jueves, marzo 5

Jóvenes Vicentinos hoy

Démonos enteramente a la práctica de la oración que por ella nos vendrá todo lo bueno. Si perseveramos en nuestra vocación, es gracias a la oración. Si tenemos éxito en nuestros trabajos, es gracias a la oración. Si no caemos en pecado, es gracias a la oración. Si permanecemos en la caridad y nos salvamos es gracias a la oración y a Dios. Así como Dios no niega nada sin la oración, tampoco concede casi nada sin la oración” (SVP, XI, 407).

Queremos invitarlos en esta cuaresma a tener una vida de encuentro con el Señor mediante la práctica de la oración y los elementos que nos ofrece la cuaresma para nuestra conversión y acercamiento al Señor, quien sale a nuestro encuentro; el ayuno, la abstinencia, el encuentro con la Palabra de Dios, la práctica de la caridad con los más necesitados, son algunos de los elementos que debemos tener en cuenta para nuestra vida de cristianos comprometidos con Cristo en la Iglesia, siguiendo y viviendo el carisma de San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac.
Que los pobres sean cada día aquello que nos decía San Vicente “Los pobres son nuestros amos y señores” pues no podemos seguir haciendo nuestras reuniones pasando muy bueno y nada más, sin darle un vistazo a la realidad que nos rodea. La invitación es también a que seamos miembros activos de la Iglesia, dinámicos en el anuncio del Evangelio en todas sus dimensiones y con todas sus implicaciones. Para esta cuaresma les proponemos unas reflexiones que seguramente les ayudarán a preparar de manera genuina su vida cristiana para esta semana santa:

1. Insertos en la Iglesia local.

La participación de los laicos en la vida de las parroquias es tan importante y necesaria, que sin ella, el apostolado de los pastores no puede alcanzar la eficacia total que requiere. Estamos invitándoles a todos ustedes a estar activos en el plan pastoral de sus parroquias sobretodo en este tiempo fuerte de semana Santa. Sigamos a continuación los lineamientos que nos dice el documento de Aparecida. “Entre las comunidades eclesiales, en las que viven y se forman los discípulos misioneros de Jesucristo, sobresalen las Parroquias. Ellas son células vivas de la Iglesia y el lugar privilegiado en el que la mayoría de los fieles tienen una experiencia concreta de Cristo y la comunión eclesial. Están llamadas a ser casas y escuelas de comunión”. (DA 170) Aprovechemos estos espacios que poseemos y no nos cansemos de hacer el bien, sobretodo con el servicio a los más pobres.

2. Ser presencia creyente en medio de la sociedad.

Están llamados a dar testimonio de su vida cristiana en diversos ambientes y realidades donde se encuentren, expresando el amor a la Palabra de Dios, a la vida de oración, a la práctica de los sacramentos como también estando dispuestos a socorrer las necesidades de los más pobres. Responsabilidad de proclamar la fe católica: confesar la fe sobre Cristo, sobre el hombre, sobre la Iglesia con valentía. Amando de corazón a sus movimientos y haciendo las cosas lo mejor posible, para el bien de la Iglesia.

3.Evangelizadores de sus familias.

Es urgente la necesidad de evangelizar en familia, en nuestra propia casa y con los más cercanos, aunque en muchas ocasiones son los lugares más difíciles y complicados, pero estamos todos invitados a hacer una reflexión sobre esta tarea de toda la Iglesia y a hacer el esfuerzo para lograrlo. Llega un momento para que en las familias nos preguntemos: Nosotros, como familia ¿en qué podemos ayudar concretamente? ¿Qué será lo que Dios pide a nuestras familias en este momento?
La respuesta es muy simple, la familia tiene un papel muy importante y definitivo: Construir una verdadera comunidad de vida y amor y ayudar a otras familias a que también lo hagan. Así nacen las familias misioneras. Son familias que tienen sus propios trabajos y ocupaciones y sin embargo, dedican parte de su tiempo a este apostolado, que además de permitirles servir a otras familias, nos enriquece y nos hace crecer a nosotros como familia.

4.Comprometidos con los pobres.

El número de los pobres es cada día mayor, así lo podemos ver en los noticieros o simplemente cuando vamos por las calles, cuando realizamos nuestro apostolado y porque no decirlo cuando sencillamente compartimos en las reuniones de grupo, podemos descubrir allí que los pobres están entre nosotros y con nosotros. No puede hablarse de Familia Vicentina sin mencionar la gran obra realizada por nuestros Santos Fundadores Vicente de Paúl y Luisa de Marillac, como también de tantos seguidores suyos que han dado la vida por aquellos que pasan necesidades. La caridad con el prójimo, en todas las formas que siempre son nuevas por medio de las obras de misericordia corporal y espiritual, representa el contenido más inmediato, común y habitual de aquella animación cristiana del orden temporal, que constituye el compromiso específico de los fieles laicos de la Familia Vicentina y en este caso ustedes los JÓVENES.

5.Verdaderos Discípulos y Misioneros de Jesucristo.

“Los dos discípulos, al oír hablar así siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les dice: ¿Qué buscan? Respondieron: Rabí- que significa Maestro- ¿Dónde vives? Les dice: -Vengan y vean. Fueron, vieron donde vivía y se quedaron con él aquel día”. (Jn 1, 37-38). Estas palabras tienen gran sentido para el evangelista Juan, pues este ¿qué buscan? Son palabras que habrían el ritual del comienzo de la vida religiosa, serán las primeras palabras de Jesús a la Magdalena después de la Resurrección, es la primera pregunta de Jesús en Getsemaní cuando es apresado por los guardias (Jn 18,4), será para todos los jóvenes la pregunta básica que les hace Jesús cuando se acercan a él. ¿Qué respuesta podremos darle? ¿Mis propios intereses? ¿Ser sus discípulos? ¿…?. Hoy más que nunca estamos llamados a ser discípulos y misioneros, a quedarnos con Jesús de una vez y para siempre como lo hicieron estos primeros discípulos que lo siguieron por la palabra de Juan. Es hora de ir a anunciar el Evangelio, de ser verdaderos misioneros como lo fueron Luisa de Marillac, Vicente de Paúl y ahora que estamos en el año de San Pablo no podemos dejar de reflexionar sus enseñanzas y de seguir sus pasos.

Tengamos presente que en el año 2010 celebraremos 350 años de la muerte de nuestros Santos Fundadores y Patronos, particularmente porque la mejor manera de vivir este acontecimiento será encarnando su carisma de servicio con alegría y radicalidad.

Jóvenes Vicentinos:
No tengan miedo, confíen en Dios. (Jn 14, 1)

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