martes, julio 5

HACER EL AMOR

Con estas palabras muchos quieren justificar lo que no tiene justificación alguna, como es el incumplimiento del sexto y noveno mandamientos que dicen: «No cometerás actos impuros», «No cometerás adulterio». En la televisión, en la literatura, en el cine, se va viendo como una cosa natural el que un hombre conozca a una mujer y terminen en la cama. Los jóvenes, al verlo en televisión, y que la sociedad lo aprueba, también lo consideran normal y lo practican.... ¿Pero qué daño hace una pareja que se ama y hace el amor?...


Dios no hace las cosas en vano, ni dicta los Mandamientos por capricho.
Dios nos ha creado, ha hecho nuestro cuerpo, nuestra alma, nuestra psique, y en consecuencia sabe mucho mejor que nosotros lo que nos conviene y de ahí que los Mandamientos divinos en realidad más que unas cadenas que nos aprisionan, que coartan nuestra libertad, son tabla de salvación, son camino que conduce a la plenitud, a la perfección, como el mismo Jesús nos dice: "La verdad os hará libres". Si consideramos el acto sexual entre un hombre y una mujer, estando uno de los dos, o ambos, casados, vemos que se hace daño a un tercero, el cónyuge a quien se lesiona en sus derechos más íntimos. Si consideramos una pareja, ambos solteros, también se hace daño. Y se hace daño porque el acto sexual es la culminación del amor. 


El amor no es sólo cosa del cuerpo, sino también del alma. Cuando nace el amor entre un hombre y una mujer, no atracción física sólo, sino amor pleno, que comprende también la atracción espiritual, el acto sexual es el broche que cierra, que completa, ese amor. 


No confundamos, sin embargo, amor con atracción física, con atracción sexual. 
Cualquier hombre normal puede sentir atracción sexual ante cualquier mujer, cualquier mujer puede sentir atracción sexual ante cualquier hombre. Pero no todo hombre siente amor por cualquier mujer; ni cualquier mujer siente amor por cualquier hombre. Raras veces se siente ese amor, amor que es cuerpo y alma. ¿Podemos decir que ese «hacer el amor» es un amor pleno, de cuerpo y alma?.. 


No, ahí es todo carne, excepto en algunos casos. Estos casos exceptuados en los que un hombre casado, o una mujer casada, se enamoran de otra persona que no es su esposa, o esposo, no sólo física, sino también espiritualmente... ¿qué podemos decir?.. ¿Pueden seguir adelante?... ¿Pueden obtener el divorcio?... No, el hombre o la mujer que en el altar contrajeron nupcias con quien sentían no un amor apasionado, pero sí afecto, cariño, ese matrimonio está consagrado por Dios «hasta que la muerte los separe». «¡Pero es que por esta mujer, que no es mi esposa, siento un amor mucho más grande que por mi verdadera esposa!». «¡Jamás he sentido amor por nadie como por esta mujer que no es mi esposa!», puede decir alguien. 


Eso es tentación del diablo, tu obligación, si quieres salvarte, es cumplir los Mandamientos, es apartarte de ella o él, pues te conducirán a ti y a ella, a las tinieblas del pecado, a la corrupción, al fuego eterno, pues el adulterio, por más que se quiera adornar con tintes rosados, sigue siendo adulterio, pecado mortal, condenado por el mismo Jesús, Dios hecho hombre. ¿Y qué decir de quienes no están casados, de quienes están libres?... Si hacen el amor sólo por pasar el rato, cometen pecado mortal, al no cumplir el sexto mandamiento. ¿Y si siento amor por ella, amor no sólo de cuerpo sino también de alma y hago el amor?... Igualmente se comete pecado mortal porque falta el compromiso legal ante Dios de "ser uno hasta que la muerte los separe”.
ANGEL VALADEZ JIMENEZ

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