viernes, julio 13

LECTIO DIVINA – DOMINGO 15º TO –Ciclo B


                                                                    Fuentes: “Tú tienes palabras de vida, Ciclo B”;
                                                                                                                  obras completas de
                                                                                                                  San Vicente de Paúl.
COMENZÓ A ENVIARLOS DE DOS EN DOS

LA PALABRA HOY: Amós 7,12-15; Salmo 84; Efesios 1,3-14; Marcos 6,6-13
Ambientación: Al centro: un bastón, un  par de sandalias, la Biblia, un cirio, huellas de cartulina con el siguiente texto: “Nosotros no podemos callar lo que hemos visto y oído” Hch 4, 20. Se entregará a cada              participante.
Cantos sugeridos: El mensajero de la paz; Nos envías por el mundo.
 AMBIENTACIÓN:  
Llamada, elección y envío: tres aspectos de una misma vocación que se vive en el desapego radical y en el servicio. Los apóstoles constatan que la fidelidad a esta llamada de Dios compromete toda la vida. Elegidos en Cristo, hemos sido llamados y enviados a anunciar el evangelio.
1. Oración inicial
Señor Jesús,
Tú que has enviado a tus discípulos
para que fueran a anunciar tu Palabra,
para darte a conocer, para invitar a la conversión,
y les has pedido total confianza en ti,
abandono pleno en ti,
te pedimos que ahora que nosotros
que estamos profundizando tu Palabra,
y que queremos vivir y actualizar
de manera más viva tus enseñanzas,
que nos ayudes a ser más conscientes
de lo que implica seguirte a ti,
y así salir al encuentro de los otros,
llevando tu mensaje de salvación,
sabiendo que Tú actúas en y por nosotros.
Danos Señor, la gracia de que Tú,
actúes en nuestra vida
y que nosotros te demos a conocer,
hoy y siempre
confiando y esperando todo de ti.
Que así sea.

I. LECTIO ¿Qué dice el texto? – Mc 6,6-13
Motivación: El reino de Dios ya ha llegado, por eso Él elige a sus amigos, les encarga la tarea, y les indica cómo tendrá que ser su vida: sin apegarse a nada ni a nadie, sin acomodarse a seguridades, sin miedo a ser rechazados por los satisfechos. Y ellos predicaron la conversión y hacían creíble con su vida el Mensaje de Jesús. Escuchemos.
Forma de leerlo:
1.     Proclamar el texto en voz alta (todos de pie).
2.     Cada uno puede leer en voz alta el versículo que más le llamó la atención (sentados).

Preguntas para la lectura:
·         ¿A quiénes reúne Jesús mientras recorre las aldeas? ¿Para qué?
·         ¿Qué órdenes concretas les da a los Doce?
·         ¿Cómo deberán actuar ante las dificultades?
·         Una vez que son enviados, ¿qué acciones realizan los apóstoles?

Otros textos bíblicos para confrontar: Mt 10,9-14; Lc 9,1-6;  Mc 3,13-19

II. MEDITATIO ¿Qué me dice? ¿Qué nos dice el Texto?
Motivación: Aunque nos reconocemos elegidos, llamados y enviados, con frecuencia nos sorprendemos a nosotros mismos con actitudes y comportamientos que no son los de un evangelizador cristiano. Como un día hizo con sus discípulos, también hoy el Señor nos da instrucciones concretas para proclamar su mensaje.
                      
·         ¿Qué significa para mí hoy ser un “enviado” de Jesús? ¿A qué lugares de manera particular me envía?
·         Jesús envía a sus discípulos sin otra seguridad que la Palabra que anuncian. ¿Confío en el Señor totalmente? ¿En qué cosas, personas,... tengo puestas mis seguridades?
·         ¿Cómo reacciono cuando alguien no quiere escuchar la Palabra de Dios?
·         ¿Concibo mi vida como una oportunidad de anunciar y dar a conocer al Señor, así en mi vida personal, en mi profesión, en mi familia, en mi comunidad, ahí donde esté?, ¿de qué manera?
Luego de un tiempo de meditación personal, compartimos con sencillez nuestra reflexión, lo que el texto ME dice a mi propia realidad y situación personal.

III. ORATIO ¿Qué le digo al Señor motivado por su Palabra?
Motivación: El Maestro, una vez más, nos llama y nos envía ofreciéndonos instrucciones concretas para el momento histórico en que vivimos. Le damos gracias por la elección y la llamada, le pedimos que seamos sensibles a la voz de su Espíritu y le rogamos por todos los mensajeros del evangelio.
·         Luego de un tiempo de oración personal, podemos compartir en voz alta nuestra oración, siempre dirigiéndonos a Dios mediante la alabanza, la acción de gracias o la súplica confiada.
·         Se puede, también, recitar el salmo responsorial que corresponde a este domingo (Salmo 84).

IV. CONTEMPLATIO ¿Qué me lleva a hacer el texto?
Motivación: San Vicente nos recuerda la excelencia de nuestra vocación de misioneros y misioneras. Demos gracias a Dios por ello:
«Por tanto, un gran motivo que tenemos es la grandeza de la cosa: dar a conocer a Dios a los pobres, anunciarles a Jesucristo, decirles que está cerca el reino de los cielos y que ese reino es para los pobres. ¡Qué grande es esto! Y el que hayamos sido llamados para ser compañeros y para participar en.los planes del Hijo de Dios, es algo que supera nuestro entendimiento. ¡Qué! ¡Hacernos..., no me atrevo a decirlo.... sí: evangelizar a los pobres es un oficio tan alto que es, por excelencia, el oficio del Hijo de Dios! Y a nosotros se nos dedica a ello como instrumentos por los que el Hijo de Dios sigue haciendo desde el cielo lo que hizo en la tierra. ¡Qué gran motivo para alabar a Dios, hermanos míos, y agradecerle incesantemente esta gracia!» (XI, 387)
 “Urge acudir en todas las direcciones para proclamar que el mal y la muerte no tienen la última palabra, que el amor es más fuerte, que hemos sido liberados y salvados por la victoria pascual del Señor de la historia”… (Aparecida, 548)
Compromiso: Orar por la labor misionera de la Iglesia. Comprometernos en alguna acción misionera de nuestra parroquia.

Oración final
Te bendecimos, Dios de los apóstoles y los profetas,
por Jesucristo, tu primer enviado en misión de paz y amor para anunciar a los pobres el gozo de la liberación,
para dar la salud a los enfermos y cosechar la mies abundante.
Cristo delegó su misión a los suyos, a nosotros;
desde entonces evangelizar es la vocación de tu pueblo.
Jesús nos quiere disponibles, con la libertad de la pobreza, para compartir con los demás lo que tú nos das gratis.
Vacía, Señor, nuestro corazón de la soberbia para hacer sitio a la revelación de tu nombre, y desocupa nuestras manos de la codicia para recibir en ellas tu medida colmada. Amén.

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