lunes, marzo 11

LECTIO DIVINA – IV DOMINGO CUARESMA - C TENEMOS QUE ALEGRARNOS Y HACER FIESTA

“Tú tienes palabras de vida, Ciclo “C”;
obras completas de San Vicente de Paúl.

LA PALABRA HOY: Josué 5,9-12; Salmo 33; 2 Corintios 5,17-21; Lucas 15,1-3.11-32
Ambientación: Para toda la cuaresma: un camino de papel. Un corazón de papel con la inscripción: “Misericordia”.

Cantos sugeridos: Padre, vuelvo a ti; Si me levantaré

AMBIENTACIÓN:  
Jesús, acogiendo a los pecadores, no hacía otra cosa que manifestar el amor de Dios y su perdón misericordioso. La parábola del "hijo pródigo", y que también podría titularse parábola del padre misericordioso, es una réplica de Jesús a la murmuración de los fariseos que no hacían otra cosa que criticar su acogida. Lo principal es el gran amor de Dios que se refleja en la conducta del padre.

1. Oración inicial

Dame la gracia de tu Espíritu Santo…
para ser consciente de mi situación personal…
para ver lo que debo cambiar…
para darme cuenta de aquello que no corresponde a tu amor…
para tener la valentía de cambiar…
para buscar identificarme cada vez más contigo…
para no abandonarte más…
para volver a comenzar…
para buscar solo en ti el sentido de mi vida…
para confiar y esperar en ti…
para darme cuenta de tu misericordia y tu bondad…
para mirarme como Tú me miras…
para dejarme transformar por ti…
para aferrarme siempre más a ti…
para dejarme iluminar por ti…
para encontrar en ti mi fortaleza…
para vivir plenamente lo que me pides… 
para sentir el abrazo amoroso de tu perdón. AMÉN


I. LECTIO ¿Qué dice el texto? – Lc 15, 1-3-11-32

Motivación: El Evangelio de hoy nos recuerda que la misericordia de Dios sigue siendo mucho mayor que nuestras limitaciones; la acogida y el perdón que el “padre bueno” de la parábola, tuvo con su hijo pródigo, es, junto a nuestro reconocimiento de pecadores, la invitación a saber a hacer fiesta cuando un alejado vuelve a casa. Escuchemos:

Forma de leerlo:
1.  Proclamar el texto en voz alta (todos de pie).
2. Cada uno puede leer en voz alta el versículo que más le llamó la atención (sentados).

Preguntas para la lectura:

·   ¿A quiénes dirige Jesús la parábola? ¿Por qué?
·  ¿Qué le pide el hijo menor al padre? ¿Cómo reacciona ante este pedido? ¿Cómo emplea su herencia?
·   ¿Qué motiva el regreso del hijo a su casa?
·  ¿Qué actitudes muestra el hijo mayor? ¿Qué le dice su padre?
Otros textos bíblicos para confrontar: Éxodo 34,6; Oseas 11,8-9; Oseas 2,21; Lucas 6,36.


II. MEDITATIO ¿Qué me dice? ¿Qué nos dice el Texto?

Motivación: La Cuaresma es para nosotros una oportunidad para convertirnos. Recapacitar, ponernos en camino y volver juntos al Padre. Pero, sobre todo, es una nueva ocasión para contemplar y saborear el perdón de Dios que surge de un corazón misericordioso como el suyo.

· ¿Qué impresión me causa la parábola del padre misericordioso?, ¿qué mensaje nos deja y qué actualidad tiene para nosotros?
· ¿En qué circunstancias uno actúa de la misma manera que el hijo menor?, ¿qué se puede hacer y cómo actuar en esas circunstancias?
·  ¿Con cuál de los dos hijos me identifico más a la hora de relacionarme con Dios?
· En estos días de cuaresma, ¿qué debemos hacer para tomar conciencia de nuestra situación personal y así levantarnos y volver al Padre?

Luego de un tiempo de meditación personal, compartimos con sencillez nuestra reflexión, lo que el texto ME dice a mi propia realidad y situación personal.


III. ORATIO ¿Qué le digo al Señor motivado por su Palabra?

Motivación: En el centro de esta parábola hemos encontrado un corazón que busca con pasión, que acoge calurosamente y que siempre está dispuesto a hacer fiesta con todos nosotros.

· Luego de un tiempo de oración personal, podemos compartir en voz alta nuestra oración, siempre dirigiéndonos a Dios mediante la alabanza, la acción de gracias o la súplica confiada.
· Se puede, también, recitar el salmo responsorial que corresponde a este domingo (Salmo 33).


