lunes, marzo 16

SIETE MENSAJES A LOS JÓVENES

EL título lleva el número 7 que es simbolo de perfección. El mensaje es el de este año para la Jornada Mundial de la Juventud del nuestro querido Papa Benedicto XVI.

1. La juventud, tiempo de esperanza

(…) Todos advertimos la necesidad de esperanza, pero no de cualquier esperanza, sino de una esperanza firme y creíble (…) La juventud, en particular, es tiempo de esperanzas, porque mira hacia el futuro con diversas expectativas. Cuando se es joven se alimentan ideales, sueños y proyectos; la juventud es el tiempo en el que maduran opciones decisivas para el resto de la vida. Y tal vez por esto es la etapa de la existencia en la que afloran con fuerza las preguntas de fondo(…) Preguntas que son apremiantes cuando nos tenemos que medir con obstáculos que a veces parecen insuperables (…) Nos preguntamos entonces: ¿Dónde encontrar y cómo mantener viva en el corazón la llama de la esperanza?“.

2. En búsqueda de la “gran esperanza”

La experiencia demuestra que las cualidades personales y los bienes materiales no son suficientes para asegurar esa esperanza que el ánimo humano busca constantemente (…) La política, la ciencia, la técnica, la economía o cualquier otro recurso material por sí solos no son suficientes para ofrecer la gran esperanza a la que todos aspiramos. Esta esperanza sólo puede ser Dios, que abraza el universo y que nos puede proponer y dar lo que nosotros por sí solos no podemos alcanzar“. Por eso, una de las consecuencias principales del olvido de Dios es la desorientación que caracteriza nuestras sociedades, que se manifiesta en la soledad y la violencia, en la insatisfacción y en la pérdida de confianza, llegando incluso a la desesperación.

La crisis de esperanza afecta más fácilmente a las nuevas generaciones que, en contextos socio-culturales faltos de certezas, de valores y puntos de referencia sólidos, tienen que afrontar dificultades que parecen superiores a sus fuerzas (…)Para algunos -y desgraciadamente no pocos- la única salida posible es una huída alienante hacia comportamientos peligrosos y violentos, hacia la dependencia de drogas y alcohol, y hacia tantas otras formas de malestar juvenil (…) Pero ¿cómo anunciar la esperanza a estos jóvenes? (…) El primer compromiso que nos atañe a todos es el de una nueva evangelización, que ayude a las nuevas generaciones a descubrir el rostro auténtico de Dios, que es Amor. A vosotros, queridos jóvenes, que buscáis una esperanza firme, os digo las mismas palabras que san Pablo dirigía a los cristianos perseguidos en la Roma de entonces: El Dios de la esperanza os colme de todo gozo y paz en vuestra fe, hasta rebosar de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo.

3. San Pablo, testigo de la esperanza

Cuando se encontraba en medio de dificultades y pruebas de distinto tipo, Pablo escribía a su fiel discípulo Timoteo: Hemos puesto nuestra esperanza en el Dios vivo. ¿Cómo había nacido en él esta esperanza? Para responder a esta pregunta hemos de partir de su encuentro con Jesús resucitado en el camino de Damasco. En aquel momento, Pablo era un joven como vosotros, de unos veinte o veinticinco años, observante de la ley de Moisés y decidido a combatir (…) incluso con el homicidio, contra quienes el consideraba enemigos de Dios (…) Después de aquel encuentro, la vida de Pablo cambió radicalmente (…) fue transformado interiormente por el Amor divino que había encontrado en la persona de Jesucristo (…) De perseguidor se transformó en testigo y misionero; fundó comunidades cristianas en Asia Menor y en Grecia, recorriendo miles de kilómetros y afrontando todo tipo de vicisitudes, hasta el martirio en Roma. Todo por amor a Cristo”.

4. La gran esperanza está en Cristo

“Para Pablo, la esperanza no es sólo un ideal o un sentimiento, sino una persona viva: Jesucristo, el Hijo de Dios. (…) Si no estamos solos, si Él está con nosotros, es más, si Él es nuestro presente y nuestro futuro, ¿por qué temer?”.

