martes, agosto 28

LECTIO DIVINA – DOMINGO 20º TO –Ciclo B EL QUE ME COMA, VIVIRA POR MI

Fuentes: “Tú tienes palabras de vida, Ciclo B”;
 obras completas de San Vicente de Paúl. 

LA PALABRA HOY: Proverbios 9,1-6; Salmo 33; Efesios 5,15-20; Juan 6,51-58
Ambientación: Al centro: un pan grande, un cirio y la frase: El que me coma vivirá por mí.
Cantos sugeridos: Yo soy el pan de vida; En su mesa hay amor

AMBIENTACIÓN:

Jesús estaba junto a Dios, pero ha bajado a este mundo y ha preparado un banquete en el que ofrece un pan que es su propia carne, su misma persona. Para el que se alimenta de él acogiéndolo con fe, se convierte en un pan de vida eterna que permite entrar en una comunión inesperada con Dios.
Esa comunión es la que nos permite darnos cuenta de lo que el Señor quiere HOY de nosotros.

1. Oración inicial

Señor Jesús,
Tú que nos has dejado tu cuerpo y tu sangre,
como verdadera comida y verdadera bebida,
que te has dado Tú mismo,
dándonos tu carne,
dándote Tú todo, en cuerpo y alma,
quedándote en la Eucaristía,
para vivificarnos con tu vida,
transformándonos para que nosotros
tengamos vida en ti,
danos la gracia de experimentar tu presencia viva
y así tener la gracia de adherirnos vivencialmente a ti,
para vivir como Tú quieres y esperas de nosotros.
Abre nuestro corazón y ayúdanos
a sentirte presente y vivo junto a nosotros
sintiendo que eres Tú el que nos vivificas
y transformas con tu vida.
AMEN.


I. LECTIO ¿Qué dice el texto? – Jn 6,51-58

Motivación: El cuerpo humano se alimenta de pan y vino; también la fraternidad necesita alimentarse día a día para no morir de "desnutrición"; la caridad exige siempre un esfuerzo por salir del propio egoísmo; por eso siempre está necesitada de una ayuda que la vivifique; esa ayuda no es otra sino el cuerpo y la sangre de Cristo, que se nos entrega como alimento, solidarizándose en todo con los hombres, sus hermanos. Escuchemos.

Forma de leerlo:
1.     Proclamar el texto en voz alta (todos de pie).
2.    Cada uno puede leer en voz alta el versículo que más le llamó la atención (sentados).

Preguntas para la lectura:
·   ¿Cómo se presenta Jesús? ¿Qué dice sobre Él mismo?
·   ¿Qué reacción provoca en los judíos? ¿De qué discuten?
· ¿Cómo les responde Jesús? ¿Qué significa para sus discípulos “comer su carne” y “beber su sangre”?
·  ¿Cómo define Jesús a su Padre? ¿Cuál es el poder del Padre?

Otros textos bíblicos para confrontar: Lc 22,19; 1Co 11,24; Jn 15,4-5.


II. MEDITATIO ¿Qué me dice? ¿Qué nos dice el Texto?

Motivación: El Evangelio de hoy es sumamente exigente, si queremos tomarlo en serio. Nos ayuda a entender dónde está el secreto de la vida verdadera. Actualicemos y acerquemos a nuestra existencia concreta lo que nos ha sugerido la lectura de este texto.

·  ¿De qué manera te ayuda la celebración de la Eucaristía a alimentar tu vida de fe? ¿Cómo te ayuda a profundizar tu relación con Jesús y con el Padre?
·  ¿Busco la Eucaristía como el alimento vital y fundamental para vivir lo que el Señor quiere y espera de mí?
·  ¿Vivo la comunión eucarística como el momento donde el Señor me llena de su presencia viva?

Luego de un tiempo de meditación personal, compartimos con sencillez nuestra reflexión, lo que el texto ME dice a mi propia realidad y situación personal.