IV. CONTEMPLATIO ¿Qué me lleva a hacer el texto?

Motivación: San Vicente explica a las hermanas el significado de la parábola del hijo pródigo:
¿Se acuerdan mis queridas hermanas, de lo que se dice del hijo pródigo? El pródigo exige a su padre los bienes que le pertenecen, abandona su casa y se marcha a malgastarlos. Después de haberlo perdido todo hasta verse obligado a compartir con los cerdos su comida, se decidió a volver. Y entonces el padre exclamó: "¡Ah! ¡Ahí está mi hijo! ¡Que me lo cuiden, que preparen un banquete, que maten el ternero cebado, que le traigan vestidos y que todo el mundo se alegre de la vuelta de mi hijo!". Pues bien, hermanas, vean cómo acaricia aquel padre al pobre desdichado; lo abraza, le ofrece un gran banquete y toda su casa se llena de alegría. ¿Es que acaso lo quiere más que al mayor, que solamente le ha dado motivos de satisfacción? No; lo que pasa es que es más digno de compasión por su miseria.
El mayor, que venía del campo, al oír los violines y los preparativos que se hacían en casa de su padre, se llenó de tristeza…
Es la envidia la que le hace decir esas cosas al hermano mayor; cree que es su hermano el preferido. Pero aunque el padre parece amar más al hijo pródigo que al otro, la verdad es que quiere mucho más al mayor, y con razón. (IX,628)
           
Compromiso: ¿Qué debo hacer para levantarme y dejar mi actual vida de pecado y volver al Padre?, ¿cómo, qué necesito?, ¿cuáles son mis dificultades para dar ese paso? En sí, ¿qué voy a hacer para volver al Padre y reconciliarme con Él?

Oración final

Te bendecimos, Dios Padre, porque Jesucristo, tu Hijo, fue conocido y acusado como "el que acoge a los pec adores". En la parábola del hijo pródigo nos dejó la mejor y más exacta radiografía de tu corazón de padre que ama y perdona siempre.
Bendito seas, Señor, porque eres un Dios reconciliador y no nos tratas como merecen nuestros continuos desdenes, sino que corres a nuestro encuentro y, como al hijo pródigo, nos colmas de amor, besos, ternura, regalos, pan y Eucaristía.
Hoy queremos desandar el camino para descansar al fin en tus brazos, dejándonos querer por ti; así rehabilitados, podremos sentarnos a tu mesa con todos los hermanos. Amén.


lunes, marzo 4

LECTIO DIVINA – III DOMINGO CUARESMA - C A VER SI DA FRUTO




“Tú tienes palabras de vida, Ciclo “C”; obras completas de San Vicente de Paúl. 

LA PALABRA HOY: Éxodo 3,1-8.13-15; Salmo 102; 1 Corintios 10,1-6.10-12; Lucas 13, 1-9
Ambientación: Para toda la cuaresma: un camino de papel. Una flecha grande de papel con la inscripción: “Conviértete”.
Cantos sugeridos: Este es el día del Señor.

AMBIENTACIÓN:  
La cuaresma se caracteriza por ser un tiempo de conversión, de cambio, de vuelta al Señor, para poder así disponernos a las fiestas de Pascua, que son el prototipo del cambio y de la vida nueva, de la vida plena que el Señor ha experimentado con su resurrección y que es una invitación a todos nosotros.

1. Oración inicial

Señor Jesús,
Tú una y otra vez, nos has invitado a la conversión,
a hacer de ti el sentido de nuestra vida,
para que así nuestra fe la manifestemos
en obras y actitudes,
por eso, nos invitas a dejar lo que nos separa de ti,
a abandonar nuestra vida de pecado,
a cambiar de actitudes
y a producir frutos de conversión.
Ahora que estamos preparándonos
para celebrar tu misterio pascual,
te pedimos que nos concedas tu Espíritu Santo
para que tengamos el valor de reconocer
todo aquello que debemos cambiar,
y con tu ayuda, podamos dejar de lado,
todo lo que impide que Tú seas todo
para y en nosotros.
Tú que nos pides la conversión,
ayúdanos a cambiar lo que debemos cambiar
y así dar los frutos que esperas de nosotros.
Que así sea.


I. LECTIO ¿Qué dice el texto? – Lucas 13, 1-9

Motivación: Jesús hace una nueva llamada a la conversión, al cambio de vida de sus seguidores; es una tarea urgente, y debe manifestarse y verificar su autenticidad en las obras, en las actitudes, en los comportamientos. Si la conversión no nos lleva a cambiar de vida, no ha habido tal conversión; y si no nos convertimos seremos como la higuera estéril. Escuchemos:

Forma de leerlo:
1.  Proclamar el texto en voz alta (todos de pie).
2. Cada uno puede leer en voz alta el versículo que más le llamó la atención (sentados).