5. La camino hacia la gran esperanza

“Jesús, del mismo modo que un día encontró al joven Pablo, quiere encontrarse con cada uno de vosotros, queridos jóvenes. (…) Pero alguno de vosotros me podría preguntar: ¿Cómo puedo encontrarlo yo, hoy? O más bien, ¿de qué forma Él viene hacia mí? La Iglesia nos enseña que el deseo de encontrar al Señor es ya fruto de su gracia”.

“La oración perseverante abre el corazón para acogerlo. (…) Dad espacio en vuestra vida a la oración. Está bien rezar solos, pero es más hermoso y fructuoso rezar juntos, porque el Señor nos ha asegurado su presencia cuando dos o tres se reúnen en su nombre”.

“Participad en la liturgia en vuestras parroquias y alimentaos abundantemente de la Palabra de Dios y de la participación activa en los sacramentos. Como sabéis, culmen y centro de la existencia y de la misión de todo creyente y de cada comunidad cristiana es la Eucaristía”.

6. Actuar según la esperanza cristiana

“Si os alimentáis de Cristo, queridos jóvenes, y vivís inmersos en Él como el apóstol Pablo, no podréis por menos que hablar de Él, y haréis lo posible para que vuestros amigos y coetáneos lo conozcan y lo amen”.

“La Iglesia cuenta con vosotros para esta misión exigente. Que no os hagan retroceder las dificultades y las pruebas que encontréis. Sed pacientes y perseverantes, venciendo la natural tendencia de los jóvenes a la prisa, a querer obtener todo y de inmediato”.

“Si Jesús se ha convertido en vuestra esperanza, comunicadlo con vuestro gozo y vuestro compromiso espiritual, apostólico y social. (…) Tomad decisiones que manifiesten vuestra fe; haced ver que habéis entendido las insidias de la idolatría del dinero, de los bienes materiales, de la carrera y el éxito, y no os dejéis atraer por estas falsas ilusiones. No cedáis a la lógica del interés egoísta; por el contrario, cultivad el amor al prójimo y haced el esfuerzo de poneros vosotros mismos, con vuestras capacidades humanas y profesionales al servicio del bien común y de la verdad, siempre dispuestos a dar respuesta “a todo el que os pida razón de vuestra esperanza”. El auténtico cristiano nunca está triste, aun cuando tenga que afrontar pruebas de distinto tipo, porque la presencia de Jesús es el secreto de su gozo y de su paz”.

7. María, Madre de la esperanza

“La Virgen María, Madre de la Esperanza, (…) que encarnó la esperanza de Israel, que donó al mundo el Salvador y permaneció, firme en la esperanza, al pie de la cruz, es para nosotros modelo y apoyo. Sobre todo, María intercede por nosotros y nos guía en la oscuridad de nuestras dificultades hacia el alba radiante del encuentro con el Resucitado”.

“María, Estrella del mar, guía a los jóvenes de todo el mundo al encuentro con tu divino Hijo Jesús, y sé tú la celeste guardiana de su fidelidad al Evangelio y de su esperanza”.

jueves, marzo 5

AÑO JUBILAR

LAS HIJAS DE LA CARIDAD DE LA PROVINCIA DE BOGOTÁ, GOZOSAMENTE COMPARTIMOS EL AÑO DE GRACIA Y BENDICION, EL AÑO DE JUBILEO.

TAMBIÉN DE FIESTA POR EL ANIVERSARIO DE NUESTRA SANTA FUNDADORA: SANTA LUISA DE MARILLAC.

Al paso de la Divina Providencia se va haciendo fecunda la semilla regada por el Sembrador. A todos los jóvenes que lleguen a ser nuestros lectores con gran alegría les compartimos con espíritu fraterno y como gran testimonio el acontecimiento que celebramos reconociendo la presencia de Dios como guía segura en el camino de tantas y tantas Hermanas que con paso fatigoso por el celo misionero y evangelizador han gastado su vida marcando huellas por los rincones de Colombia.