III. ORATIO ¿Qué le digo al Señor motivado por su Palabra?

Motivación: Jesús ha eliminado todas las distancias que separaban al ser humano de Dios, nos ha comunicado la vida del Padre y se ha hecho pan de vida eterna para todo el que cree en él. Presentemos al Señor, orando lo que nos ha sugerido la reflexión de este texto.

· Luego de un tiempo de oración personal, podemos compartir en voz alta nuestra oración, siempre dirigiéndonos a Dios mediante la alabanza, la acción de gracias o la súplica confiada.
· Se puede, también, recitar el salmo responsorial que corresponde a este domingo (Salmo 33).


IV. CONTEMPLATIO ¿Qué me lleva a hacer el texto?

Motivación: Es ahora San Juan Gabriel Perboyre, el que nos habla de la grandeza de la Eucaristía. Antes de celebrar la misa pronuncia estaba profunda y hermosa súplica:

Heme aquí, ¡oh mi divino Salvador! Que a pesar de mi indignidad, voy a darte un ser que tú no tienes, el ser sacramental. ¡Y bien! yo te ruego y te conjuro que obres en mí la misma maravilla que voy a realizar sobre este pan, en virtud de los poderes que Tú me has confiado. Que cuando yo diga: esto es mi cuerpo, digas también Tú de tu indigno servidor: `este es mi cuerpo'. Haz, por tu omnipotencia y tu infinita misericordia, que yo me cambie y transforme totalmente en Ti. Que mis manos sean las manos de Jesús, que mis ojos sean los ojos de Jesús, que mi lengua sea la lengua de Jesús; que todos mis sentidos y todo mi cuerpo sólo sirvan para glorificarte; pero sobre todo transforma mi alma y todas sus potencias: que mi memoria, que mi inteligencia, que mi corazón, sean la memoria, la inteligencia y el corazón de Jesús; que mis operaciones, mis sentimientos sean semejantes a tus operaciones, a tus sentimientos; y que, como tu Padre decía de Ti: `Yo te he engendrado hoy', puedas Tú decir lo mismo de mí y agregar también con tu Padre celestial: `he ahí a mi hijo bienamado, objeto de mis complacencias'. Sí, destruye en mí todo lo que no sea tuyo; haz que yo no viva sino de Ti, para Ti, a fin de que también yo pueda de mi parte decir como tu gran apóstol: `no soy yo quien vive, es Jesucristo que vive en mí'. 

Compromiso:

·  Agradecer a Dios por el don de la Eucaristía, por  su presencia en ella; orar por aquellos que viven alejados del Pan de vida eterna.
·  Vivir durante la semana como una persona eucarística: haciendo de mi vida un pan partido y compartido con los demás.


Oración final

CREO Señor
que está vivo y presente en la Eucaristía,
que tu Carne es verdadera comida,
que tu Sangre es verdadera bebida,
que Tú vienes a mí y me transformas,
que Tú me unes más a ti en tu amor total…
que en la Eucaristía, estás Tú TODO, Dios y hombre verdadero,
que la Eucaristía es el don máximo de tu amor hacia nosotros,
que Tú te das como alimento para impulsarnos a ti,
Creo Señor, pero ven Tú en mi ayuda para que cada vez más, viva por ti y para ti, siendo Tú todo para mí. AMÉN


viernes, agosto 24

SEMANA POR LAPAZ


LECTIO DIVINA – Asunción de la Virgen María DANZAR CON DIOS


LA PALABRA HOY: Apocalipsis 11,19; 12,1-6.l0; Salmo 44; 1 Corintios 15,20-27; Lucas 1,39-56
Ambientación: Imagen de María adornada con flores e iluminada con velas. Al lado un cartel con la frase: “Magnificat”
Cantos sugeridos: Yo canto al Señor porque es grande; Mi alma canta

