martes, junio 14

Los peligros de la telefonía móvil

Existe un gran desconocimiento sobre las repercusiones negativas para la salud y el medio ambiente que tiene el sistema de telefonía móvil.
Para Los Verdes- Grupo Verde, “estamos ante un atentado contra la salud y el medio ambiente de dimensiones incalculables”.
Tal es la magnitud del problema que hasta las compañías de seguros están excluyendo de sus coberturas los riesgos de radiaciones electromagnéticas.

Ahora sabemos que las radiaciones no sólo afectan al usuario de teléfonos móviles, sino a todo ser vivo que se encuentre a su alrededor. Se han detectado alteraciones en el encefalograma de una persona a una distancia de 90 metros de la fuente emisora. La radiación emitida por el teléfono móvil está 10.000 veces por encima de los valores que provocan alteraciones en el encefalograma del usuario, medidos a 30 centímetros de distancia. Por supuesto que estos valores se incrementan cuando el usuario está con el aparato pegado a la oreja.
Numerosas investigaciones señalan que el uso de los móviles puede desencadenar procesos cancerígenos en la piel y el cerebro, Alzheimer, cataratas, dolor de cabeza, nerviosismo, insomnio…Cuando utilizamos el teléfono portátil es como si metiéramos la cabeza dentro de un aparato de microondas. Las células del cerebro se calientan, la molécula del núcleo- que sirve de soporte a los caracteres hereditarios- se rompe.
Los efectos de la radiación en las ondas cerebrales perduran incluso días después de hacer uso del teléfono móvil.
Consideración aparte merece el tema de los repetidores que han proliferado descontroladamente por toda nuestra geografía. Más allá del evidente impacto paisajístico, las torres emisoras suponen una agresión contra el medio ambiente aún por determinar. Millones de hectáreas de bosque están permanentemente sometidas a la influencia de sus emisiones.
Es decir, una invasión silenciosa de microondas sobre nuestras propias cabezas. El efecto nocivo de un repetidor dependerá de la distancia a la que esté situada su vivienda y al tiempo de exposición de la persona a dichas radiaciones (como mínimo las ocho horas de sueño diarias)”.

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