Preguntas para la lectura:

·   ¿Qué noticias le llevan a Jesús las personas que llegan a donde él?
· ¿Qué les contesta Jesús en ambos casos? ¿Qué recomendaciones les da?
·  ¿Qué enseñanza quiere dar Jesús con la parábola de la higuera?
·   ¿Quién intercede para que la higuera no sea cortada?
·   ¿Cómo actúa el dueño de la viña?


Otros textos bíblicos para confrontar: Juan 9,3; Juan 8,24; Mateo 21,19.


II. MEDITATIO ¿Qué me dice? ¿Qué nos dice el Texto?

Motivación: Jesús, el viñador, nos alimenta con su Palabra para que podamos dar frutos de vida ante el juicio inminente que se ha iniciado con su llegada. Para ello no basta con escuchar, sino que hemos dejarnos de convertir por esa Palabra que es eficaz y que llena de frutos nuestras vidas.

·  Dios castiga. ¿En qué aspectos cambia el texto esta visión equivocada de Dios?
· Para nosotros en este tiempo de cuaresma, ¿qué importancia tienen las dos exhortaciones que el Señor nos hace a la conversión (Lc 13,3.5)?, ¿qué actualidad tiene para nosotros?, ¿qué debemos hacer, convertirnos a qué, cómo?
·  ¿Qué mensaje transmite la parábola de la higuera estéril (Lc 13,6-9)?, ¿qué le dice a nuestra vida?, ¿a qué nos compromete la paciencia de Dios?, ¿cuáles serían los frutos que el Señor espera de cada uno de nosotros?

Luego de un tiempo de meditación personal, compartimos con sencillez nuestra reflexión, lo que el texto ME dice a mi propia realidad y situación personal.


III. ORATIO ¿Qué le digo al Señor motivado por su Palabra?

Motivación: La cuaresma se nos presenta como una oportunidad única para cavar, para echar abono en nuestra vida cristiana, para seguir avanzando en nuestro camino de conversión y dar frutos de vida. En nuestra oración le pedimos a Jesús, el Viñador, que no se canse de interceder por nosotros, que nos ayuda a dar muchos frutos.

· Luego de un tiempo de oración personal, podemos compartir en voz alta nuestra oración, siempre dirigiéndonos a Dios mediante la alabanza, la acción de gracias o la súplica confiada.
· Se puede, también, recitar el salmo responsorial que corresponde a este domingo (Salmo 102).


IV. CONTEMPLATIO ¿Qué me lleva a hacer el texto?

Motivación: La verdadera conversión nos lleva a dar frutos abundantes, y el buen ejemplo lleva a otros a hacer lo mismo. Esto es lo que sugiere Vicente a los misioneros en la repetición de oración del 25 de noviembre de 1657.

“ No solamente hemos de obrar el bien, sino además que ese bien lo debemos hacer bien. Porque, fíjense, no basta con hacer cosas buenas, por ejemplo, dar limosna, ayunar, y todo lo demás todo eso está bien, pero no es suficiente, además hay que hacer bien todo esto, con el espíritu de nuestro Señor, de la manera como lo hizo nuestro Señor en la tierra, y puramente por la gloria de Dios. Las plantas son incapaces de producir frutos que sean más excelentes que su esencia. Nosotros, todos nosotros, somos como la esencia de los que han de venir después de nosotros, y que probablemente no producirán mejores frutos que nosotros, ni alcanzarán una perfección más alta que nosotros. Si nosotros hemos obrado bien, ellos obrarán bien.” (XI, 314)

¿Qué va a cambiar en mi vida después de haber visto que el Señor pide que produzcamos frutos?, ¿qué debo hacer para vivir mi vida y mi fe produciendo los frutos que el Señor espera de mí?, ¿dónde, con quienes, de qué manera, en qué debo producir frutos?

Oración final

Te bendecimos, Padre, porque eres paciente y compasivo, un Dios lento a la ira y rico en clemencia y bondad.
No quieres la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. Por eso nos invitas continuamente a una conversión liberadora; pero nosotros estamos instalados muy a gusto en la mezquindad, en la hojarasca estéril de una frondosidad tan sólo aparente.

Convierte, Señor, nuestro corazón a los valores de tu reino: pobreza y desprendimiento, perdón y fraternidad, paz y concordia, amor y justicia, alegría y generosidad, aguante y esperanza.
Así seremos hombres y mujeres nuevos, hijos de tu ternura, cristianos maduros de verdad y guiados por tu Espíritu. Amén.


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