AMBIENTACIÓN:
En la solemnidad de la Asunción proclamamos junto con la Iglesia entera que María ha entrado en la Gloria de su Hijo Jesús con todo lo que ella es, con la humildad de su vida, de su silencio, de su entrega discreta, de su camino en el seguimiento hasta los pies de la cruz. Con María, nos abrimos a la acción del Espíritu:

 Fuentes: “Tú tienes palabras de vida, Ciclo B”; obras completas de San Vicente de Paúl


1. Oración inicial


Espíritu Santo, Espíritu de sabiduría, de ciencia, del entendimiento, de consejo, llénanos, te rogamos, del conocimiento de la Palabra de Dios, llénanos de toda sabiduría e inteligencia espiritual para poderla comprender en profundidad.
Haz que bajo tu guía podamos comprender el evangelio de esta solemnidad mariana.
Espíritu Santo, tenemos necesidad de ti, el único que continuamente modela en nosotros la figura y la forma de Jesús.
Y nos dirigimos a ti, María, Madre de Jesús y de la Iglesia, que has vivido la presencia desbordante del Espíritu Santo, que has experimentado su fuerza en ti, que le has visto obrar en tu Hijo Jesús desde el seno materno, abre nuestro corazón y nuestra mente para que seamos dóciles a la escucha de la Palabra de Dios. AMÉN.


I. LECTIO ¿Qué dice el texto? - Lucas 1,39-56

Motivación: En un mundo en el que la desesperanza, las crisis –económicas, de valores, de sistemas…-, y el individualismo se van adueñando de todo, hoy la Palabra de Dios resuena, casi a gritos de alegría, anunciando el gozo de la presencia de Dios entre los hombres. Escuchemos a María y a Isabel en esos himnos de alabanza a Dios que entonan y dejémonos llenar de su alegría.

Forma de leerlo:

1.     Proclamar el texto en voz alta (todos de pie).

Preguntas para la lectura

·         ¿Qué razones tiene María para ir a ver a Isabel? ¿Con qué actitud realiza el viaje?
·         ¿Qué efecto causa en Isabel el saludo de María? ¿Qué le dice al recibirla en su casa? ¿Y qué dice del niño que lleva en su ser?
·         María responde con un canto de alabanza ¿Qué canta María? ¿Qué cualidades de Dios resalta en su canto?
·         ¿Cuál es la actitud de Dios hacia los pobres y pequeños?


Otros textos bíblicos para confrontar: 1 Sam 2,1-10, Lc 6,20-26; 16,19-25; 1Cor 15,54-57


II. MEDITATIO ¿Qué me dice? ¿Qué nos dice el Texto?
  
Motivación: María depositó su confianza en Dios y no quedó defraudada. No siempre conocemos los caminos de Dios. Pero sí sabemos con certeza, porque Cristo Jesús lo dijo, que para el creyente la muerte se abre a la vida y el sufrimiento se transforma en gozo. ¡Por eso celebramos con gozo la Asunción de María que supo mucho de sufrimiento, pero en ella fue mayor la fe y confianza en Dios!  Reflexionemos sobre el significado de este pasaje para nuestras vidas:

·  Esta fiesta nos invita a cantar la Gloria de María: ¿En qué consiste esa Gloria?
· ¿Qué significa para nosotros la certeza de que la Asunción de María es signo de lo que seremos en el futuro? ¿Cómo vivo esta realidad?
·  María, mujer orante. Mi oración ¿es ante todo expresión de un sentimiento o celebración y reconocimiento de la acción de Dios?
·  El Magnificat es el canto de María que agradece la obra maravillosa de Dios en ella. ¿Cuál es mi Magnificat? ¿En qué forma agradezco a Dios su acción en mi vida y en la historia?

Luego de un tiempo de meditación personal, compartimos con sencillez nuestra reflexión, lo que el texto ME dice a mi propia realidad y situación personal.