Hace 376 años nació la Pequeña Compañía en París, Francia, poco a poco haciendo realidad las palabras del Evangelio llegó a los confines del mundo, entre ellos nuestro territorio colombiano. Hace 126 años por sur del país llegaron las primeras Hermanas como semilla fecunda que floreció para luego ser expandida por todo lugar… y en 1959 dar un nuevo paso con la fundación de una nueva provincia, la Provincia de Bogotá. Hoy jubilosa canta las grandezas del Señor y hace partícipes a todos de este maravilloso momento de derroche de bendiciones con la celebración del AÑO JUBILAR por sus 50 años de vida, presencia y fecundidad.

Pero miremos un poco de que se trata esto de una presentación jubilar.
¿Qué es un Jubileo? Un jubileo es un quincuagésimo aniversario, un año especial que se celebra con la exultación en la Iglesia. Es una celebración llena de gozo que tiene sus orígenes en la Historia Sagrada. Siete es el número santo que significa totalidad. Dios creó el mundo en siete días, el séptimo descansó. El día séptimo de la semana o el "Sábado" era el día de santificación para los Israelitas.
Cada séptimo año era también un año de santificación. Siete años siete veces llamaban para un año de celebración que se llamó el Jubileo. Una celebración cada cincuenta años era parte de la ley Levítica y significaba traer un tiempo de justicia, paz y perdón.
Es importante notar que en el calendario bíblico, Cristo vino al mundo en el cuarto milenio, han ocurrido dos milenios de Cristiandad así que el séptimo milenio es un tiempo de Gracia y santificación.
El Jubileo en la Biblia
Cuando los Israelitas recibieron la ley Levítica, el Jubileo vino como un tiempo para proclamar la remisión de los pecados con sonido de trompeta. Fue una celebración de paz, perdón de deudas, liberación de esclavos y gran gozo en la tierra. Fue un tiempo de escuchar al Espíritu de Dios moviéndose con justicia en los corazones de los hombres y trayendo reconciliación.
Se necesitaba una proclamación hecha con el sonido de trompeta para enfatizar la importancia del evento, para hacer conocido a todo el mundo con gozo de que Dios demanda justicia en la tierra, el compartimiento de las riquezas y de que El perdona los pecados.
El Jubileo era un tiempo de la Gracia de Dios que tocaba los corazones de aquellos que escuchaban su Palabra.
Dios insistía en el deber de mantener sus preceptos y juicios en su cumplimiento: para que poder vivir en la tierra sin ningún miedo, y para que tener confianza en su bondad. (Lev 25:18-19)
Levítico 25, 8-19:
“8 Contarás siete semanas de años, siete veces siete años; de modo que el tiempo de las siete semanas de años vendrá a sumar cuarenta y nueve años. 9 Entonces en el mes séptimo, el diez del mes, harás resonar clamor de trompetas; en el día de la Expiación haréis resonar el cuerno por toda vuestra tierra. 10 Declararéis santo el año cincuenta, y proclamaréis en la tierra liberación para todos sus habitantes. Será para vosotros un jubileo; cada uno recobrará su propiedad, y cada cual regresará a su familia. 11 Este año cincuenta será para vosotros un jubileo: no sembraréis, ni segaréis los rebrotes, ni vendimiaréis la viña que ha quedado sin podar, 12 porque es el jubileo, que será sagrado para vosotros. Comeréis lo que el campo dé de sí. 13 En este año jubilar recobraréis cada uno vuestra propiedad. 14 Si vendéis algo a vuestro prójimo o le compráis algo, ved que nadie dañe a su hermano. 15 Comprarás a tu prójimo atendiendo el número de años que siguen al jubileo; u según el número de los años de cosecha, él te fijará el precio de venta: 16 a mayor número de años, mayor precio cobrarás; cuantos menos años queden, tanto menor será su precio, porque lo que él te vende es el número de cosechas. 17 Ninguno de vosotros dañe a su prójimo, antes bien teme a tu Dios; pues yo soy Yahveh vuestro Dios. 18 Cumplid mis preceptos; guardad mis normas y cumplidlas; así viviréis seguros en esta tierra. 19 Y la tierra dará su fruto, y comeréis hasta saciaros; y habitaréis seguros en ella.”
Y por supuesto, demos una sencilla mirada al pensamiento de San Vicente, en cuanto al jubileo. Por medio de la correspondencia y conferencias tenemos conocimiento de los Jubileos celebrados en su tiempo. El Santo alude a los correspondientes a 1634, 1636, 1641, 1645, 1648, 1653 y 1656. De éstos merecen nuestra atención tres principales: los convocados en 1641, 1653 y 1656 por Urbano VIII (1623-1644), Inocencio X (1644-1655) y Alejandro VII (1655-1667), respectivamente. El 17 de abril de 1653, Vicente de Paúl hacía esta confesión delante de las Hijas de la Caridad: “Yo he conocido varios Jubileos, pero quizás no les he ganado nunca”1. En cuanto a lo primero no cabe la menor duda. Lo que no consta es que no ganara ninguno. El “quizás” del Santo nos obliga a suspender nuestro juicio, aunque, dado su gran amor a Jesucristo evangelizador de los pobres, con quien deseaba identificarse, nos inclina a pensar que sí ganara alguno. Pero esto sólo Dios lo sabe y no hay por qué gastar tinta en más especulaciones. En octubre de 1641 escribe a Luisa de Marillac: “Me he propuesto hacer un pequeño retiro para el Jubileo, y lo he comenzado hoy. Me encomiendo a sus oraciones”2. Ello demuestra el cuidado que ponía en alcanzar la remisión de la culpa y de la pena temporal merecida por sus pecados.

