dios por medio de Jesús, vivo, de pie y a la derecha de Dios. Este testimonio tan breve y simple fue la negación radical del ideal de justicia que yo tenía. Yo estaba convencido de que mi camino era el verdadero por eso aprobé la muerte de Esteban y empecé a perseguir a los cristianos, actuaba por ignorancia (1Tim 1, 13) Pensaba que con eso servía a Dios en defensa de la tradición de mis padres. Tal vez yo estaba huyendo de mí mismo y de Dios, hasta que Dios intervino y me hizo caer ante su presencia en la entrada de Damasco.


Vjv: ¿cuál fue la última razón que te llevó a aceptar a Jesús como Mesías?
Pablo: El encuentro que tuve en el camino de Damasco y que me dejó ciego durante tres días fue la experiencia más fuerte y constante de mi vida. Sin embargo, no fue solo esto lo que me llevó a aceptar a Jesús y a reconocerlo como Mesías. Dentro de esta experiencia, única y avasalladora, me iluminó la certeza de que Jesús es el SI de Dios a las promesas hechas al pueblo en el pasado (2Cor 1, 20)
En otras palabras, al aceptar a Jesús como Mesías, yo no estaba siendo infiel a mi pueblo ni estaba dejando de ser judío, sino que me hacía todavía más judío. En el fondo fue l voluntad de ser fiel a mi pueblo y a sus esperanzas, suscitadas por las promesas de Dios, lo que me obligaba a aceptar a Jesús como Mesías. Mi fidelidad a Cristo y mi experiencia de Cristo, por un lado, y mi fidelidad a mi pueblo y mi experiencia de pueblo, por otro, son los dos lados de la misma moneda.
Yo nunca me sentí traidor de mi pueblo, por más que me acusaran de ello. Al contrario, viviendo en Cristo me sentía más judío que antes, poseedor de la esperanza de mi pueblo. Era la fidelidad al Antiguo Testamento lo que me llevó a aceptar el Nuevo Testamento.
Pastoral Juvenil Vicentina, Provincia de Bogotá.

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