III. ORATIO ¿Qué le digo al Señor motivado por su Palabra?

Motivación: María canta la grandeza de Dios que eleva a los humildes y colma de bienes a los hambrientos. Esta misma experiencia la hemos vivido  muchas veces en nuestra actividad pastoral: Dios engrandece a los pobres. Oremos y alabemos a Dios, recordando situaciones concretas donde Dios se ha manifestado a favor de los sencillos y humildes.

·  Luego de un tiempo de oración personal, compartimos en grupos nuestra oración (o todos juntos)
· Se puede, también, proclamar o cantar el Canto de la Virgen María: El Magnificat (Lc 1, 46-55)


IV. CONTEMPLATIO ¿Qué me lleva a hacer el texto?
  
Motivación: Con la mirada en Dios pero con los pies en la tierra, María sabe alabar sin por eso disminuir su compromiso con la historia. Esa fue la experiencia de san Vicente de Paúl, tal como lo expresa este texto:

Dios ama a los pobres, y por consiguiente ama a quienes aman a los pobres… son los preferidos de Dios; por eso tenemos motivos para esperar que, por amor hacia ellos, también nos amará Dios a nosotros. Así pues, hermanos míos, vayamos y ocupémonos con un amor nuevo en el servicio de los pobres, y busquemos incluso a los más pobres y abandonados; reconozcamos delante de Dios que son ellos nuestros señores y nuestros amos, y que somos indignos de rendirles nuestros pequeños servicios. (SVP XI-3, 273)

Compromiso:

· Descubrir en el amor de Dios la oportunidad que tenemos para heredar la vida eterna.
· Proclamar con nuestras palabras y obras la acción de Dios en nuestras vidas.


Oración final


Dios de los pobres, de los humildes
y de los olvidados,
hoy te bendecimos con María de Nazaret,
la madre de Jesús,
porque tu misericordia llega a tus fieles
de generación en generación,
invirtiendo el viejo orden establecido
 y haciendo justicia a los menospreciados
y los oprimidos.
Con María ha llegado un cambio decisivo en la historia,
 al encarnarse Cristo en la vida y conciencia de los pobres,
destinatarios preferidos de la liberación de Dios.
¡Gracias, Señor!
Ayúdanos a asimilar los valores de tu reino:
pobreza y vacío de sí mismo
en vez de prepotencia y orgullo,
fraternidad y solidaridad
en vez de explotación y dominio. Amén.


viernes, agosto 10

LECTIO DIVINA – DOMINGO 19º TO –Ciclo B YO SOY EL PAN DE LA VIDA



Fuentes: “Tú tienes palabras de vida, Ciclo B”; obras completas de San Vicente de Paúl. 
LA PALABRA HOY: 1 Reyes 19,4-8; Salmo 32; Efesios 4,30-5,2; Juan 6,41-52
Ambientación: Al centro: un pan grande, un cirio y la frase: Yo soy el Pan de la Vida
Cantos sugeridos: Yo soy el pan de vida; No podemos caminar

AMBIENTACIÓN:

Jesús se presenta a sí mismo como el pan vivo bajado del cielo, cuya fuerza de vida es capaz de dar vida eterna a quien lo acoge con fe y lo reconoce como enviado e Hijo de Dios.
En el desierto de nuestra vida, el Señor nos sigue dando el alimento que es su propio Hijo, el Pan bajado del cielo. En él encontramos la fuerza que necesitamos para vivir en el amor como Cristo y para llegar a nuestra meta sin desfallecer.

1. Oración inicial

Señor Jesús, Tú que te has dado a conocer
como el pan bajado del cielo,
como el pan vivo, como el pan de vida,
como Aquel que nos da vida eterna,
porque te das a ti mismo,
dándonos tu propia carne,
te pedimos que nos ayudes a comprender
la dimensión de tu entrega,
y del don que nos das en ti mismo,
al darnos la Eucaristía,
para que creamos incondicionalmente en ti,
y nunca murmuremos ni desconfiemos
de ti, ni de tus enseñanzas,
ni de tu manera de actuar
sabiendo que creer en ti,
es don y es gracia de tu Padre.
Regálanos un corazón dócil a tus enseñanzas
y sensibilidad a tu presencia en la Eucaristía,
para tener en ti y de ti, la vida y la gracia
que Tú nos das en tu Cuerpo y en tu Sangre. AMÉN.