Aparte su disposición personal, es indiscutible el afán que manifestaba en que otros -los Misioneros, las Hijas de la Caridad y el pueblo sencillo- se prepararan también a recibir debidamente los dones de ese Tiempo de Gracia o Año Santo. Son muchas las comunicaciones que dirige a sus compañeros, en plan informativo, sobre los actos extraordinarios, habidos en la comunidad y fuera de ella, con motivo de los Jubileos. En la carta recién citada, añade al final: "Después del retiro hablaremos de la manera como podrán ganar el Jubileo ellas (las hermanas) y usted también"3.Finalmente, san Vicente se detiene en explicar las condiciones para ganar el Jubileo, tales como confesarse, comulgar, visitar las estaciones señaladas en cada caso, dar limosna y pedir por las necesidades de la Iglesia e intenciones del Santo Padre. Si dichas condiciones se cumplen con espíritu de verdadera conversión, se obtiene el perdón de las culpas y la remisión de las penas temporales.

Ya en estos trozos de correspondencia identificamos a una persona muy especial en la vida y obra de San Vicente y es nuestra santa y amada fundadora: SANTA LUISA DE MARILLAC. Allí se ve la mano prodigiosa de lo Alto para el encuentro de estos dos personajes que marcaron la historia. Historia que hoy sigue latente, pues este TIEMPO JUBILAR lo enmarca precisamente la fecha de su aniversario: 15 de marzo.
Un mínimo acercamiento nos descubre en Luisa una mujer positiva y exuberante en su energía, urgiendo siempre a sus Hermanas a hacer más y hacerlo bien. Pero junto con la actividad, predicó también el amor. Cercana ya a su muerte, escribió a sus Hermanas: "Tengan gran cuidado del servicio de los pobres y, sobre todo, de vivir juntas en una gran unión y cordialidad, amándose las unas a las otras, para imitar la unión y la vida de Nuestro Señor. "Pidan mucho a la Santísima Virgen, que ella sea su única Madre”.
Estos pensamientos nos lleva a vivir con profundidad, con infinito agradecimiento y donación total a Dios estas fechas que, siendo un alto en el camino, se convierten en un fuerte impulso para continuar la entrega jubilosa en la Compañía de las Hijas de la Caridad, en total consagración a Dios para servir a Nuestro Señor Jesucristo en los hijos predilectos, los pequeños y olvidados.
(Sor Astrid Gómez Peralta, Hija de la Caridad)