I. LECTIO ¿Qué dice el texto? – Jn 6,41-52

Motivación: Con el signo de la multiplicación, Jesús ha revelado las entrañas de su ser y de su misión, pero muchos no han entendido su significado. San Juan desarrolla el tema del pan que da la vida y con el que Jesús se identifica. El pasaje que hoy leeremos profundiza en las relaciones del Hijo con el Padre y la necesidad de creer en Él. Escuchemos.

Forma de leerlo:
1.  Proclamar el texto en voz alta (todos de pie).
2. Cada uno puede leer en voz alta el versículo que más le llamó la atención (sentados).

Preguntas para la lectura:
·   ¿Por qué murmuraban los judíos contra Jesús? ¿Qué decían de Él?
·  ¿Quiénes van a Jesús?
·  ¿Qué dice Jesús sobre Él mismo? ¿Qué afirma sobre su relación con el Padre?
· ¿Quiénes tendrán vida eterna? ¿Quién es el único que puede dar vida eterna? 

Otros textos bíblicos para confrontar: Mt 13,54-57; Mc 6,1-6; Mt 16,17; Is 54,13. 
  

II. MEDITATIO ¿Qué me dice? ¿Qué nos dice el Texto?


Motivación: La fe, que es un don de Dios, es necesaria para poder aceptar que la salvación nos ha llegado con Jesús. Como dice el evangelio, hay que dejarse instruir por Dios. Por ello, además de la fe, que es don, es preciso nuestro esfuerzo y tarea de la meditación asidua y profunda de la Palabra. Ahora lo hacemos nosotros:
·  La gente “murmuraban”, desconfiaban de Jesús, ¿cuáles son las cosas que me hacen tambalear, eso que debilita mi fe, eso que me aparta del Señor o me hace desconfiar y dudar de Él?
·  “…yo soy el pan vivo bajado del cielo, el que coma de este pan, vivirá para siempre…” ¿Siento y vivo la Eucaristía como el momento más alto, el central, el fundamental y existencial de mi fe?, ¿de qué manera?
·  ¿Le doy espacio al Señor para que su presencia en mí, me transforme y me vivifique?
·  ¿Qué realidades de nuestro mundo están necesitando es “vida” que Jesús le ofrece?

Luego de un tiempo de meditación personal, compartimos con sencillez nuestra reflexión, lo que el texto ME dice a mi propia realidad y situación personal.

III. ORATIO ¿Qué le digo al Señor motivado por su Palabra?

Motivación: El Evangelio nos ha asegurado que “todos serán instruidos por Dios”. Y nosotros, en ambiente de oración, nos dejamos enseñar por él y nos ponemos a la escucha de su Palabra porque queremos aceptar con fe lo que es y lo que significa la persona de Jesús.

· Luego de un tiempo de oración personal, podemos compartir en voz alta nuestra oración, siempre dirigiéndonos a Dios mediante la alabanza, la acción de gracias o la súplica confiada.
· Se puede, también, recitar el salmo responsorial que corresponde a este domingo.


IV. CONTEMPLATIO ¿Qué me lleva a hacer el texto?
  
      
Motivación: Es ahora Santa Luisa de Marillac, la que nos habla de la grandeza de la Eucaristía:

“Pero la inmensidad de su amor hacia nosotros no se contentó con esto, sino que queriendo unir inseparablemente la naturaleza divina con la naturaleza humana, la llevó a cabo después de la Encarnación en la admirable invención del Santísimo Sacramento del Altar en el que habita continuamente la plenitud de la Divinidad en la segunda Persona de la Santísima Trinidad ... Tenemos motivos para creer que esa seguridad que Nuestro Señor nos dio de que estaría siempre con nosotros era su designio de santificar a las almas por esa presencia continua aunque invisible y la aplicación del mérito de sus acciones a las de sus creaturas: ya pidiendo perdón a su Padre para borrar nuestros crímenes opuestos a las virtudes que El practicó, ya para hacer gratas a Dios las acciones virtuosas que por gracia suya pueden hacer los hombres uniéndolas a sus méritos. Por esta vía es como me ha parecido que la humanidad santa de Nuestro Señor está continuamente presente para nosotros, es decir, santificando las almas por la aplicación de sus méritos; viene a ser como una atmósfera sin la cual el alma no tiene vida...” (E 67, p.772-773)
           
Compromiso:
· Durante la semana realizar alguna acción que sea fuente de vida para los demás.

Oración final

Señor Jesús, Tú el pan vivo bajado del cielo,
el que te das para darnos tu vida,
el que nos das vida eterna con tu vida,
danos la gracia de ser sensibles
a tu presencia viva en la Eucaristía,
para que descubramos que ahí estás Tú todo,
Tú en cuerpo y alma,
y que recibiéndote a ti
tenemos tu propia vida,
con lo que Tú nos vivificas y nos llenas de ti.
Ayúdanos Señor, a verte presente
en la Eucaristía y así ser
vivificados en ti,
con tu presencia viva y
transformadora.
Que así sea.



lunes, agosto 6

LECTIO DIVINA – DOMINGO 18º TO –Ciclo B PAN QUE DA LA VIDA AL MUNDO


Fuentes: “Tú tienes palabras de vida, Ciclo B”; obras completas de San Vicente de Paúl

LA PALABRA HOY: Éxodo 16,2-4.12-15; Salomo 77; Efesios 4,17.20-24; Juan 6,24-35
Ambientación: Al centro: un pan grande, un cirio y la frase: Señor, danos siempre de ese pan
Cantos sugeridos: Yo soy el pan de vida; Eucaristía

AMBIENTACIÓN:

Las personas humanas estamos buscando, incluso sin saberlo, respuestas a nuestra existencia, sentido a nuestras vidas. Las cosas, por muy importantes que sean, no nos dejan satisfechos.
Jesús es la respuesta, la solución definitiva; Él así lo afirma: “Yo soy el pan de vida”. Celebremos este encuentro con verdadera hambre y sed de encontrarnos con el Señor.

1. Oración inicial

Nuestros padres tomaron el maná en el desierto
pero nosotros te confesamos a ti, oh Cristo,
como el verdadero pan que baja del cielo.
Te confesamos y te elegimos sólo a ti,
como alimento verdadero,
capaz de saciar a fondo
nuestra hambre infinita de Dios.
Ten compasión de nosotros,
que nos acercamos a tu misterio:
y renuévanos según tu imagen,
oh Cristo, hombre nuevo,
en la justicia y en la santidad.
Y al recibirte en la Eucaristía
que nuestro corazón desborde de aquel fruto,
de aquel bien que acá nos regalas:
El amor que nos acerca a todos
y nos hace hermanos de todos
en la comunión de tu cuerpo y sangre. Amén.


I. LECTIO ¿Qué dice el texto? – Jn 6,24-35

Motivación: Jesús se va revelando progresivamente como el verdadero pan del cielo del que debe alimentarse el mundo entero. Dios ha preparado en Cristo, una manera especial de atender a las necesidades y proporcionar la vida al ser humano. Él nos nutre de su mismo amor y de su entrega. Escuchemos.

Forma de leerlo:
1.     Proclamar el texto en voz alta (todos de pie).
2.     Cada uno puede leer en voz alta el versículo que más le llamó la atención (sentados).

Preguntas para la lectura:
·         ¿Dónde se desarrolla la escena?
·         ¿Qué reclama Jesús a la gente que ha ido a buscarle?
·         La gente pregunta a Jesús qué hacer para actuar como Dios quiere. ¿Qué responde Jesús?
·         Ellos piden una señal. ¿Cómo se revela Jesús? ¿De qué manera se da a conocer?
·         ¿Qué certeza da Jesús a los que confíen plenamente en él?