Jóvenes Vicentinos hoy

Démonos enteramente a la práctica de la oración que por ella nos vendrá todo lo bueno. Si perseveramos en nuestra vocación, es gracias a la oración. Si tenemos éxito en nuestros trabajos, es gracias a la oración. Si no caemos en pecado, es gracias a la oración. Si permanecemos en la caridad y nos salvamos es gracias a la oración y a Dios. Así como Dios no niega nada sin la oración, tampoco concede casi nada sin la oración” (SVP, XI, 407).

Queremos invitarlos en esta cuaresma a tener una vida de encuentro con el Señor mediante la práctica de la oración y los elementos que nos ofrece la cuaresma para nuestra conversión y acercamiento al Señor, quien sale a nuestro encuentro; el ayuno, la abstinencia, el encuentro con la Palabra de Dios, la práctica de la caridad con los más necesitados, son algunos de los elementos que debemos tener en cuenta para nuestra vida de cristianos comprometidos con Cristo en la Iglesia, siguiendo y viviendo el carisma de San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac.
Que los pobres sean cada día aquello que nos decía San Vicente “Los pobres son nuestros amos y señores” pues no podemos seguir haciendo nuestras reuniones pasando muy bueno y nada más, sin darle un vistazo a la realidad que nos rodea. La invitación es también a que seamos miembros activos de la Iglesia, dinámicos en el anuncio del Evangelio en todas sus dimensiones y con todas sus implicaciones. Para esta cuaresma les proponemos unas reflexiones que seguramente les ayudarán a preparar de manera genuina su vida cristiana para esta semana santa:

1. Insertos en la Iglesia local.

La participación de los laicos en la vida de las parroquias es tan importante y necesaria, que sin ella, el apostolado de los pastores no puede alcanzar la eficacia total que requiere. Estamos invitándoles a todos ustedes a estar activos en el plan pastoral de sus parroquias sobretodo en este tiempo fuerte de semana Santa. Sigamos a continuación los lineamientos que nos dice el documento de Aparecida. “Entre las comunidades eclesiales, en las que viven y se forman los discípulos misioneros de Jesucristo, sobresalen las Parroquias. Ellas son células vivas de la Iglesia y el lugar privilegiado en el que la mayoría de los fieles tienen una experiencia concreta de Cristo y la comunión eclesial. Están llamadas a ser casas y escuelas de comunión”. (DA 170) Aprovechemos estos espacios que poseemos y no nos cansemos de hacer el bien, sobretodo con el servicio a los más pobres.

2. Ser presencia creyente en medio de la sociedad.

Están llamados a dar testimonio de su vida cristiana en diversos ambientes y realidades donde se encuentren, expresando el amor a la Palabra de Dios, a la vida de oración, a la práctica de los sacramentos como también estando dispuestos a socorrer las necesidades de los más pobres. Responsabilidad de proclamar la fe católica: confesar la fe sobre Cristo, sobre el hombre, sobre la Iglesia con valentía. Amando de corazón a sus movimientos y haciendo las cosas lo mejor posible, para el bien de la Iglesia.

3.Evangelizadores de sus familias.

Es urgente la necesidad de evangelizar en familia, en nuestra propia casa y con los más cercanos, aunque en muchas ocasiones son los lugares más difíciles y complicados, pero estamos todos invitados a hacer una reflexión sobre esta tarea de toda la Iglesia y a hacer el esfuerzo para lograrlo. Llega un momento para que en las familias nos preguntemos: Nosotros, como familia ¿en qué podemos ayudar concretamente? ¿Qué será lo que Dios pide a nuestras familias en este momento?
La respuesta es muy simple, la familia tiene un papel muy importante y definitivo: Construir una verdadera comunidad de vida y amor y ayudar a otras familias a que también lo hagan. Así nacen las familias misioneras. Son familias que tienen sus propios trabajos y ocupaciones y sin embargo, dedican parte de su tiempo a este apostolado, que además de permitirles servir a otras familias, nos enriquece y nos hace crecer a nosotros como familia.