Otros textos bíblicos para confrontar: Sal 78,34; Mt 16,1-4; Lc 11,29-32; Mc 10,17


II. MEDITATIO  ¿Qué me dice? ¿Qué nos dice el Texto?

Motivación: Como la gente que sigue al Señor, estamos invitados a entrar en diálogo con él, a plantearle nuestras dudas y nuestras esperanzas con respecto a Dios. Él nos pedirá que tengamos fe y que nos dejemos llevar de esa confianza. Animados por estos sentimientos, reflexionamos:
                             
· Dios espera que creamos en aquel que Él ha enviado. ¿Qué lugar ocupa la fe en mi vida? ¿Me compromete totalmente o solo me “sirve” en momentos de dificultad?
· Esfuércense por conseguir el alimento que da la vida eterna. ¿Es la Palabra de Dios mi pan cotidiano? ¿Alimenta mi experiencia de fe?
·  ¿Qué debemos hacer para actuar como Dios quiere?
·  ¿Creo y confío en Jesús que hoy a mí se me revela como Pan de vida para nunca más tenga hambre ni sed?

Luego de un tiempo de meditación personal, compartimos con sencillez nuestra reflexión, lo que el texto ME dice a mi propia realidad y situación personal.


III. ORATIO ¿Qué le digo al Señor motivado por su Palabra?

Motivación: La Palabra de Dios, encarnada en Jesucristo, es un alimento que da la vida eterna. Inspirándonos en ella expresamos en forma de oración lo que hemos compartido durante este encuentro.

· Luego de un tiempo de oración personal, podemos compartir en voz alta nuestra oración, siempre dirigiéndonos a Dios mediante la alabanza, la acción de gracias o la súplica confiada.
· Se puede, también, recitar el salmo responsorial que corresponde a este domingo.

IV. CONTEMPLATIO ¿Qué me lleva a hacer el texto?

Motivación: Algunos pensamientos y convicciones de san Vicente sobre la Eucaristía:

«Pues bien, como el Hijo de Dios, que en la santa Eucaristía se da a sí mismo, lo deseó con un deseo tan ardiente, ¿no es justo que el alma que desee recibir este soberano bien, lo desee con todo corazón?» (IX, 312)
«... un medio para adquirir y acrecentar también el amor a Dios es la recepción de los santos sacramentos, especialmente de la santa eucaristía. Es imposible que nos acerquemos al fuego sin quemarnos, con tal que lo hagamos con las disposiciones requeridas, esto es, con el deseo de entregarnos enteramente a Dios y de pedirle ardientemente su amor.» (IX, 430)

«...la eucaristía era el pan cotidiano que nuestro Señor quiso que se le pidiese y que los primeros cristianos tenían costumbre de comulgar todos los días...» (XI, 73)

Compromiso: Viendo que Jesús es el Pan de Vida, ¿qué voy a hacer para que mi participación en la Eucaristía sea más vivencial y comprometida?

Oración final

Señor Jesús, Tú que nos invitas
a no quedarnos solo en las cosas superficiales,
en las cosas pasajeras, en aquello que hoy está
y mañana pasa,
para colocarnos en la perspectiva de la vida eterna,
haciéndonos ver la necesidad de buscar en ti
el alimento que perdura y permanece
para la vida eterna,
es que te pedimos que nos sensibilices
a tu Palabra, a tu acción en nosotros
para que así te busquemos
y así encontremos en ti
la razón y el fundamento de todo lo que somos,
buscando adherirnos a ti
para vivir desde ya en unión y comunión contigo
siendo Tú la razón de todo lo que somos y hacemos.
Ayúdanos Señor a dejarnos transformar por ti
para que Tú nos unas siempre más a ti.
Que así sea.


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