4.Comprometidos con los pobres.

El número de los pobres es cada día mayor, así lo podemos ver en los noticieros o simplemente cuando vamos por las calles, cuando realizamos nuestro apostolado y porque no decirlo cuando sencillamente compartimos en las reuniones de grupo, podemos descubrir allí que los pobres están entre nosotros y con nosotros. No puede hablarse de Familia Vicentina sin mencionar la gran obra realizada por nuestros Santos Fundadores Vicente de Paúl y Luisa de Marillac, como también de tantos seguidores suyos que han dado la vida por aquellos que pasan necesidades. La caridad con el prójimo, en todas las formas que siempre son nuevas por medio de las obras de misericordia corporal y espiritual, representa el contenido más inmediato, común y habitual de aquella animación cristiana del orden temporal, que constituye el compromiso específico de los fieles laicos de la Familia Vicentina y en este caso ustedes los JÓVENES.

5.Verdaderos Discípulos y Misioneros de Jesucristo.

“Los dos discípulos, al oír hablar así siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les dice: ¿Qué buscan? Respondieron: Rabí- que significa Maestro- ¿Dónde vives? Les dice: -Vengan y vean. Fueron, vieron donde vivía y se quedaron con él aquel día”. (Jn 1, 37-38). Estas palabras tienen gran sentido para el evangelista Juan, pues este ¿qué buscan? Son palabras que habrían el ritual del comienzo de la vida religiosa, serán las primeras palabras de Jesús a la Magdalena después de la Resurrección, es la primera pregunta de Jesús en Getsemaní cuando es apresado por los guardias (Jn 18,4), será para todos los jóvenes la pregunta básica que les hace Jesús cuando se acercan a él. ¿Qué respuesta podremos darle? ¿Mis propios intereses? ¿Ser sus discípulos? ¿…?. Hoy más que nunca estamos llamados a ser discípulos y misioneros, a quedarnos con Jesús de una vez y para siempre como lo hicieron estos primeros discípulos que lo siguieron por la palabra de Juan. Es hora de ir a anunciar el Evangelio, de ser verdaderos misioneros como lo fueron Luisa de Marillac, Vicente de Paúl y ahora que estamos en el año de San Pablo no podemos dejar de reflexionar sus enseñanzas y de seguir sus pasos.

Tengamos presente que en el año 2010 celebraremos 350 años de la muerte de nuestros Santos Fundadores y Patronos, particularmente porque la mejor manera de vivir este acontecimiento será encarnando su carisma de servicio con alegría y radicalidad.

Jóvenes Vicentinos:
No tengan miedo, confíen en Dios. (Jn 14, 1)

miércoles, marzo 4

CRISTO ES TU ESPERANZA

En su mensaje por la 24º Jornada Mundial de la Juventud, que este año se celebrará a nivel diocesano el Domingo de Ramos, 5 de abril, el Papa Benedicto XVI recordó a los jóvenes del mundo que "la gran esperanza está en Cristo", aquello que buscan y anhelan profundamente está en Dios y que a Él deben dirigirse para vivir el amor y ser auténticamente felices.

Al iniciar su mensaje, el Papa rememoró la JMJ de Sydney, en agosto de 2008 y propuso un camino de formación para la siguiente JMJ que se celebrará en Madrid en 2011 bajo el lema "Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe". En este camino hacia Madrid, el Santo Padre propuso reflexionar en 2009 sobre la afirmación de San Pablo: "Hemos puesto nuestra esperanza en el Dios vivo" (1 Tm 4,10), y en 2010 sobre la pregunta del joven rico a Jesús: "Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?" (Mc 10,17).

El Santo Padre explicó que la "juventud, en particular, es tiempo de esperanzas, porque mira hacia el futuro con diversas expectativas. Cuando se es joven se alimentan ideales, sueños y proyectos; la juventud es el tiempo en el que maduran opciones decisivas para el resto de la vida". "Y tal vez por esto es la etapa de la existencia en la que afloran con fuerza las preguntas de fondo: ¿Por qué estoy en el mundo? ¿Qué sentido tiene vivir? ¿Qué será de mi vida? Y también, ¿cómo alcanzar la felicidad? ¿Por qué el sufrimiento, la enfermedad y la muerte? ¿Qué hay más allá de la muerte?"

Por ello, continuó, al intentar responder a estas apremiantes preguntas, es necesario hallar la "gran esperanza"; y recordó que en su Encíclica Spe Salvi, ya había precisado que ésta "sólo puede ser Dios, que abraza el universo y que nos puede proponer y dar lo que nosotros por sí solos no podemos alcanzar". "Por eso, una de las consecuencias principales del olvido de Dios es la desorientación que caracteriza nuestras sociedades, que se manifiesta en la soledad y la violencia, en la insatisfacción y en la pérdida de confianza, llegando incluso a la desesperación", advirtió.

Seguidamente Benedicto XVI describió la situación de muchos jóvenes que ante sus problemas huyen "hacia la dependencia de drogas y alcohol, y hacia tantas otras formas de malestar juvenil". En ellos, dijo, "no se apaga el deseo del verdadero amor y de la auténtica felicidad" y necesitan la nueva evangelización "que ayude a las nuevas generaciones a descubrir el rostro auténtico de Dios, que es Amor".

El Santo Padre puso como ejemplo de la esperanza auténtica a San Pablo, quien siendo un joven de 20 o 25 años se convierte camino a Damasco. "Después de aquel encuentro, la vida de Pablo cambió radicalmente: recibió el bautismo y se convirtió en apóstol del Evangelio. En el camino de Damasco fue transformado interiormente por el Amor divino que había encontrado en la persona de Jesucristo".

"De perseguidor se transformó en testigo y misionero; fundó comunidades cristianas en Asia Menor y en Grecia, recorriendo miles de kilómetros y afrontando todo tipo de vicisitudes, hasta el martirio en Roma. Todo por amor a Cristo". El Papa resalta luego en su mensaje que "Jesús, del mismo modo que un día encontró al joven Pablo, quiere encontrarse con cada uno de vosotros, queridos jóvenes. Sí, antes que un deseo nuestro, este encuentro es un deseo ardiente de Cristo".

Por eso, alentó el Papa a los jóvenes, "dad espacio en vuestra vida a la oración. Está bien rezar solos, pero es más hermoso y fructuoso rezar juntos, porque el Señor nos ha asegurado su presencia cuando dos o tres se reúnen en su nombre". Asimismo invitó a participar activamente en la liturgia y en la Eucaristía, alrededor de la cual "nace y crece la Iglesia, la gran familia de los cristianos, en la que se entra con el Bautismo y en la que nos renovamos constantemente por al sacramento de la Reconciliación".

"Si os alimentáis de Cristo, queridos jóvenes, y vivís inmersos en Él como el apóstol Pablo, no podréis por menos que hablar de Él, y haréis lo posible para que vuestros amigos y coetáneos lo conozcan y lo amen. Convertidos en sus fieles discípulos, estaréis preparados para contribuir a formar comunidades cristianas impregnadas de amor como aquellas de las que habla el libro de los Hechos de los Apóstoles".

"La Iglesia cuenta con vosotros para esta misión exigente. Que no os hagan retroceder las dificultades y las pruebas que encontréis. Sed pacientes y perseverantes, venciendo la natural tendencia de los jóvenes a la prisa, a querer obtener todo y de inmediato". Al finalizar su mensaje, el Papa exhortó a mirar siempre a María, la Madre de la esperanza; quien bajo el título de Stella Maris (Estrella del Mar) "guía a los jóvenes de todo el mundo al encuentro con tu divino Hijo Jesús, y sé tú la celeste guardiana de su fidelidad al Evangelio y de su esperanza".

Para leer el mensaje completo, ingrese a: http://www.aciprensa.com/Docum/documento.php?id=220


Tomado y adaptado de aciprensa.

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